28 febrero, 2013

Colección Arte Contemporáneo, un caso insólito de mecenazgo

Mientras la ley de mecenazgo juega a la peonza en los periódicos y se resiste a salir de los despachos del Gobierno, el pasado reciente del coleccionismo español habla de casos ejemplares y adelantados a su época que vienen desarrollando esta práctica cultural tan cacareada hoy desde hace décadas. La Asociación Colección Arte Contemporáneo, que celebra estos días sus 25 años con una exposición en Madrid y cuyo aniversario preside hoy la reina Sofía, es quizá uno de los ejemplos más eminentes, un caso insólito de patrocinio cultural. Nació en 1987, cuando Julián Trincado, presidente aquellos días de Unión Fenosa, reunió a 30 empresarios que adquirieron el compromiso de contribuir a la conservación y divulgación del patrimonio artístico a través de una colección de arte. El objetivo era descubrir, rescatar y narrar la historia del arte español del siglo XX. Un comité de expertos dirigiría las adquisiciones a fin de de conformar una compilación coherente y más atenta al excelso coro de artistas de vanguardia españoles que a las grandes estrellas de la misma época, aunque entre sus filas figuran también dibujos de Dalí, Miró…

Desde los comienzos, la vocación fue la de conformar una colección privada abierta al público. Nunca, recuerda hoy María de Corral, su coordinadora, se buscó la compra de una obra para su exhibición en los despachos de las empresas. Esta es su mayor virtud, junto a su continuidad hasta el hoy más literal, pues no en vano sus dos últimas adquisiciones -un bodegón de los años 30 de Luis Fernández y una pieza de Hisae Ikenaga- se cerraron durante la última edición de ARCO. Son los nombres más recientes, pero en la exposición, comisariada por Eugenio Carmona (uno de los tres asesores junto a Simón Marchant y Antonio Bonet Correa) hay obras de Benjamín Palencia, Rafael Barradas, Maruja Mallo, Pablo Gargallo, Manolo Hugué, José Moreno Villa, Julio González, Antoni Tàpies y Ángel Ferrant, entre otros. “Es una selección representativa del arte español desde 1916 a 1956. Hemos llegado hasta ese año porque, aunque la guerra supuso un cambio, muchos de estos artistas siguieron creando hasta los años 50”, explica de Corral.

Por desgracia, la ubicación habitual de la colección (en el Museo del Patio Herreriano de Valladolid, que la acoge desde 2002) hace que su popularidad a nivel nacional sea moderada, pues se sale del circuito principal del arte, pero esta situación no debe confundir al visitante que ahora acuda a conocerla, resuelve De Corral, pues su peso es muy importante dentro del coleccionismo español. En este sentido, no hay que olvidar que la primera vez que se montó la colección del Reina Sofía, 32 piezas de esta asociación viajaron al neonato museo madrileño, que sin ellas no habría podido presentar una colección coherente. “Si se quiere saber lo que ha sido el arte español entre 1916 hasta los 50 hay que recurrir a esta colección”, remacha De Corral, que confía en que el patrimonio de esta asociación de 1.120 piezas continúe aumentando a pesar de los topetazos de la crisis: “De momento está afectando a las cantidades, porque la asociación integra a empresas muy grandes y a otras pequeñas, pero la colección continuará creciendo en Valladolid y será mucho mayor el día en que se apruebe una ley de mecenazgo”, exige.

La exposición, que permanecerá abierta al público hasta el 10 de marzo en la Real Academia está dividida en cinco espacios. El primero está dedicado a las relaciones entre novecentismo y vanguardia, articulando el ámbito temporal trazado entre 1916 y 1956. El segundo, cronológicamente situado entre 1925 y 1933, plantea las alternativas entre las ‘poéticas de lo real’ y las propuestas que, desde la ‘figuración lírica’, configuran la matriz de las ‘poéticas del signo y la superficie’. El tercero se centra en las ‘poéticas de lo telúrico’, de amplia implantación en la creación española. El cuarto espacio de las salas de exposiciones de la Real Academia muestra las ‘poéticas de la forma’, extendidas a la comprensión del “arte como objeto”; propuestas surgidas en las décadas de 1930 y 1940. Y, por último, el quinto espacio expositivo está dedicado a las variables de las sensibilidades plásticas españolas que caminan de la herencia del ‘Arte Nuevo’ hacia una nueva época.

Por Marta Caballero de El Cultural.