19 octubre, 2012

Del Ejército Real al Ejército Nacional: La Constitución de 1812 (1ª parte)

ejercito

Rafael Vidal

Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Consideración previa: Dada su extensión este artículo se dividirá en dos, la primera parte comprende la evolución del ejército hasta 1808 y la segunda lo que es verdaderamente “ejército nacional”.

INTRODUCCIÓN

Nos encontramos en el bicentenario de la Constitución de 1812, la primera de la historia constitucional española.

Todas las constituciones españolas han tenido una referencia en ella, incluso las distintas leyes fundamentales del régimen franquista bebieron de dicha fuente, pudiendo los que estén interesados en este tema de forma cronológica, estudiar la “Breve historia constitucional de España” del profesor Pedro Farias, dedicando la primera parte de la obra a diseccionar las distintas constituciones y la segunda a recopilar los distintos textos que tuvieron alguna vigencia en nuestro país, en algunos casos muy corta.

En las interpretaciones a la Ley de leyes, se dice que es preciso efectuar una “relectura” para adecuar el espíritu de la Constitución a los tiempos actuales. Los cristianos saben mucho de “relecturas” dado que los evangelios, escritos hace dos mil años, mantienen su plena vigencia, simplemente adaptando lo expresado a como sería en el siglo XXI.

La verdad es que esta segunda lectura de la Constitución de 1812 es verdaderamente enriquecedora y se encuentran matices, sugerencias y formas de vida en común totalmente aleccionadores y que se pueden transponer a los tiempos actuales con total efectividad.

Aunque la Constitución de 1812 representó una ruptura con el pasado, no fue de forma brusca, es decir fue una revolución social en forma de evolución pacífica y asumible. Desgraciadamente, Fernando VII, el rey “felón”, hizo oídos sordos al clamor de la Nación ilustrada y propició el primer golpe de estado, de una serie casi ininterrumpida, del siglo XIX.

El llamado “Trienio Liberal” reinstauró la Constitución de 1812, pero los exaltados se hicieron dueños del poder y quisieron ”revolucionar” el tiempo histórico, enfrentándose a los doceañistas, a los absolutistas, a los realistas moderados y a toda Europa, con lo cual la vigencia constitucional fue tan efímera que no pudieron desarrollarse legislativamente la mayoría de sus preceptos.

A lo largo de diferentes columnas he manifestado que el verdadero hito en la historia de España no fue el “Dos de mayo de 1808”, ni el “19 de marzo de 1812”, sino que habría que a juicio de este historiador fue el 1º de febrero de 1810, cuando la Junta Suprema de Gobierno resignó sus poderes en un Consejo de Regencia que sustituía al monarca por “incapacidad de este para reinar” con tratamiento de “Majestad”, verdadera filigrana jurídica, cuyo autor merece el mismo reconocimiento que don Torcuato Fernández Miranda con su proyecto de ley para la Reformar Política.

En 1810 todo era completamente distinto a 1808. Como dice don Salvador de Madariaga en su obra sobre Bolívar, segunda edición, al referirse a los países americanos, aunque el aserto es también para los “reinos peninsulares”: “Los países americano antes de su emancipación eran reinos del rey de España, con igual título que los reinos europeos como Castilla o Aragón, Nápoles o Sicilia. La unión entre todos estos reinos encarnaba la Corona. Por eso, al caer en el arroyo la Corona de España en Bayona, cesaba ipso facto todo derecho del Estado español en ultramar. Al recaer la soberanía en el pueblo, recaía en cada país en su propio pueblo”.

Con ello se indica que el cambio drástico de “soberanía”, transferido del monarca o “soberano” al pueblo a por causa histórica, es decir por abandono del territorio patrio de Fernando VII y Carlos IV, y a la consideración de ilegalidad de sus abdicaciones, era muy difícil, por decir imposible, que la restitución de esa soberanía se hiciera pacíficamente. Recordemos que Fernando VII protagonizó, tal como se ha indicado, el primer golpe de estado “militar” de la historia del siglo XIX.

Con respecto a la “incapacidad del monarca” existían precedentes históricos, como el de Doña Juana I de Castilla, reina propietaria de las Coronas de Castilla y Aragón y que fue declarada “incapaz” por su padre, autoproclamándose su nieto Carlos, como rey de las “Españas”, aceptando la ficción jurídica que la “propietaria” era su madre. Simplemente con dicho ejemplo, podía declararse “incapaz” a Fernando VII y ante la inexistencia de una persona de sangre real que estuviera en la línea de sucesión al trono, tal como manifiesta la Constitución vigente de 1978, las Cortes deben nombrar un Consejo de Regencia de tres o cinco miembros, singularidad que se produjo en 1810, aunque bien es verdad con algunas lagunas legales.

Otra las instituciones que modificó su planteamiento a partir de 1810 fue el Ejército, pasando de “real” en 1808, a “juntero” entre ese año y 1810, a “nacional” a partir de esa fecha, manteniéndose con tal definición en el siglo actual.

Esta columna estará dedicada a esa transición sobre el ejército, visualizándolo desde la edad antigua hasta la Constitución de 1812.

De forma muy sintética se podría expresar que la Constitución de 1812 desde el artículo 356 al 365 articula un nuevo ejército al que denomina “Nacional” para la defensa exterior de la nación de carácter permanente y de “Milicias” para la salvaguarda del orden interior, activándose cuando lo requiriesen las circunstancias.

EL EJÉRCITO REAL HASTA PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX

LA EDAD ANTIGUA

constitucion-1Pocos indicios históricos se conservan de la Hispania anterior a las dominaciones cartaginesa y romana. De la civilización tartesia poco se conoce, aunque se afirma que fue la primera del llamado mundo occidental, existiendo con plena organización política y administrativa tres mil años antes de Cristo, conservándose de ella el famoso “tesoro del Carambolo”, conservado en la ciudad de Sevilla. Solamente de un rey se tienen datos ciertos: Argantonio, del que según Herodoto gobernó más de cien años, lo que da pie a pensar que se sucedieron varios monarcas con el mismo nombre (Figura 1).

El reino comprendía parte de la cuenca del Guadalquivir. ¿Disponía de ejército el tal Aragantonio? Nos imaginamos que sí, aunque no podría dársele una denominación por total desconocimiento de su organización y estructura.

Los cartagineses dominaron la Península durante muchos años. En sus inicio el ejército cartaginés estaba constitucion-2compuesto por ciudadanos de Cartago que prestaban su tiempo en servir en el ejército, pero las conquistas obligaron a descartar el sistema y reclutar mercenarios. Aunque no existen muchas referencias de la estructura del ejército cartaginés se conoce que sus unidades se configuraban como falanges al estilo de Alejandro Magno, empleando como una de sus armas más letales los elefantes (Figura 2). Si hubiera que calificar tipológicamente al ejército cartaginés se denominaría como “mercenario”.

Roma fue la gran “revolucionadora” del ejército y motor del embrión de un ejército nacional o como mejor se expresa “ciudadano”, porque eran los ciudadanos romanos los que servían en el ejército durante diez o veinte años, al cabo de los cuales recibían unas tierras y una soldada y se hacían terratenientes.

Del ejército romano hay numerosas fuentes escritas, siendo la más representativa y tal vez el primer tratado del arte militar en Occidente, el de Flavio Vegecio Renato, escrito durante el Bajo Imperio y que era libro de texto en algunas escuelas militares españolas en la segunda mitad del siglo XVIII.

constitucion-3La legión romana que surge a semejanza de la falange macedónica, evoluciona conforme a la guerra, organizándose de forma similar a una brigada o división actual con tropas de todas las “armas” con predominio de la infantería. Es cuento menos curiosa la existencia de “armas de acompañamiento” de las centurias, cohortes y de la propia legión, capaces por sí sola de apoyar a sus propias tropas las primeras, de apoyar al conjunto las segundas y de constituir una masa de armas arrojadizas la tercera.

¿Cómo se podría denominar al ejército romano? Tal vez sería el que más se parece al llamado “nacional“ actual, aunque en el Bajo Imperio, ante la escasez de soldados romanos se permitió e alistamiento se “bárbaros” de los límites del imperio, dándoseles la oportunidad, tras veinte años de servicio de conseguir la ciudadanía romana. Actualmente los ejército occidentales, incluidos el español, tienen un buen número de soldados procedentes de países amigos, preferentemente de Latinoamérica ¿hay diferencias, salvando la distancia temporal con aquel ejército romano? (Figura 3)

constitucion-4En el siglo VI se produce la descomposición del imperio y su sustitución por reinos godos, en los cuales no hay ejército en sentido estricto, sino que todos los integrantes de las tribus lo son, yendo a la guerra acompañados de sus familias. ¿Denominación de aquel ejército? Difícil es calificarlo por su singularidad, pero los podríamos hacer como “ejército godo” (Figura 4)

LA EDAD MEDIA

En este año se cumple el ochocientos aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa, encontrándose al frente del ejército cristiano los reyes de Castilla, Aragón y Navarra: ¿Se podía considerar ese ejército como “real”?, de manera tajante habría que decir que no.

constitucion-5Durante toda la edad Media, alrededor de la persona del rey existía una “mesnada” de carácter permanente que se solía denominar ”militis regis”, formada por los caballeros y peones que se encontraban en las inmediaciones de la real persona. El mando de esta mesnada correspondía directamente al monarca, teniendo como segundo al “alférez real”, el cual era portador del pendón. Este personaje y el pendón eran de suma importancia en la batalla, dado que la enseña era el reclamo de todos los combatientes a la lucha (Figura 5).

En la columna dedicada a los protagonistas de la batalla de las Navas de Tolosa, publicado en este mismo portal, se presenta de forma más que pormenorizada las distintas unidades de las que se componían este ejército medieval: mesnadas señoriales, concejiles, de cruzados y de las propias órdenes militares.

LOS REYES CATÓLICOS

La llegada al poder de Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, siendo recordado el reinado de ellos como el de los “Reyes Católicos”, no fueron años fáciles y podríamos decir que vivieron en permanente estado de guerra, primero contra los nobles, posteriormente contra el reino de Granada, y a continuación con las campañas del norte de África e Italia, y no digamos en los territorios de Ultramar recién descubiertos.

La permanencia de hombres en armas obliga a los monarcas a abonarles una cantidad, en definitiva a “profesionalizarlos”, creando unidades militares constitucion-6de similar entidad cada una, siendo el gestor de ello Gonzalo Fernández de Córdoba, con la constitución de la “coronelía” unión de doce compañías de infantería de igual estructura.

Durante este reinado convive el antiguo ejército medieval, a cuyo frente se encuentran los nobles y el incipiente real. Muestra de ello es que la conquista de Melilla se llevó a efecto por la Casa de Medina Sidonia.

Hubo un arma que quisieron ostentar los monarcas su monopolio, nos referimos a la artillería. Muestra de este poder es la famosa escena del cardenal Cisneros, regente de Castilla hasta la llegada de Carlos I, que ante la pretensión de los nobles de recuperar sus antiguas atribuciones, conminaron al cardenal a que les mostrara las razones, ante lo cual el octogenario prelado yendo hacia una ventana les enseña los cañones que había en la plaza de la Paja con la frase “estos son mis poderes” (Figura 6)constitucion-7

TERCIOS ESPAÑOLES

Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico en sus cuarenta años de gobierno asentó el carácter real del ejército, de tal manera que podría considerarse la desaparición del medieval, sobre la base de poner al frente de sus ejércitos a lo más granado de la nobleza castellana, aragonesa, navarra e italiana (Figura 7).

Los Tercios se componían de la unión de tres coronelías, añadiéndosele artillería y algo de caballería, disponiéndose en el campo de batalla como una plaza fuerte rodeada de picas (piqueros), sostenida por el fuego de los arcabuces (arcabuceros), defendida a distancia por cañones y alertado el conjunto por el reconocimiento de la caballería. Esta forma de combatir del ejército real lo hizo invicto durante más de cien años en los campos de batalla europeos.

LOS EJÉRCITOS AMERICANOS

Mención aparte habría que hacer de los ejércitos americanos, los cuales no tuvieron el carácter de “real” hasta bien entrado el siglo XVIII cuando la lucha contra Inglaterra.

Las conquistas americanas se hacían en nombre del Rey y las tierras pasaban a formar parte de la Corona, pero los conquistadores eran “aventureros” que recibían el encargo real, de formar una expedición a sus expensas para constitucion-8conquistar un reino americano. Se pactaba el “quinto real” de los tesoros que se encontraran, el reparto de la tierra, las encomiendas, etc (Figuras 8 y 9).

LOS BORBONES

Podemos considerar que con la llegada de la Casa de Borbón el llamado “ejército real” alcanza su cenit. Las unidades se organizan de forma similar a las francesas, transformándose los tercios en regimientos, es como una vuelta a las “coronelías” del Gran Capitán, estando al frente del regimiento un coronel.

Se constituyen numerosos regimientos de infantería y caballería, tanto españoles como de otras nacionalidades, mientras que de artillería e ingenieros existe un solo regimiento, que ostenta el adjetivo “real”.

La tropa es de leva voluntaria y cuando se presentan necesidades de efectivos se recurre a la forzosa.

En el ejército de los “Austrias” la formación de los oficiales era inexistente, excepto para los artilleros e ingenieros, adquiriéndose los conocimientos castrenses a base de “sufrir” durante muchos años los avatares del oficio, entrando de soldado y pudiendo alcanzar el empleo de maestre de campo y de general a través del servicio continuado. Para los artilleros e ingenieros existían las “academias de matemáticas”, entre las que se contaban como más importantes la de Barcelona y Sevilla.

Ejemplos de personas que alcanzaron altos cargos en la milicia, siendo hidalgos menores son numerosos, como Julián Romero de Ibarrola constitucion-9(1518-1577) que ascendió de soldado a maestre de campo (Figura 10), no obstante los que pertenecían a la nobleza solían alcanzar con más rapidez los sucesivos grados, sin que ello quisiera decir que no entraran de soldado raso, como don Juan del Águila y Arellano que sentó plaza en 1563, ascendiendo a alférez en 1569 y a capitán en 1577 alcanzado el 26 de agosto de 1583 el empleo de maestre de campo. La muy alta nobleza, como don Juan de Austria o Alejandro Farnesio eran los únicos que se libraban de la lentitud en el ascenso.

Esta experiencia y el conocimiento de cualquier soldado de los tercios que podía llegar a general si su comportamiento en el campo de batalla era destacado, hizo que fueran unidades invencibles.

Una de las primeras disposiciones de Felipe V (Figura 11), el primer rey de la Casa de Borbón fue el disolver los tercios y crear los regimientos. Por real cédula de 8 de noviembre de 1704 dispuso que “en cada compañía se reciban diez cadetes, nobles e hidalgos, que se distinguirán de los demás por el servicio y la paga”, tal como expone José Ramón Alonso “De esta forma rudimentaria aparece en España el cuerpo de oficiales”, tal como expone José Ramón Alonso en su Historia Política del Ejército Español (Madrid, 1974, pág. 24)

De esta forma entramos en la guerra de la Independencia.

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Rafael Vidal Delgado

Málaga, 7 de julio de 2012. Día de San Fermín.