16 mayo, 2014

Christie’s logra la recaudación más alta de la historia en una sola sesión

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Estos días, el dinero ni se crea ni se destruye, solo se transforma en arte. Por eso, anoche la amplia sala (Rockefeller Center) neoyorquina de la casa de subastas Christie’s parecía una fiesta organizada por El Gran Gatsby. Todo el mundo del arte, y sus arrabales, andaba por allí. Coleccionistas (Eli Broad), galeristas (Larry Gagosian), diseñadores de moda (Marc Jacobs), expertos en fondos de alto riesgo (Andrew Saul) e inversores inmobiliarios (Mark Fisch). Ni una silla libre para pujar o observar la venta y ni un espacio vacío en la balaustrada que mantiene las pujas por teléfono o en la sala. Por faltar, faltaba hasta el aliento. Pero no el vértigo de los números, que fue enorme.

La casa vendió en su propuesta de arte contemporáneo y de postguerra obra por valor de 744,9 millones de dólares (unos 543,8 millones de euros), la cifra más elevada de su historia en una sola sesión. Atrás quedaron los 691,5 millones de dólares que logró el año pasado durante la misma puja. Además cuatro artistas consiguieron su récord mundial: Barnett Newman, Alexander Calder, Joseph Cornell y Joan Mitchel. Al tiempo obras de primer nivel de Andy Warhol, Francis Bacon, Gerhard Richter o Jean-Michel Basquiat, entre otros nombres, cambiaron de propietarios por cifras astronómicas. Apunten. Salieron a la venta 72 lotes y solo cuatro se quedaron sin vender. Alegría (casi) plena.

Cuando Jussi Pylkkamen, presidente de Christie’s en Europa, la persona que el 12 de noviembre pasado vendió por 142 millones de dólares el famoso tríptico de Bacon Tres estudios de Lucian Freud, la obra más cara adjudicada nunca en subasta, exclamó: “¡Sold!”, la sala aplaudió. Había rematado un soberbio lienzo (Black fire I) de Barnett Newman creado en 1961 por 84,1 millones de dólares (61,4 millones de euros). Fue la pieza más codiciada y fijaba un récord mundial del pintor.

La noche se abrió con fuerza. Pronto llegó el lote número ocho. Sobre la cabeza de los asistentes, la organización colgó Poisson volant (Pez volador), uno de los famosos móviles de Alexander Calder. Perteneciente a la colección del industrial estadounidense Bergman, la escultura, de grandes dimensiones (61 x 226 x 101 centímetros), partía en nueve millones de dólares pero se remató por 25,9 millones (18,9 millones de euros). Algo ayudaría que en China el pez simbolice la fortuna y la buena suerte.

También se esperaba mucho de Andy Warhol, y una vez más no defraudó. Una pequeña (50,8 x 40,6 centímetros) imagen blanca de Marilyn Monroe creada en 1962 por el artista Pop encontró comprador, tras una puja de varios minutos, en 41 millones de dólares (29,9 millones de euros), más del doble de su precio máximo estimado. La obra pertenecía a la marchante Eleanor Ward, quien, en su tiempo, ofreció al artista su primera exposición individual.

Idéntica atracción entre los coleccionistas demostró Race Riot. La serigrafía sobre lienzo de Warhol recoge —a través de imágenes extraídas de la prensa— los disturbios vividos durante 1963 en Birmingham (Alabama, Estados Unidos) como respuesta a la segregación racial que sufría la población negra. La obra se remató en 62,9 millones de dólares (45,9 millones de euros).

En esta frenética subasta, Francis Bacon también levantó la mano y reclamó la atención. Y no le fue mal. Tres estudios para un retrato de John Edwards, de 1984, se vendió por 80 millones de dólares (unos 59 millones de euros), más o menos la estimación que manejaba Christie’s. Y aunque no fue la obra más cara de la noche, sí resultó un tremendo negocio para su propietario. La pintura la vendió el multimillonario taiwanés Pierre Chen, quien, al parecer, la habría comprado en una transacción privada hace una década por 15 millones de dólares. El tríptico lo ganó un comprador asiático.

Pero junto a la pieza de Barnett Newman, el gran protagonista de la jornada, al menos en términos de calidad, fue un mark rothko de 1952. La obra, untitled, sin título, corresponde a su etapa de madurez, y a través de una estructura de bloques de colores logra que el óleo anaranjado extendido sobre lienzo parezca que amaneciera en los volúmenes horizontales de la composición. Un coleccionista ha entendido que no hablamos de una pieza cualquiera y ha pagado por ella 66,2 millones de dólares (48,3 millones de euros). Esta joya había estado en préstamo durante décadas en el Museo de Arte de Filadelfia.

Otro maestro del expresionismo abstracto, Jackson Pollock, ha tenido menos fortuna. El cuadro Number 5, 1951 (Elegant Lady) se cerraba en 11,3 millones de dólares (8,2 millones de euros), una cifra por debajo de su mínimo estimado (12 millones). La tela, propiedad del coloso energético alemán E.ON, salía a la venta para hacer caja y ayudar a seguir manteniendo sus actividades culturales. Y ha cumplido su objetivo económico. En 1980, el cuadro lo compró Veba AG (la compañía que acabaría fusionándose con la energética germana) por unos 500.000 dólares. Además tiene su particular historia. Pollock se lo cambió a la galerista Martha Jackson en 1954 por el descapotable con el que se estrellaría mortalmente dos años más tarde.

Más cerca en el tiempo, dos artistas vivos demostraron que continúan siendo objeto de deseo. Gerhard Richter vendió una de sus conocidas Abstraktes Bild de 1990 por 29,2 millones de dólares (21,3 millones de euros). Al parecer, su anterior propietario la adquirió durante 2012 en Sotheby’s por 17,4 millones de dólares. Así que le ha dado un pase nada desdeñable. Eso sí, quien ha estado muy activo en la sesión ha sido la galería Gagosian, tal vez la más poderosa del mundo. De hecho, pagaba (o pujaba en nombre de otro) 23,6 millones de dólares (17,2 millones) por If You, un esmalte sobre aluminio de gran tamaño (274,3 x 182,8 centímetros) de Christopher Wool, uno de los artistas que representa.

Para muchos, lo sucedido anoche en Nueva York fue, a su manera, un déjà vu. El pasado lunes la propia Christie’s organizaba, de la mano de Loic Gouzer, un experto de solo 33 años, otra subasta de arte contemporáneo con el provocador título If I live I’ll see you tuesday (Si estoy vivo nos vemos el martes). Se refería al riesgo de convocar dos pujas similares tan próximas en el tiempo. La jugada le salió muy bien. Vendió el 97% de los lotes y generó 134,6 millones de dólares (97,8 millones de euros). Nada menos que 16 artistas lograron su récord mundial. Nunca Peter Doig, On Kawara, Glenn Ligon, Richard Prince o Thomas Schutte habían adjudicado tan cara su obra. Es más, el desaparecido artista alemán Martin Kippenberg —después de una intensa puja de seis minutos— remató un lienzo fechado en 1988 por la inesperada cifra de 18,6 millones de dólares (13,5 millones de euros). El precio de partida era de nueve millones.

Este miércoles por la tarde Sotheby’s intentará dar respuesta también en Nueva York a las multimillonarias pujas de Christies’s, y para ello cuenta, entre otras piezas, con un Popeye de Jeff Koons, estimado en 25 millones de dólares, la obra Six self portraits (Seis autorretratos), firmada por Andy Warhol, que se valora entre 25 y 35 millones de dólares y el lienzo Blau (Azul), de Richter. ¿Será suficiente?

Por Miguel Ángel García Vega en El País.