4 febrero, 2014

El arte urbano devuelve la vida por un día a los Encants Vells

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50 artistas participan creando sus obras en directo en la primera edición de Ús Barcelona

“El arte urbano se adapta a cualquier espacio y lo democratiza”, defiende Marc Garcia, de la asociación Rebobinart. Ayer, más de 6.000 personas pudieron comprobarlo tras pasar por el solar que hasta septiembre ocuparon los Encants Vells. Fue durante Ús Barcelona, primera edición de un festival coordinado por Garcia que llenó de vida este espacio ahora abandonado. Unos 50 artistas transformaron las paredes grises del recinto —con decenas de obras multicolores de street art e instalaciones interactivas— en las que el público se convirtió en artista por un día. Muchas permanecerán allí todo el año.

“Venimos del grafiti, pintamos en la calle. Todavía es un tipo de arte que no tiene un interés cultural para las instituciones”, admite Garcia. Por eso, Ús Barcelona supone todo un éxito para las asociaciones, colectivos y los artistas de street art: el Ayuntamiento aportó más de la mitad del presupuesto y demostró, con la visita del alcalde Xavier Trias, respaldar al evento. “Esperamos que eso signifique un punto de inflexión con el Consistorio, y que vea que no se trata, como en el caso de un concierto musical, de un evento pasivo”, insiste Garcia.

De hecho, la participación ciudadana era un leitmotiv de muchas obras que se realizaron ayer: los niños pudieron aprender a utilizar los pulverizadores, pintar sobre muros o, también, hacer ganchillo. En otro rincón, la gente podía fotocopiarse la cara en una hoja que después se utilizaba para empapelar una pared con múltiples rostros. En una estructura ondulante llamada Isla utopía, los visitantes colgaban carteles con sus propios deseos: entre frases como “deseo que sea más importante el amor que el miedo” o “quiero una Barcelona de colores”, destacaban muchas notas escritas que hacían referencia a la independencia de Cataluña.

“Me gusta que este evento enseñe a los niños cómo diferenciar entre arte y vandalismo”, comentó Blanca, una madre que ayer participó a todas las actividades junto a sus hijos. “Y es interesante ver cómo estos artistas trabajan y qué técnicas utilizan”, añadió. Algunos con brochas, pinceles y botes de pintura, otros con pulverizadores, los artistas locales (los más) e internacionales invitados al evento dieron vida a obras muy distintas: figurativas, abstractas, reivindicativas o filosóficas, cada una dio un significado a su trozo de pared. De vandalismo, no había ni la sombra.

Por Anna Garbus para El País