14 noviembre, 2014

El escándalo blinda al Museo Reina Sofía

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“Queríamos abofetearle y darle de puñetazos. Mofarnos de él de una vez por todas”. “Queremos pegarle unas hostias artísticamente”. La cabeza de Franco está clavada en una barra de hierro, ha sido transformada en un punching ball a la espera de que alguien se acerque y desate su rabia contra el rostro del dictador. La exposición organizada por el colectivo Artistas Antifascistas, en julio de 2013, proclama un ajuste de cuentas artísticas con el caudillo. Las exclamaciones que acompañaban a la pieza de Eugenio Merino desataron de nuevo la ira de la Fundación Francisco Franco, que ya habían puesto una demanda al artista por la polémica pieza Always Franco (la famosa nevera con dictador de Arco 2012).

En una sociedad democrática, la jurisprudencia refuerza el derecho del artista: a más relevancia social, más libertad de expresión

Las dos demandas han caído en saco roto, aunque la última ha sido recurrida por la citada fundación. Susana Plazo, del despacho PHP abogados, defendió la causa de Merino y asegura que la relevancia social del franquismo es tan grande que lo convierte en asunto de interés general, lo mismo que la Iglesia, por eso: “A más relevancia social, más libertad de expresión”.

Según las dos sentencias de los juzgados de primera instancia de Madrid despejan las dudas sobre la libertad de expresión de los artistas y sobre la querella que la Asociación de Abogados Cristianos han presentado contra Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, como responsable de los contenidos expuestos en el museo. Le acusan de permitir la exposición de “mensajes que incitan a la quema de iglesias, obras que hacen escarnio de las oraciones cristianas y frases que injurian al Papa Francisco y a los santos de la Iglesia pueden ser conductas delictivas tipificadas en los artículos 208, 510 y 525 del Código Penal”.

Una parte de la exposición de los trabajos de ‘Mujeres Públicas’. (Foto: PABLO LÓPEZ)Una parte de la exposición de los trabajos de ‘Mujeres Públicas’. (Foto: PABLO LÓPEZ)Pero la jurisprudencia admite que “en una sociedad democrática, se refuerce la prevalencia de la libertad de expresión”, explica la abogada en la contestación a la demanda de la Fundación. En ese sentido, el “¡Contribuya!” (“La única iglesia que ilumina es la que arde”) que se incluye en las cajas de cerillas del colectivo Mujeres Públicas, que han incendiado esta semana la nave del arte contemporáneo, se asemeja al lema: “Queríamos abofetearle y darle de puñetazos. Mofarnos de él de una vez por todas”, incluido en aquella muestra colectiva de Artistas Antifascistas.

Vivir en libertad

El Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Granada, José María Porras, explica a este periódico que la producción intelectual, ya sea en literatura, arte, ciencia o técnica merecen de protección y tutela en una sociedad democrática y, por ello, “pluralista, en la que conviven perspectivas distintas”. “Sin su garantía difícilmente podríamos vivir en libertad”, añade.

El Catedrático de Derecho Constitucional, José María Porras, Borja-Villel ha hecho ‘muy bien en no plegarse a las críticas, retirando las obras polémicas’

“No creo que, en un caso como el presente, ningún derecho (ni mucho menos la libertad religiosa, es decir, el derecho a creer o a no creer y obrar en consecuencia), se vean vulnerados por estas expresiones, ciertamente provocativas, del arte, que debemos aceptar, nos gusten o no. Por eso, el Sr. Borja-Villel hace muy bien en no plegarse a las críticas, retirando las obras polémicas. Está en su derecho. Palabra de católico”, explica Porras.

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Somos tan libres para crear como para criticar. “Establecer un canon de lo que debe publicarse o exhibirse es muy peligroso. Sería volver a los tiempos de la censura previa o remitirnos a sociedades o culturas intolerantes que todos tenemos en mente”. Pero advierte que hasta los derechos fundamentales tienen límites, en este caso, los que establece la Constitución, es decir, la protección de los derechos de los demás y, muy especialmente, el honor, la intimidad, la propia imagen, la juventud y la infancia (artículo 20.4).

Apoyo incondicional al director

Los demandantes ofendidos suelen sentirse heridos por la literalidad de la obra criticada. Susana Plazo explica que en el caso del punching ball de Merino, los franquistas no entendieron que la pieza era una interpretación de la realidad. Así lo consideró la jueza. Y a pesar de ello, de las sentencias que se acumulen a favor del arte, será un debate que no morirá nunca, porque “arte correcto” es una expresión tan incompatible como “música militar”, “periodismo cultural” o “mecenazgo español”.

De hecho, el arte que busca la reacción del espectador, el que genera polémica y provoca sin pudor es, precisamente, el que ha sido desplazado en los últimos años de la escena institucional. El propio Merino, después de haber sido amenazado por tres religiones (musulmanes, judíos y católicos) por la pieza Stairway to Heaven (Arco 2010), llegó con el Franco al fresco y desde entonces ha desaparecido. Es más, ha tenido que emigrar a EEUU para mostrar el conjunto de dictadores, porque aquí sólo encontró censura por el propio sector: él mismo señalaba en febrero de 2013 al director de la Feria de Arte Contemporáneo Arco como censor: “Este año Carlos Urroz no me deja ir a Arco”, escribió en su cuenta de Facebook.

Recuerden la posición de José María Álvarez del Manzano, presidente de Ifema y exalcalde de Madrid, que envió una carta a la Fundación Francisco Franco en la que aclaraba que comprendía el malestar de la fundación “porque razón tienen”. Explicaba con detalle que la Junta Rectora de Ifema valoró “retirar” la obra, pero no lo hicieron porque hubiera significado “mayor publicidad para el artista”. Manzano se vio en la potestad de censurar.

En la carta añadía que se vio “sorprendido por la presencia de la obra del Sr. Merino entre las expuestas en Arco”, y explica que le pareció “una indignidad”. Tanto le llamó la atención que el artista cuenta que a pesar de que la Fundación no tiene los 18.000 euros que le reclamaba, se ha quedado con la línea editorial de la Feria. Y la dirección, con presiones a su galería, le ha dejado fuera.

La abogada de Merino dice que es muy importante que al director del Reina Sofía le apoyen el Comité Internacional de Museos y Colecciones de Arte Moderno (CINAM) y el Consorcio de Galerías de Arte de España, “denunciando y oponiéndose a estos intentos de censura”. “Mi caso fue un desastre. Cayó una gota y se separaron todos de mi lado. El primero, Carlos Urroz”. Merino se lamenta, porque no entienden que la religión sigue siendo el gran tabú del arte y las ferias y museos tratan de silenciarlo. “Los artistas estamos desprotegidos”, dice. El artista Yann Leto coincide con él: “Hay un patrón de artista moderado en todas estas instituciones y el resto quedamos fuera”.

Pablo España, miembro del colectivo artístico Democracia, echó en falta todo este apoyo movilizado ahora en el ataque contra Merino. “Es una cuestión de prestigio y jerarquía. El sector se desentendió, porque no es lo mismo apoyar a un artista que al director del Museo Reina Sofía. Al parecer, es una figura que no es tan cuestionable como un artista con su discurso. La solidaridad es una cuestión de intereses, es una postura hipócrita”, asegura. El director del Museo Reina Sofía ha sido acorralado por la censura y defendido por los propios, ¿tendrá la misma suerte el próximo artista que sea perseguido?

Por Peio H. Riaño en El País.