18 septiembre, 2013

El Parnaso soñado por Felipe II renace en el Palacio Real de Madrid

Una exposición reúne 155 piezas que el Rey atesoraba en el Monasterio de El Escorial: más de la mitad permanecen ocultas habitualmente para el público. Doña Sofía la inauguró anoche

Fue una de las más ambiciosas empresas culturales y religiosas emprendidas en el Renacimiento europeo. El gran sueño de Felipe II tomó forma en poco más de dos décadas. Hace 450 años se ponía la primera piedra del Monasterio de El Escorial, un edificio donde rigen la reina--644x362solemnidad, el orden y la elegancia. Efeméride que se conmemora en otra de las joyas de Patrimonio Nacional, el Palacio Real de Madrid, con una estupenda exposición que reúne, hasta el 12 de enero de 2014, muchas de las joyas con las que el Rey Prudente adornó la que en su día fue considerada la octava maravilla del mundo.

La muestra, patrocinada por la Fundación Banco Santander, ha sido concebida por su comisario, Fernando Checa, exdirector del Prado, como un doble proyecto. Por un lado, científico. Se publican ahora por primera vez los «Libros de entregas de Felipe II a El Escorial»: se trata de las actas notariales que certifican la entrega al monasterio de todos los objetos que donó el Rey. Se han realizado estudios de muchos de ellos a cargo de destacados especialistas, habrá una jornada académica dedicada al último Tiziano… Pero también se ha llevado a cabo un importante proyecto expositivo y museográfico: 155 de las piezas que formaron parte de la colección de El Escorial (más de la mitad están ocultas habitualmente para el público) ven la luz en esta muestra.

Es ésta una exposición de nombres propios. El primero, cómo no, Felipe II, ideólogo y fundador del Monasterio de El Escorial. Le vemos, en la primera sala, joven y arrogante, retratado por Antonio Moro, con la armadura triunfal que lució en la batalla de San Quintín. Más adelante, ya viejo y cansado, posa para Pantoja de la Cruz. Han pasado 34 años. No faltan guiños familiares, como la espectacular «Genealogía de la Casa de los Austrias»: un pergamino miniado de tres metros de longitud, préstamo de la Biblioteca Nacional.

Archivo de la Contrarreforma

También se rinde tributo en la muestra a los dos arquitectos que levantaron este impresionante edificio: Juan Bautista de Toledo, primero, y Juan de Herrera, después. Preciosas, las estampas de Pedro Perret siguiendo los dibujos de Herrera. El segundo núcleo expositivo lo conforma el archivo de la Contrarreforma en que se convirtió este monasterio jerónimo: Felipe II respondió a la reforma protestante coleccionando relicarios, imágenes de santos y devocionales, libros miniados, cantorales…

Hay expuestas piezas excepcionales. Es el caso de la Arqueta de Isabel Clara Eugenia, los tres ejemplares del «Passionarium» –libro de cánticos de Semana Santa con magníficas miniaturas–, el «Terno de las Calaveras», utilizado en las ceremonias fúnebres de las reinas; y algunas de las pinturas devocionales, de pequeño formato, de Felipe II.

Tiziano y compañía

El tercer y último capítulo de la exposición está reservado al Parnaso artístico que logró reunir el Monarca en El Escorial. Los mejores artistas de la época acudieron a la llamada de Felipe II. A la cabeza, Tiziano, al que el Rey conoció en Milán en 1548. Desde entonces, y hasta la muerte del pintor en 1576, trabajó para él. No sólo en El Escorial, también en El Pardo y el Alcázar. No es de extrañar, pues, que se dedique una sala al maestro, con ocho de sus mejores pinturas tardías. Por primera vez desde el siglo XIX vuelve a reunirse un tríptico que colgaba en la Iglesia Vieja de El Escorial: en el centro, el impresionante «Martirio de San Lorenzo», flanqueado por «El entierro de Cristo» y «La adoración de los Reyes». El Bosco, Patinir o Coxcie son otros de los pintores favoritos de Felipe II. De todos ellos cuelgan excepcionales obras.

Muchas pinturas salieron de El Escorial e incluso de España: guerras, invasiones, expolios… Algunas nunca volvieron. Regresan, temporalmente, cuadros que en su día colgaban en el monasterio, como «El tributo de la moneda», de Tiziano, cedido por la National Gallery de Londres; o «Abraham y los tres ángeles», de Navarrete el Mudo, préstamo de la National Gallery de Irlanda, en Dublín. Arte, poder y religión. Maravillas de un monasterio que deslumbran en palacio.

Respaldo de la Corona a esta «magna exposición»

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS

Con una visita de hora y media de duración, Su Majestad la Reina inauguró ayer la exposición «De El Bosco a Tiziano. Arte y maravilla en El Escorial». Más delgada tras el verano y vestida con un traje de chaqueta en blanco y negro, Doña Sofía estuvo contemplando las 155 obras reunidas en el Palacio Real, mientras seguía las explicaciones del comisario de la exposición, Fernando Checa Cremades, aunque después habló con casi todos los que la acompañaban en la visita, entre ellos, el presidente de Patrimonio Nacional, José Rodríguez-Spiteri; el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha; el presidente del Patronato del Museo del Prado, José Pedro Pérez-Llorca; el presidente de la Fundación Banco Santander, Antonio Escámez; el prior del Monasterio, padre Francisco de Andrés; y el alcalde de San Lorenzo de El Escorial, José Fernández-Quejo.

Como ministra de jornada, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que también es ministra de Presidencia, departamento del cual depende Patrimonio Nacional. Con una actualidad política tan complicada, la vicepresidenta parecía disfrutar del efecto balsámico y oxigenante del arte. Con su presencia, la Reina reafirmaba el respaldo del Alto Patronazgo de la Corona a esta exposición ya expresado por el Rey en el catálogo de la muestra.

Como afirma Don Juan Carlos, el Monasterio de El Escorial fue «el mejor conjunto de arte de la España del Renacimiento con el que sólo podía competir el Vaticano de los Papas del siglo XVI». Por lo tanto, «resulta especialmente apropiado que Patrimonio Nacional, custodio de las colecciones, palacios y monasterios reales, conmemore el 450 aniversario de la colocación de la primera piedra del monasterio con la organización de esta magna exposición en el Palacio Real».