20 diciembre, 2016

Decálogo para los nuevos retos de la protección del patrimonio cultural

Siempre he entendido que la seguridad de una institución cultural es un ejemplo patente, y
tantas veces imperceptible, de transversalidad organizativa. Los profesionales de la protección deberían de estar presentes desde el diseño de la infraestructura, para proyectar el programa de seguridad integral adecuado y proporcional a los bienes, las personas y el programa de usos de los diferentes ámbitos del equipamiento.

Para aportar mi grano de arena a esta labor, he querido embarcarme en la elaboración de una propuesta de decálogo, y como tal incompleto, de lo que serían algunos de los factores que concretan y explican nuestra labor y nuestra misión como responsables de la protección del patrimonio cultural. Pero antes de presentarlo, quiero plantear unas cuestiones previas.

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PROTECTURI, desde su fundación, se marcó la prioridad de mediar entre los diferentes agentes involucrados en la protección del patrimonio para generar espacios de diálogo.

Estábamos convencidos de que ese contacto sería fructífero, y que requeriría, por parte de los responsables de la protección de:

1. Sistematización de los contenidos. 2.Pedagogía con los fines.
Sistematizamos nuestra experiencia sectorial redactando el Sistema de Gestión de la Protección del Patrimonio Cultural. Un recurso que está al alcance de los diferentes agentes del patrimonio cultural. Su desarrollo, contextualizador y técnico, permite conocer qué efectos tiene sobre una organización la adopción de una cultura de la seguridad adecuada para ca- da centro.

Implícitamente, a ningún profesional se le escapa las consecuencias de una actitud mecanizada que no valore, diariamente, los efectos que sobre su organización tienen los contextos internos y externos.

El responsable de Seguridad, a similitud del dios Jano de la mitología roma- na, es el responsable de las «puertas» del equipamiento. Como él, mira hacia el interior, pero como bifronte, también mira hacia el exterior. Quizás sea una de las metáforas, uno de los mitos, que mejor represente la misión de la dirección de seguridad. Esa doble mirada, que integra los contextos internos y externos de la institución, hace que nuestra labor se difumine a los ojos de quien desconoce ese enfoque múltiple.

Dadas las circunstancias socioeconómicas globales y el impacto del desarrollo tecnológico, el binomio actitud y mentalidad se convierte en un factor determinante para proteger los bienes y las personas. Este quizás sea uno de los principios que definen, no sólo la calidad, sino la viabilidad de un programa de seguridad de cualquier centro cultural.

Quienes nos hacemos cargo de la dirección de la seguridad de una insti- tución cultural, debemos tener un co- nocimiento transversal de nuestra or- ganización. Sólo así podremos diseñar un modelo de protección ad hoc a las necesidades reales del mismo.

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Caer en la tentación de ser, o atrincherarse en ser, exclusivamente un «técnico» en seguridad, sería, a mi parecer, no sólo contraproducente, sino un riesgo inaudito. Entre otros argumentos, porque los ámbitos de actuación son muy amplios y el desarrollo tecnológico experimenta un ritmo exponencial.

Un responsable de Seguridad además de ser un experto que debe prepararse de manera constante, estar atento a los cambios y ser minucioso en los procesos, creo que debe ser un mediador. Alguien capaz de conocer los entornos que pueden afectar la realidad de su centro, para establecer las conexiones y las redes que beneficien la cultura de la seguridad del patrimonio y mediar con el resto de agentes. Más adelante abundaré en esta idea.

Otro de los factores que considero esencial en nuestro quehacer profesional es la pedagogía. Nuestra agenda sectorial debe incorporar un enfoque pedagógico, interno y externo, de una conceptualización contemporánea de la seguridad en entornos culturales. Sólo así podremos hacer comprender las necesidades organizativas que reclama ese futuro en el que ya estamos viviendo. Tenemos que ser didactas, no sólo de la labor que realizamos, sino de la misión encomendada, de los objetivos específicos, y de qué supone un programa de seguridad en un sistema complejo como es un museo o cualquier otra institución cultural.

Será así como podremos lograr que el resto de agentes implicados en la «conservación» del patrimonio cultural sean conscientes de que la seguridad no es una batería de medidas y recursos, sino que, esencialmente, es planteamiento estratégico de prevención transversal e integral.

Como he mencionado con anterioridad, considero que, más allá de las responsabilidades técnicas y organizativas inherentes a sus funciones, el director de Seguridad debe ser un mediador con gran parte de los agentes externos del centro.

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Brevemente, destacaría dos de ellas.

La primera mediación la realiza con las instituciones públicas y con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad Pública. La globalización y la tecnología, entre otros factores, han hecho emerger riesgos y amenazas que sólo pueden ser atendidos desde una colaboración basada en la confianza y la confidencialidad.

Prueba de ello es la participación de PROTECTURI en las mesas de trabajo para la confección de sugerencias e ideas enfocadas en la protección del patrimonio cultural, tanto en la ley 5/2014, como en el reglamento que se está «cocinando». Nos tranquiliza en lo referente a los procesos de mejora, integrando el concepto de seguridad integral patrimonial.

La segunda mediación se da con las organizaciones que proveen de servicios y recursos, humanos y técnicos, a la institución. Si algo define a un museo es ser un espacio de múltiples y dinámicas realidades. Algunas de ellas imprevisibles, atendiendo a la participación del público. El responsable de Seguridad debe, con las em- presas proveedoras, establecer una relación de continuidad y seguimiento. Debe ayudar a los responsables organizativos y técnicos de las mismas a que entiendan, e interioricen, los valores añadidos de ofrecer sus servicios en una organización cultural. Esta realidad dinámica sólo será correspondida con un programa óptimo si el departamento de Seguridad transforma su papel de cliente en un traductor- mediador de la realidad del museo.
Para finalizar, quisiera esbozar un «decálogo» de lo que considero que debe significar a los profesionales y responsables de la prevención, protección y salvaguarda del patrimonio cultural en los entornos profesionales emergentes.

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El director de Seguridad debe:

1. Conocer sus obligaciones y responsabilidades, las genéricas de su cargo y responsabilidades, y las específicas del centro.

2. Interiorizar el binomio actitud- mentalidad como una directriz en todas sus actuaciones.

3. Asumir que la seguridad al 100 x 100 no existe y transferirlo al resto de la organización.

4. Perseverar para disponer de los conocimientos, los recursos y las medidas adecuadas para alcanzar las cuotas más altas de eficacia y eficiencia en cada una de las situaciones.

5. Promover una cultura de la seguridad específica, e intrínseca, para la seguridad de sus entornos profesionales.

6. Responsabilizarse de su ámbito de actuación como factor vertebrador de la institución, para que la seguridad sea percibida como factor prioritario garante del adecuado desarrollo de los colectivos humanos que trabajan o visitan la institución y la protección de los bienes.

7. Crear una red de colaboración, interna y externa, que proyecte y coo- pere en dar respuesta a los retos, sus riesgos, sus amenazas y sus vulnerabilidades.

8. Mediar para integrar a los diferentes agentes del sistema y maximizar sus potencialidades.
9. Colaborar en la generación de un entorno de datos masivos (Big Data).

10. Transformar los datos en cono- cimiento e inteligencia como principales recursos para el programa de seguridad integral, generador de confianza y tranquilidad profesional y social.
Y como última consideración desea- ría que los profesionales que nos dedicamos a la protección del patrimonio cultural hiciésemos nuestro el lema «unus pro ómnibus, omnes pro uno», es decir «uno para todos y todos para uno», con toda humildad ante la complejidad de los entornos en los que actuamos.

Agradecer a Cuadernos de Seguridad esta nueva oportunidad para poder escribir y compartir una batería de reflexiones, que tienen la voluntad de sumar para multiplicar en este trabajo diario de velar por la protección del patrimonio cultural. ●

Por Jesús Alcantarilla, Presidente de Protecturi, para la revista Cuadernos de Seguridad.