24 mayo, 2010

El arte de no dejar ni rastro

Traficantes de coches y drogas usan obra robada para rebajar sus penas o pedir rescates – Una banda del sur de Francia, sospechosa del saqueo del museo de París.

Dos hombres vestidos de policías llegan a la una de la noche al museo. Acceden sin problemas, hola, qué tal, y maniatan a los vigilantes con cinta adhesiva y esposas. Luego se regalan 81 minutos de paseo por las galerías y seleccionan cuidadosamente las obras.

Eligen piezas de Rembrandt, Vermeer, Degas y Manet. Incluso tienen tiempo de despreciar al gran Botticelli, llevarse la cinta de la grabación y desaparecer para siempre. Hace dos meses se cumplieron 20 años del robo del museo Isabella Stewart Gardner, en Boston, el más importante de la historia. Los ladrones se llevaron aquella noche piezas valoradas en 400 millones de euros. Ese récord sigue vigente, pero el jueves por la noche, dos aspirantes amenazaron su cetro con un asalto al Museo de Arte Contemporáneo de París. Esta vez el valor de los cuadros suma unos 200 millones de euros. Los expertos coinciden en que no podrán venderlos.

Romanticismos al margen, desvalijar un museo es difícil, peligroso y, sobre todo, bastante absurdo. Colocar un “picasso” que ha salido en todos los telediarios y que busca medio mundo es casi imposible. “Si eres un coleccionista no compras arte robado. Estas obras no tienen mercado, no se pueden vender. Si tiene un comprador, olvídese, seguro que es un policía. Recuperamos el 95% de piezas de este tipo”, explica Robert K. Wittman, fundador de la brigada del FBI contra estos delitos (en sus 20 años de servicio recuperó 180 millones de euros en obra) y propietario de una consultora que sigue el rastro de estas piezas. Buen negocio, porque cada año desaparece arte en el mundo por valor de 3.185 millones de euros.

Para este experto, el caso de París fue obra de una de las bandas del sur de Francia (el segundo país más saqueado, detrás de Italia) que se dedican al robo de coches y al tráfico de drogas. Según Wittman, es probable que estén conectados con los grupos que hicieron los últimos “trabajos” en Niza, donde encañonaron al personal y se llevaron cuadros de Alfred Sisley, Monet y Jean Brueghel.

Pero, ¿por qué robar arte que luego no venderán? En algunos casos, simplemente, son así de estúpidos. “Aunque también pueden pedir un rescate económico o utilizarlo como moneda de cambio cuando los detienen por otros delitos. Ofrecen el paradero de un valioso “picasso” a cambio de una rebaja de pena. El verdadero arte no es robar un cuadro, es venderlo”, explica Wittman. Además, los cuadros de este tipo de museos no están asegurados por ninguna compañía, es el Estado quien responde de su desaparición. Y chantajear al Gobierno sin nadie vivo de por medio es complicado.

Si consiguieran colocar la obra en el mercado, su valor sería como máximo el 10% del precio real. ¿Quién puede comprarlo? Según los expertos, algún millonario “caprichoso” e “imprudente” a quien tarde o temprano cazarán. Pese a eso, quedan grandes robos sin resolver. El más importante es el de Boston, que mantiene colgados en sus salas los marcos vacíos de las obras. Interpol también sigue la pista de lienzos como “Natividad de los santos” de Caravaggio; “Marina” de Claude Monet, o “La danza” de Picasso. Este organismo edita cada semestre un CD y carteles con las 100 obras más buscadas del momento.

Por una vez, España no alimenta el “top 100” del choriceo. Aquí no hay robos en grandes museos, la mayoría se producen en basílicas e iglesias sin vigilancia o en domicilios privados. El último fue el de la casa de la empresaria Esther Koplowitz, en el que se llevaron 19 valiosas piezas, entre ellas “El columpio” de Goya. Precisamente, Wittman -que publica en junio el libro “Priceless”- trabajó en la operación y se hizo pasar por un comprador (ofreció 10 millones) para dar con los ladrones. “Picaron”, recuerda.

En España, la “profesión” se concentra en el robo de antigüedades y obra menor, de la que se recupera alrededor de un 10%. “Sucede en ermitas y capillas desprotegidas de la Iglesia. Pero esa falta de seguridad ya se está corrigiendo”, explica Antonio Tenorio, jefe de la Brigada de Patrimonio del Cuerpo Nacional de Policía, que el viernes a primera hora ya tenía en su mesa el informe de Interpol sobre los cuadros robados en París. La documentación llega enseguida a las asociaciones de galeristas y a aeropuertos e impide que las obras se incluyan en ningún trato legal. Sin embargo, los museos en España, explica este policía, tienen unas medidas de protección suficientes para evitar robos.

El Prado, por ejemplo, destina el 30% de su presupuesto a la seguridad. “Más de la mitad de la plantilla forma parte de esa área. Además, tenemos la suerte de contar con la colaboración de la Policía Nacional controlando el perímetro. También en movimientos de obra de arte. Y eso ofrece una seguridad adicional muy importante”, explica el director del centro, Miguel Zugaza, que reconoce que a veces es difícil compaginar esa seguridad con la accesibilidad del público a las obras. En cualquier caso, parece difícil que alguien pudiera llevarse un “velázquez” de El Prado por una de las ventanas tras romper un candado de la verja como sucedió el jueves en París.

Casos sin resolver

– 1969. Roban “Natividad de los santos”, de Caravaggio, en la iglesia de San Lorenzo de Palermo (Italia). Todo apunta a que lo tiene la mafia. Uno de sus miembros intentó negociar un mejor trato carcelario a cambio de informar sobre su paradero.

– 1990. Dos hombres disfrazados de policías roban 11 obras maestras (Rembrandt, Degas, Manet y Vermeer) valoradas en 400 millones de euros en el Isabella Stewart Gardner de Boston. Es el robo más importante de la historia.

– 1997. Con un gancho deslizado desde una claraboya, los ladrones se llevaron el 21 de febrero de 1997 de la Galería de Arte Moderno Ricci Oddi, en el centro de Piacenza, el “Retrato de señora”, lienzo de incalculable valor de Gustav Klimt fechado entre 1916 y 1917.

– 2002. Dos ladrones usaron una escalera para subir al techo del museo Vincent Van Gogh. En pocos minutos se llevaron dos cuadros valorados en 30 millones de euros. Los dos hombres fueron arrestados, pero las pinturas no aparecieron.

 

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