4 marzo, 2015

El experto independiente


Por JOSÉ MANUEL LLUENT

La palabra independiente está formada con raíces latinas. Sus componentes léxicos son: el prefijo in- (negación), dependere (colgar de arriba, estar bajo de la voluntad de otro), más el sufijo -nte (agente), según el diccionario de la RAE lo define como:

– Que no tiene dependencia, que no depende de otro.
– Dicho de una persona: Que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena

Deja claro cuál es la misión y objetivo del independiente, una vez definido nos vamos a centrar en la independencia del trabajo del experto en arte y su imparcialidad, profesión que tiene una larga trayectoria en países como Francia, Inglaterra, Alemania y ahora también España.

El arte (que a la postre se transforma en Patrimonio), como tal se entiende, es uno de los dones más preciados para la humanidad, gracias a él se conocen hechos, acontecimientos, historias, leyendas etc. que nos dan la oportunidad de admirar, entender y comprender parte de nuestra historia, nos da a conocer si nos adentramos en una obra, muchas e interesantes lecturas de la misma, hechos y eventos que son reflejo de la época en que se efectuó, importantes escenas que en su tiempo eran significativas para dar a conocer acontecimientos históricos, bíblicos o mitológicos, contemplando sus contextos sociales, religiosos y algunas incluso nos permiten conocer al donante de la obra, que comparte una adoración, admiración e incluso participando en la obra e integrándose en la misma llegando a formar parte de ésta.

Es verdad que no siempre sabemos captar esa esencia y sentimiento que en ocasiones tenía el compromiso de reflejar el autor en la obra, y que dicha obligación le influía en el proceso evolutivo de su carrera, sin olvidar además la influencia de su entorno el cual le acondicionaba a su creatividad.

Con este pequeño resumen, creo que conseguimos conocer los aspectos en que nos podemos encontrar a la hora de valorar el Patrimonio, no hay duda de que influyen muchos matices, y según la característica que tiene una obra, la misma puede alcanzar valores impensables, a veces aun más según los intereses que se crean con la expectativa de revalorización de ésta por el solo hecho de tener un beneficio personal, esto queda reflejado en el artículo “El Thyssen revaloriza cuatro cuadros de Tita con una exposición dedicada a “un olvidado”. El director Guillermo Solana aclara que “al museo le interesa la rehabilitación de Dufy porque en la colección de la baronesa hay cuatro obras de él””, publicado en el periódico El Confidencial del día 16 de febrero de 2015 sobre unas obras que se exponen, con la certeza de que se reafirme el autor y así su valoración, cuando hacía tiempo que el artista estaba dormido en unos éxitos del pasado. Entonces nos preguntamos si antes de este movimiento (exposición) hubiese que hacer una valoración, ¿cómo se efectuaría?, y posteriormente después de la muestra ¿en qué valor se incrementaría?

Considero que ante una situación de estas características todo experto que asume la valoración, tiene que estar exento de cualquier acondicionamiento para el interés, por lo que tiene que mantener una imparcialidad exhaustiva.

Nos tenemos que preguntar, que imparcialidad puede tener un profesional si el resultado del mismo puede afectarle en su beneficio, como puede mantener la imparcialidad si está obligado o acondicionado a su entorno o trabajo. Lo más importante es que una valoración no esté acondicionada, ha de ser justa y ecuánime y que la misma sirva de respuesta a su necesidad y objetivo y sobre todo nunca confundir el valor con el precio.

Es muy cierto decir que la independencia conlleva a unas obligaciones y a trabajar con respecto a un código deontológico que permita estar dentro de unas normas éticas y morales, (contemplando posibles fallos que como humanos podemos cometer), pero nunca estar dentro de un sistema que permita entrar en confusión y dudas y no mantenga ecuanimidad en su resultado.

Es imprescindible y obligado que un experto que valora un cuadro, no puede ser el experto asesor que procede a la transacción comercial y además realizar el certificado de autenticidad, no porque no pueda, sino porque crearía un sin fin de dudas sobre su proceder en la valoración, también hemos de dejar a cada profesional su parcela y como bien dice el refrán, no hacer de “Juan palomo, yo me lo guiso yo me lo como”.

Hemos de procurar que no haya intereses que lleven a beneficios sustanciosos, y menos en esta época en la que parece que cualquier oportunidad que llega es buena para aprovecharla en beneficio de uno o de unos pocos, esto también sucede en el mercado del arte que es testimonio de obras que han alcanzado precios elevados por una firma y que cuando ha querido revenderla el adquiridor, no ha alcanzado la cantidad pagada, y si además posteriormente ha necesitado del experto verá que la valoración de dicha obra de arte no llega a su precio de adquisición. Lamentablemente el poseedor de tal obra se sentirá defraudado y posiblemente no entienda qué el precio que él ha pagado por la obra no sea el valor de la misma.

Valga como ejemplo el caso de un coleccionista que requería una valoración para asegurar su colección, al efectuar la misma, constatamos el elevado precio de algunas de las obras adquiridas, se acordó con el coleccionista, dada la confianza que éste tenía con su proveedor, que le devolviera las obras con la excusa de cambiarlas por otras, cosa habitual en coleccionistas que reorganizan su colección, adaptándola a un estilo, autor, temática, época, escuela, etc. siendo ésta la excusa que le dió a su proveedor, e indicándole el pago de la diferencia (si fuese necesaria), entre las que devolvía y las que adquiría, cuál sería su sorpresa cuando el mismo proveedor las tasó por un importe mucho más bajo, indicándole que este importe era considerado el valor de la obra.

Muchos serían los ejemplos que nos permitirían afianzar las dudas que conlleva el hecho de contratar los servicios de un experto que no sea independiente, y que por algún motivo no llegue a la imparcialidad, no solo a la hora de hacer una valoración, sino incluso la de emitir un informe o documentar una obra.

El experto independiente ha de ser conocedor de sus limitaciones y en ninguna circunstancia debe abandonar el caso, sino que tiene la obligación de recurrir a colegas acreditados para dar una solución puntual que incluirá en su informe, Aunque en este artículo parece que sólo se centre en el experto de arte que realiza valoraciones, la profesión de experto se efectúa en otras parcelas muy importantes y que ser independiente da más confianza a las personas que les encomiendan su trabajo.

Resumiendo, cuando se confía en un experto, él mismo ha de velar por las obras que le han confiado, sean para valorar, certificar, documentar, investigar e incluso proteger.