13 septiembre, 2010

El grito

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Laura Pais Belín

Localización: Fundación Caixa Galicia.
Autor: Antonio Saura.
Cronología: 1959
Técnica: Óleo sobre tela.

imagen_Joya_12A lo largo de la historia del arte español del siglo XX será la década de los años 50  donde nos encontremos ante una auténtica renovación artística, un momento clave en el que habrá una ruptura en lo plástico y un claro intento de difusión internacional de nuestro arte. Toda una transformación que llegaría de la mano del arte abstracto y sus diferentes manifestaciones.

El cambio artístico se estaba gestando desde los años 40, pero serán los años 50 el momento crucial para el despertar del arte español. Todo ello resultó posible gracias al fin del aislamiento diplomático de España. Con la apertura de fronteras llegó poco a poco la apertura cultural.

Estamos ante una etapa convulsa llena de complejos procesos y cambios, en la que nada ocurría de repente y por casualidad. España se encontraba en un contexto de recuperación de la Guerra Civil, un país diezmado por la muerte y el exilio, un país que intentaba asomarse con ilusión al progreso económico desde la crítica situación de la posguerra. Y será esta cruda realidad la que se convierta en el origen de muchas de las preocupaciones de los artistas contemporáneos españoles.

Es en este complicado contexto cuando toda una serie de artistas decidieron comenzar una revolución artística en nuestro país, quisieron de forma rotunda abandonar el pasado para asumir el presente y acercarse a lo que se estaba haciendo y cambiando fuera de nuestras fronteras.

Una renovación que llegó de la mano de artistas que trabajaban de forma individual, pero también de toda una serie de grupos emblemáticos, entre los que destacaba El Paso.

Fundado en el año 1957 por  Antonio Saura,  Manolo Millares, Canogar, Manuel Rivera, Pablo Serrano. Juan Francés, Luis Feito y Antonio Suárez, irrumpe en la escena artística a la manera vanguardista, con su propio manifiesto que será una clara declaración de principios e intereses. Su objetivo era sacar al país de la desidia artística  en la que estaba inmerso e intentar revitalizar el arte contemporáneo español, creando todo un mercado artístico, que no existía, y transformar un mundo plástico que atravesaba una aguda crisis.

Sin unas orientaciones plásticas definidas todos terminarían dentro de la tendencia informalista, pero con un gran personalismo y calidad. Con ello consiguieron crear una plástica coherente que se hizo muy conocida en el resto de Europa y América. Ya que El Paso tenía un marcado acento español, lleno de expresividad, dramatismo y cromatismo austero, que permitía una lectura al mismo tiempo tradicional y original, una lectura que sedujo muy pronto a la crítica europea y norteamericana. Aunque la vida del grupo sería breve, sólo de tres años, su actividad sería muy productiva.

Uno de los fundadores y una de las figuras claves del grupo sería Antonio Saura,  que muy pronto se convertiría en uno de los pintores más destacados del panorama artístico español de la segunda mitad del siglo XX.

Antonio Saura nació en Huesca, pero será en Barcelona siendo un niño donde sufriría la cruda experiencia de la guerra civil. Su adolescencia estaría marcada por una larga enfermedad y durante su lenta convalecencia comenzaría a pintar.

De formación autodidacta sus primeras obras arrancan de un surrealismo de clara vertiente onírica. Siguiendo las claves del surrealismo se instalaría en Paris en el año 1952 pero allí se encontró con las nuevas tendencias artísticas, el informalismo francés y el expresionismo abstracto americano, atraído por estas novedosas prácticas comenzó un nuevo camino artístico que ya no abandonaría. Dejando atrás el surrealismo Saura volvería a España con un arte renovado y dispuesto a reanimar el panorama artístico español. Desde este momento su arte seguiría los caminos de la pintura informalista gestual, una forma de pintar marcada por el gesto automático y espontáneo. Una pintura donde se valora el trazo como expresión de la vitalidad pura, pero un trazo que al mismo tiempo puede ser forma y contenido.

Su forma de pintar puede parecerse a un ritual cargado de violencia y destrucción, una acción determinada por la pasión y el deseo de libertad del artista. Su paleta de colores sombría. Y una influencia clara la de la tradición española, dramática y pesimista, un claro referente en su obra será la figura de  Francisco de Goya.

Pero quizá una de sus características principales en toda su trayectoria es que Saura nunca abandonará por completo la figuración, para él es imprescindible para poder mantenerse dentro del caos plástico en el que se ha convertido la obra. Como podemos apreciar claramente en la tela de “El Grito”.

El Grito pertenece a una serie comenzada y terminada en Madrid en el año 1959. A lo largo de su trayectoria artística Saura solía trabajar en series. Esta pieza forma parte de una serie compuesta por una veintena de obras. Todas ellas tienen en común que son obras de gran formato en composición vertical. Se sabe que el  propio artista poco después de crearla, destruiría la mitad de ellas y enumeraría las restantes.

En cuanto al proceso creativo o su manera de trabajar  se suele afirmar que Saura aborda el cuadro a través de un gesto rápido y libre, una libertad creadora  que llena de fuerza expresiva todas sus obras. Aunque en la genialidad de este artista  también podemos destacar el proceso preparatorio para crear sus obras. Ya que antes de abordar la tela, configura toda una serie bocetos, así en papeles de pequeño formato crea el sujeto de la obra a través del lápiz y utilizando la técnica de la tinta china o gouche completa el dibujo. Por lo que podríamos garantizar que debido al trabajo llevado a cabo, ya no podemos hablar de bocetos sino de auténticos trabajos que deben de ser considerados obras en si mismos, quizá por ello están fechados y firmados.

La obra de El Grito, como todas las pertenecientes a la serie está creada a través de un fondo blanco, neutro y con una paleta de colores restringida, formada por el negro, el blanco y el uso limitado del gris. Aborda toda la obra a partir de este espacio, en el que el personaje parece colgado en el espacio y sale hacia el exterior haciendo mucho más evidente su gesto de dolor. Resolviendo la composición a través de brochazos rápidos y libres,  de un trazo violento y expresivo, en el que en algunas zonas destaca el gesto empastado del óleo y en otras el goteo por el lienzo de la propia materia.

En la representación del cuerpo se limita a mostrar las alusiones más elementales, casi abstractas de la figura, organizadas de tal forma que consigue poner en tensión la imagen representada. Una tensión que con la fuerza expresiva del artista se acerca de forma directa al espectador al que conmueve y no deja indiferente.

En su composición formal el cuerpo humano se articula sobre los dos ejes de diagonales de la tela. Simplifica y reduce la figura a su expresión más sencilla y más rotunda.

Se advierte una figura humana con las piernas abiertas y los brazos levantados, cuya cabeza se ha convertido en unas fauces que lanzan un grito. Un grito que traspasa y descompone la figura llegando hasta el espectador.

Perteneciente a la época del Paso, la obra está cargada de denuncia y reivindicación social, que intenta plasmar la situación por la que pasaba España. La figura del cuadro emana un grito de rabia, de denuncia, de desesperación, de impotencia ante los acontecimientos vividos. El Grito se convirtió en un claro referente en la trayectoria de una artista que se caracterizaba por ser figurativo pero con un claro conflicto con la forma. Sus cuadros son expresivos y dan la impresión de ser obsesivos en su franqueza pictórica. Es un conflicto con un mundo lleno de contradicciones y falto de seguridad, en el que impera el pesimismo.

Antonio Saura se convirtió en uno de los grandes representantes de una época, la de la España de los años 50, supo utilizar el lenguaje expresionista para crear su propio estilo y para traducir en su obra la situación social y política que le tocó vivir, pero dentro de una ambigüedad que le permitía absoluta libertad.