16 mayo, 2014

Destituida la directora del Museo Picasso de París

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Iba a ser la inauguración estrella de la primavera. Un Museo Picasso renacido debía —quería— abrir sus puertas en junio y mostrar su esplendor tras las obras de modernización y ampliación acometidas en su sede de París, cerrada al público hace cinco años. Pero el Ministerio de Cultura francés consideró que el ritmo de los trabajos no permitía garantizar la fecha de apertura prevista y obligó a aplazar su inauguración a septiembre. Ahora, la paciencia de la ministra francesa de Cultura, Aurélie Filipetti, se ha agotado definitivamente. Esta mañana, tras una reunión con la directora del museo, Anne Baldassari, ha decidido destituirla y nombrar a un sustituto temporal hasta la designación de un nuevo responsable.

El ministerio ha difundido un comunicado en el que basa la decisión de la ministra en el “clima laboral extremadamente degradado” que reina en el establecimiento, y que había provocado una amenaza de huelga de los trabajadores. “Por respeto a la labor científica” de Baldassari, añade el comunicado, “la ministra le ha propuesto supervisar el montaje de la colección para la reapertura del museo [prevista —inicialmente— para septiembre], sin perjuicio del nombramiento de un nuevo presidente”. La persona responsable será designada a partir de “un proceso abierto de selección” de candidatos.

Según el diario Libération, Baldassari se negó en rotundo a aceptar la propuesta de la ministra. Un miembro de la Inspección General del Ministerio, Jérôme Bouet, ha sido nombrado para sustituir de forma temporal a la directora destituida. Entre los nombres barajados para sucederla en la dirección del museo se encuentran dos conservadores del Centro Pompidou: Laurent Le Bon y Didier Ottinger.

En la nota oficial, el gabinete de Aurélie Filipetti concluye que “las exigencias de reapertura del museo en las mejores condiciones, la protección de los trabajadores y el restablecimiento de la confianza entre el museo y sus interlocutores —incluidos los servicios del Ministerio de Cultura y Comunicación– para el éxito del proyecto llevan a poner fin al mandato de Anne Baldassari”. Al futuro nuevo presidente del museo le corresponderá, dice el texto, “reunir las condiciones para la reapertura del museo en septiembre de 2014 en un clima sereno y pacífico”. No se puede decir que haya sido una transición pacífica. Las vicisitudes que han rodeado la proyectada reinauguración del museo consagrado a Pablo Picasso han tenido siempre como trasfondo las críticas personalísimas a la gestión de Baldassari: una persona que ha trabajado durante 25 años para el museo y que ha llevado sus riendas durante diez. A ella le había sido encomendada la tarea de encontrar la fórmula idónea para mostrar su importante colección en un espacio que dobla —con la renovación— su superficie expositiva (de 1.600 a 3.800 metros cuadrados).

El pasado fin de semana, la situación se agravó al exigir los trabajadores del museo, en una carta difundida por el diario Libération, la dimisión de Baldassari en los siguientes términos: “La salud mental y física de decenas de trabajadores del museo y la reputación mundial de un museo que ya está profundamente aislado no pueden seguir siendo amenazas por la permanencia injustificada en su puesto de una sola persona”. Días antes, cuatro conservadoras del museo habían firmado una “carta de alerta al ministerio” en la que rogaban que éste pusiera fin a “una disfunción que se ha agravado desde hace varios meses”.

El responsable de dirigir los trabajos de renovación del museo, Emmanuel Dhuisme, decía en Libération que “el museo podría estar abierto desde hace mucho tiempo con un funcionamiento normal” de la institución. Dhuisme acusaba a Baldassari de actuar en solitario y de cambiar constantemente de criterio, así como de carecer de un proyecto y de una visión de conjunto. Esa opinión ya fue confirmada por un informe lacerante de la Inspección General que reclamaba en marzo la salida inmediata de la directora.

Para hacer aún más enrevesado el proyecto museístico, Claude Picasso, hijo del pintor y escultor malagueño, había mostrado recientemente su indignación por la decisión del ministerio de aplazar la reinauguración y su apoyo incondicional a Anne Baldassari.

La propia directora ha contestado en un escrito las acusaciones del informe oficial sobre su gestión, a cuyos autores reprocha que hayan pedido su destitución “sin evaluar las consecuencias financieras, sociales y mediáticas” de los retrasos impuestos en la fecha de reapertura, según Libération.

En un artículo muy pertinente (y osado) titulado “Los directores de museo se han vuelto locos”, publicado el domingo en el diario Le Monde, una fuente anónima del Ministerio de Cultura explicaba así las polémicas que han afectado recientemente a grandes instituciones culturales galas: “Hoy, el poder se ha desplazado del centro [de poder, centralizado en el ministerio] a los museos, convertidos en castillos feudales. Y el ministro [en este caso, la ministra] ya no tiene un verdadero control sobre los señores [feudales]”.

Por lo que respecta al taller de París donde Picasso pintó el Guernica en 1937, situado en el Granero de la calle de los Grands Augustins, parece que el lugar será preservado para futuras generaciones, evitando así su conversión en un hotel u otro uso parecido. La ministra ha difundido en su perfil de Twitter un mensaje en el que exclama: “¡Buena noticia! La Comisión regional de Patrimonio y de Sitios [de Île-de-France, que incluye París] es favorable a la clasificación [como patrimonio cultural protegido] del Granero”.

Por Juan Peces en El País.