5 julio, 2013

El Prado retrata la amistad de Mengs y Azara, dos ilustrados enamorados del arte

José Nicolás de Azara

José Nicolás de Azara no sale en los libros de texto y, sin embargo, su historia es tan relevante como la de Gaspar Melchor de Jovellanos. Ambos son políticos ilustrados, y sus retratos conviven desde ayer, pared con pared, en el Museo del Prado.

Recién adquirido por la pinacoteca, el «Retrato de José Nicolás de Azara», del pintor neoclásico Anton Raphael Mengs (Bohemia, 1728 – Roma, 1779), presidirá la exposición «Mengs y Azara. El retrato de una amistad», una muestra que incluye pinturas, esculturas, grabados, monedas y libros del artista que se podrán visitar en la sala 38 del edificio Villanueva hasta el 13 de octubre.

Pintado en 1774, cuando Mengs conoció a Azara en Florencia, el lienzo recién adquirido por El Prado evoca la amistad del artista bohemio y el ilustrado español, que acabó siendo el difusor más fiel de su obra.

En un «estado de conservación exquisito», según explicó ayer Gudrum Maurer, conservadora del Departamento de Pintura Española del siglo XVIII, el cuadro muestra la «ligera sonrisa» que esboza Azara en el momento del retrato, cuando tenía 43 años. Un reflejo del «clasicismo más puro de Mengs» y de la «afinidad intelectual» con el pintor, según Maurer.

La obra destaca también por la «esencia y claridad de su composición», así como un «colorido homogéneo que refleja influencias de Velázquez». Pero la verdadera inspiración del artista proviene, según la conservadora alemana, de Rafael.
Empleador de Goya

Considerado un exponente del Neoclasicismo, Mengs comenzó su carrera a los 23 años como primer pintor de cámara en la corte de Dresde. Diez años más tarde cambió la corte alemana por la española, pues el rey Carlos III le requirió para dirigir la decoración del Palacio Real. Su presencia en Madrid sirvió, entre otras cosas, para promocionar a pintores como Goya, al que le facilitó su primer empleo.

Los años siguientes Azara aprovechó su estancia diplomática en Roma para iniciarse como coleccionista de arte. De los 15 retratos escultóricos sobre personajes de la Grecia clásica hallados en una villa romana de Tívoli en 1779, en la exposición se pueden visitar los de los poetas Homero y Meandro, y el del político Milcíades, entre otros.

Las facetas política y artística de Azara confluyen por completo con el estallido de la Revolución Francesa en 1789, cuando el papa Pío VI le ruega que medie con Napoleón, su gran amigo, para «salvar Roma de las tropas francesas».

La invasión fue inevitable, y le costó el envío a París de «las estatuas más famosas de los museos vaticanos», como explicó el comisario alemán Stephan Schröeder, jefe del departamento de Escultura Clásica y del Renacimiento. Sin embargo, la amistad con el general francés —documentada en la muestra por una medalla conmemorativa del tratado de Paz de Amiens, que firmó Azara en 1802 en nombre de Carlos III—, le valió su deseado retiro en París.

Por Elena Jorreto en ABC.