9 mayo, 2014

Cornelius Gurlitt dejó su colección en herencia al museo de arte de Berna

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El anciano coleccionista de arte Cornelius Gurlitt, fallecido ayer a la edad de 81 años, dejó un testamento antes de ser intervenido del corazón hace meses. Según ese testamento, Gurlitt decidió ceder en herencia su valiosísima colección de cuadros al museo de arte de la ciudad suiza de Berna. Al menos así lo aseguran el diario muniqués «Süddeutsche Zeitung» y la radiotelevisión regional alemana NDR.

El portavoz de Gurlitt, Stephan Holzinger, no ha querido confirmar ni desmentir las informaciones publicadas: «Sólo puedo confirmar que el señor Gurlitt tuvo un encuentro con un notario poco antes de su complicada operación de corazón», dijo.

Es sabido que el fallecido coleccionista estaba profundamente enfadado con la Fiscalía de Augsburgo y con las autoridades alemanas tras la decisión de requisar su colección durante dos años por las sospechas de evasión fiscal y también porque un número indefinido de cuadros procede del expolio de arte llevado a cabo por los nazis antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Los medios germanos especulan ahora sobre que la presunta decisión de Gurlitt de ceder su colección a una fundación extranjera sea una especie de venganza contra su propio país.

El anciano pudo recuperar su colección hace un mes tras llegar a un acuerdo con el Gobierno federal de Alemania y con el Estado libre de Baviera. Ese acuerdo establece que un grupo de expertos evaluará qué obras de la colección de Gurlitt proceden del expolio de arte que el régimen de Hitler llevo a cabo en su avance militar por Europa. Los descendientes de los dueños originales podrán recuperar los cuadros si así lo desean. El acuerdo es también vinculante para el heredero definitivo de la colección, que contiene obras de Matisse, Picasso y Chagall.

El padre de Cornelius Gurlitt, Hildebrant Gurlitt, fue un historiador y marchante de arte colaboracionista con el nazismo que constituyó la colección heredada por su hijo hasta 1945. Tras la muerte del padre en un accidente de tráfico, Cornelius Gurlitt mantuvo en secreto la colección en su piso de Múnich hasta 2012, cuando fue descubierta por la policía. Las autoridades alemanas mantuvieron el caso en secreto hasta que el semanario «Focus» lo hizo público el pasado año.

Como bien indica el periodista Stefan Koldehoff, autor del libro «Los cuadros están entre nosotros. El negocio del arte robado por los nazis y el caso Gurlitt», el descubrimiento de la colección del fallecido anciano podría suponer sólo el inicio del rastreo de las miles de obras expoliadas por el nacionalsocialismo que siguen estando tanto en museos como en colecciones particulares de Alemania.

Por Andreu Jerez en ABC.