1 marzo, 2013

Eduardo Chillida, a sus pies

Ha necesitado 25 años para atreverse con el arte. La diseñadora Nani Marquina (Premio Nacional de Diseño por la empresa que lleva su nombre) cuenta que le parecía poco respetuoso reproducir imágenes artísticas en sus alfombras. Tenía dos cosas claras: que las abstracciones de Mondrian aplicadas a una servilleta se convertían en un chiste y perdían su calado y que ella no iba a ser ingrata con el arte, “del que tanto” ha “aprendido”. Así, tuvo que verse formada, contar con la experiencia de cinco lustros, y verse dueña de una voz propia con la que poder aportar para aceptar la propuesta de la familia Chillida de llevar dibujos y collages del artista a sus telas. Hoy, el trazo en tinta es de lana negra. Y los collages de Chillida ocupan suelos. O paredes.

La primera sorpresa que se ha llevado esta empresaria diseñadora es que muchos de los clientes de la Colección Chillida han colgado sus alfombras como si fueran tapices. O como si no se atrevieran a pisarlas. Marquina explica que ha necesitado experiencia para poder tratar con respeto el legado Chillida. Y concreta que ese respeto consiste en atreverse a mezclar la lana con la seda (por primera vez) para subrayar los contrastes de brillo, y de tacto, algo así como conseguir un claroscuro en una obra monocroma. Cuenta también que esta colección, al margen de tendencias, ha sido un éxito. “En plena crisis abrir una puerta no es fácil. Nosotros nos atrevimos y las alfombras han encontrado un público dispuesto a apostar por lo atemporal”, sostiene.

Desde que la colección fue presentada en la última feria de Milán, esta empresa barcelonesa ha exportado más del 80% de la producción. “Incluso a países, como China, donde no conocían a Chillida”, subraya. Para ella eso demuestra que “el arte habla un idioma universal y reconocible”. También admite que en los otros países donde más se han vendido las alfombras, Francia y Alemania, lo que ha convencido a los compradores ha sido lo contrario: ver en ellas la huella del escultor.

“Más del 80% de la producción se ha exportado al extranjero”

“El arte y el diseño pueden mezclarse. Para hacerlo es tan importante elegir bien las obras de las que se parte [Marquina ha sido la responsable de la selección] como cuidar los materiales y la manera de tejerlas”, explica. Ella hace años que fabrica sus alfombras en India, donde, con el 1% de sus beneficios, ha recuperado una escuela y un ambulatorio. “Llegamos a hacer una alfombra a partir de los dibujos de los niños de esa escuela. De esa pieza les damos un porcentaje más alto, como un copyright por el dibujo que ayuda a mantener las instalaciones ahora que el negocio anda más parado”. Chillida en los hogares ¿resta halo a los trabajos del escultor? o, por el contrario, ¿no existe un triunfo mayor que llegar hasta las casas de la gente? Nani Marquina opina que lo bien hecho habla un idioma común. Al margen de cualquier etiqueta.

Por Anatxu Zabalbeascoa de El País.