20 marzo, 2013

El Museo del Prado propone un mapa del dibujo español

'La expugnación de Rheinfelden'. Vicente Carducho. Pluma y tinta parda, aguadas de tintas azulada y parda, sobre lápiz negro (1634)

Durante mucho tiempo ha sobrevivido la tesis de que los artistas españoles del Renacimiento y comienzos de la Edad Moderna no dibujaban. Se creía que la costumbre general consistía en ejecutar directamente sus pinturas y que el carácter emocional hacía que primara la inmediatez sobre el detalle. Lo cierto es que, a diferencia de las escuelas alemanas e italianas, en España se han conservado pocos dibujos; pero no porque los españoles no fueran amantes del detalle y de esa exquisitez artística que es el dibujo, para muchos la esencia del Arte. El problema era, ya entonces, que el género no interesaba a los coleccionistas españoles y que los propios autores no lo valoraran más que como meros recuerdos.

Lo cierto es que aunque se conserven pocas pruebas, los artistas sí dibujaban. Lo hacían a modo de apunte, como trabajo preparatorio o como estudio de detalle. Lo mismo que sus colegas europeos. Así se demuestra en la exposición que hoy se ha presentado en el Museo del Prado bajo el título El trazo español en el British Museum, una relevante selección de 71 obras que por primera vez se pueden ver en España y que viene a completar el conocimiento que se tiene de artistas como Goya, Murillo, Velázquez (una atribución), Vicente Carducho, Francisco Rizi, Alfonso Berruguete o Francisco Pacheco. Comisariada por Mark McDonald, conservador del Gabinete de Dibujos del British y coordinada por José Manuel Matilla, responsable del departamento de Dibujos y Estampas del Prado. La exposición, patrocinada por la Asociación de Amigos del Museo, ofrece una compleja cartografía de la historia del dibujo español.

Miguel Zugaza, director del Prado, considera que por vez primera nos podemos aproximar a la definición de lo que ha sido el trazo en el dibujo español. “Esta exposición desmiente la tendencia generalizada al naturalismo sin el paso previo por el diseño. El catálogo es un trabajo de investigación definitivo y un homenaje al coleccionismo inglés, gracias al cual podemos ver ahora todas estas obras”.

La más que notable colección de dibujos del British cuenta con más de 250 obras de artistas españoles. Ya en 1846, el Británico se hace con una importante tanda de piezas en la subasta del vizconde de Castel Ruiz. Por otro lado, el coleccionista John Charles Robinson acumuló una importante colección durante sus numerosos viajes por España. El diplomático y coleccionista los vendió después a un millonario escocés y finalmente fueron adquiridos por el Museo Británico.

De los tesoros y lecciones incluidos en la colección habla Matilla. Cuenta que los artistas italianos que vinieron al Escorial para decorar los frescos y las casullas difundieron una forma de trabajar que fue asimilada por los artistas nacionales. Felipe II era siempre partidario de que todos los artistas le presentan el diseño del proyecto para tener controlado el resultado final y para evitar lo que ahora llamaríamos derramas presupuestarias. De manera que italianos, flamencos y españoles realizaron dibujos previos de sus posteriores obras.

Pero no hubo una manera única de ejecutar el trazo. El mapa de esta peculiar historia del dibujo así lo demuestra y el montaje divide la exposición en seis áreas bien definidas: Castilla (1550-1600), Madrid (1600-1700), Andalucía (1550-1700), Valencia (1500-1700), Siglo XVIII y Goya (1746-1828).

El recorrido empieza con trabajos de algunos de los artistas extranjeros que trabajaron para la decoración de El Escorial, como Pellegrino Tibaldi del que se expone el estudio para la decoración de la Biblioteca del monasterio, una de las obras cumbre del siglo XVI. Las telas del manto de una virgen dibujada por Alonso Berruguete dan idea de la huella que los extranjeros estaban dejando en los españoles.

La ciudad de Madrid, espejo del arte cortesano, cuenta con maestros que viven de muy niños las aportaciones de los italianos. Juan Carreño de Miranda, Francisco Camilo o Francisco de Herrera son algunos de los que se adelantan en la combinación de técnicas dibujísticas y papeles de gran tamaño que luego darán paso a proyectos de escenarios teatrales o proyectos arquitectónicos.

Uno de los dibujos más sorprendentes de la zona es El enano Miguelito, realizado por Francisco Rizi. Se trata de una de las decenas de figuras que forman parte del cuadro titulado Auto de fé en la plaza Mayor el 30 de junio de 1680, en el que se da cuenta de los cinco días durante los que el Tribunal de la Inquisición juzgó y condenó a decenas de personas.

El dibujo, como algunos otros, va acompañado de una cartela en la que se hace referencia a la pintura y a su ubicación dentro del museo, de manera que la exposición puede tener una continuidad por las diferentes salas del edificio.

Andalucía, principal centro comercial del imperio desde comienzos del XVI, tuvo tres sedes artísticas: Sevilla, Granada y Córdoba, tres sedes donde los encargos que recibían los artistas procedían de la Iglesia y de particulares. La cabeza de monje, atribuida a Francisco de Zurbarán, es una de las obras más deslumbrantes de un espacio en el que ocupan un lugar especial seis dibujos realizados por Murillo. En su calidad de haberse formado en la escuela sevillana, se incluyen aquí también obras de Francisco Pacheco, Antonio del Castillo y Velázquez, si bien, el autor de Las Meninas, ha sido incluido con un triple estudio de un caballo que se atribuye sin que conste su autoría definitiva. “Se cree que se conservan menos de cinco dibujos de Velázquez,” asegura el coordinador de la exposición. “No sabemos bien las causas. Se perdieron, no los guardaron….Lo cierto es que apenas existen”.

El dibujo en Valencia incluye los trabajos napolitanos de Ribera, uno de los artistas que se entregó al dibujo como una actividad independiente de su pintura. Como característica de la región, se muestran trabajos en los que se hace un alarde del dominio de la aguada realizados por Francisco Ribalta o Pedro de Orrente.

El siglo XVIII se adentra en maestros como Luis Paret y su Baile de máscaras en el Teatro del Príncipe o José Camarón y su Mujer oriental bajo un toldo, pero, inevitablemente, el protagonismo lo alcanza Francisco de Goya con toda una sala en la que demuestra el poderío que le convirtió en un referente mundial en la historia del arte. El dibujo preparatorio para la estampa de El agarrotado, una imagen alusiva a los abusos del poder judicial, o Locos, una de sus últimas obras firmadas en Burdeos, son dos piezas que por si solas justificarían la visita a esta exposición.

Por Ángeles García de El País.