8 septiembre, 2011

Caseríos con tejado de paja en Cordeville

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Laura Pais Belín

Autor: Vincent van Gogh.
Cronología: 1890.
Localización: Musée d`Orsay, París.
Técnica: Óleo sobre lienzo.

Van_Gogh_Chaumes_a_CordevilleArtista único y distinto a todos, Van Gogh fue casi desconocido o ignorado en vida, para finalmente convertirse con el paso del tiempo en uno de los artistas más famosos de la historia.

Pintor maldito, atormentado o simplemente incomprendido, su fama le llegaría después de su trágica muerte; fama que progresivamente se fue convirtiendo en auténtica leyenda. Su vida artística fue muy breve pero intensa, unos diez años desde sus inicios, pero hoy casi podemos afirmar que el corpus artístico que le dio su éxito tardío fue creado en los tres últimos años de su desdichada vida.

Genio natural y autodidacta, pasó de ser aprendiz a maestro en muy poco tiempo. Se puede decir que vivió cada momento de su carrera como si fuese el último, ya que pensaba que había llegado tarde a su vida de pintor y por eso para él cada instante era un duro aprendizaje.

Pero pese a todo su empeño nunca consiguió lo que buscaba. No logró su sueño de crear una comunidad de artistas que creasen un arte coral y diferente. No logró encontrar la felicidad en aquello que más amaba, la creación pictórica y nunca tuvo éxito ni discípulos que le siguiesen. Y aun así, su figura sin él quererlo, cambió por completo el transcurso de la pintura moderna.

Hijo de un pastor protestante y el mayor de seis hermanos Vincent van Gogh nacía en 1853 en un pueblecito holandés en el seno de una familia humilde. Desde muy joven mostró un fuerte y difícil carácter, que con el paso del tiempo desembocaría en una personalidad bastante inestable.
Con tan solo 15 años dejaría los estudios y decidió irse a trabajar a La Haya donde encontró un puesto en una casa de arte parisina. Gracias a este trabajo el joven se familiarizará con la pintura de Millet y la escuela Barbizon, pintura a la que siempre volverían sus ojos.

Pero el maestro no encontró su sitio en el mercado del arte y en 1876 lo abandona por completo con la idea de hacerse predicador. Hombre profundamente religioso lo  conseguiría aunque pese a su esfuerzo no pudo mantenerse en este oficio, y esto sería un profundo desengaño para el artista.

Desde el principio el arte siempre estuvo presente en su vida, nunca dejó de hacer dibujos de lo que veía alrededor y nunca dejó de interesarse por los grandes maestros de la pintura. Pero será definitivamente en la década de los años 80 cuando decida dedicarse a la profesión artística. Y será también en esta época cuando su hermano Theo comience a mandarle dinero, y con el paso de los años este dinero se convertirá en el único sustento de Vincent.

Al igual que seguirá manteniendo su correspondencia escrita, un envío continuo de cartas con su hermano, que serán el fiel reflejo de sus preocupaciones artísticas y personales, una comunicación que durará toda su corta existencia.

En 1884 se trasladará a Nuenen la pequeña localidad holandesa en la que vivían sus padres. En este momento su obra pictórica se centrará en la representación de la vida rural, con una clara influencia de Millet y una paleta oscura y restringida que nos acercaba a la pintura de Rembrandt y a los pintores holandeses del siglo XVII aborda interesantes lienzos. Pero tal vez lo más importante es que en estas obras logra que su técnica se afiance, una técnica muy empastada conseguida a través de una expresiva pincelada que deja su rastro bien visible en todo el lienzo, una característica que no abandonaría a lo largo de su carrera.

En marzo 1886 llegaría de forma inesperada a París, donde compartiría piso con su hermano Theo en el barrio de Montmartre. Gracias a las relaciones de su hermano conoció de forma directa a los pintores impresionistas y sus revolucionarias formas de utilizar el color. Entabló amistad con artistas como Toulouse – Lautrec y Emile Bernard,  y maestros consolidados como Cézanne, Pisarro o Seurat reconocieron su talento y sus grandes posibilidades.

En este ambiente encontrará lo necesario para  comenzar a cambiar su obra, el color de los impresionistas y el descubrimiento de la estampa japonesa, y a partir de estos dos elementos aprendió a solucionar de manera moderna sus problemas de composición, espacio y forma. Era una vía de expresión totalmente diferente.

Después de dos años, abandonaba la capital francesa; París no era suficiente para un  joven que nunca se había sentido cómodo en la vida urbana; la ciudad le abrumaba y asfixiaba y esto hacía que su carácter cada vez fuese más irritable y la convivencia con Theo se hiciese insostenible.
Sus energías, anteriormente exultantes por el ansia de crear, comenzaban a fallarle; sentía que necesitaba un cambio. Se ahogaba en París y decidió buscar una nueva vida en un lugar solitario y relajante lleno de colores vivos y luz pero también lleno de humanidad. Todo ello era necesario para poder seguir creando, y con esos anhelos llegó a Arlés. Su elección fue acertada porque allí encontró lo que buscaba, allí su estilo maduró por completo y allí quizás, en algún momento, encontró algo parecido a la felicidad.

Se instalará en la famosa casa amarilla, donde tenía el deseo de crear la comunidad de artistas. Y se entregó por completo a la naturaleza donde las formas se retuercen, se multiplican, se alargan y vibran, y de esta forma la traslada a sus lienzos. Partiendo de los postulados impresionistas su paleta de colores cambia, ya no muestra la realidad, siente a través de los colores, separándose plenamente del color local llena sus lienzos de una paleta profundamente subjetiva, arbitraria, a partir de aquí el color será símbolo de libertad y expresividad. Al mismo tiempo la pincelada se hace cada vez más libre, recupera el empaste. La luz invade toda su obra con una paleta de colores vibrante, logrando que sus pequeñas pinceladas empastadas se transformen en pequeños destellos de luz de gran fuerza creadora.

Audaz e ingenuo, impulsivo y tenaz destacó por ser un gran colorista pero eso no quiere decir que no le interesase la forma y la estructura del cuadro. Estudiaba, analizaba y preparaba su forma de abordar el cuadro, prueba de ello es que solía hacer dibujos a plumilla, y ellos eran el principio de los trazos enérgicos y libres que luego llenarían todos sus lienzos.

Durante este periodo el artista vivía para pintar, una obsesión que hará que su frágil salud mental se vea deteriorada. Su carácter poco sociable se volvió cada vez más excéntrico lo que hace que, después de fuertes crisis en 1889, entre voluntariamente en un asilo de enfermos mentales en Saint – Remy.

En sus intervalos de lucidez, Vincent seguía pintando, y aunque sus cuadros comenzaban a tener buena acogida en el Salón de los Independientes, ya era tarde para un artista que se sentía cada vez más perdido, cansado y fracasado.

Pero su agonía duró catorce meses más. El 20 de Mayo de 1890 Van Gogh llegaba a Auvers–sur–Oise, un pequeño pueblo cerca de París. Recién salido del asilo mental, llegaba allí en busca de salud y calma, con la sincera esperanza de comenzar una nueva vida y una nueva etapa en su trabajo de pintor. Pronto comenzó a crear de nuevo pero, a pesar de la productividad y del incipiente reconocimiento a su obra, Van Gogh estaba muy deprimido durante sus últimas semanas en Auvers.

En una de sus últimas cartas hablaba de cómo la pintura le estaba llevando a la destrucción. Y sabía que Theo con su sueldo mantenía a su propia familia, a él y a su madre. Vincent temió un futuro inseguro para todos y contó a Theo por carta que se sentía una carga para él y la familia. De esta manera sólo dos meses después de llegar Auvers, el 27 de Julio, se disparó un tiro de revolver que le causaría la muerte tras una larga agonía, en la madrugada del 29 de Julio. Tenía tan sólo 37 años.

Durante los setenta días que permaneció en Auvers, Van Gogh produjo más de setenta cuadros y una treintena de dibujos, una producción dominada absolutamente por los paisajes, se inspiraba en los viñedos, las casas o los campos de trigo.  La obra “Caseríos con tejado de paja en Cordeville” será su primer lienzo realizado allí.

Se sentía atraído por las arquitecturas rurales cubiertas por techos de paja, por la vegetación serpenteante y los cielos en continuo movimiento. Muestra, como era habitual en él, un encuadre fragmentario y muy cercano, las casas y los tejados son las protagonistas ya que desaparece por completo el elemento figurativo.

Pero algo ha cambiado: el luminoso amarillo que dominaba en las obras provenzales casi ha desaparecido; recurre a una paleta fría compuesta por verdes, azules y violetas que intenta traducir la inquietud de su temperamento. Con su pincelada vibrante y empastada pero abordada con pequeños toques y ejecutados a poca distancia entre sí, los árboles del fondo casi parece que cobran vida al mismo tiempo que el cielo ventoso parece que nunca parará de cambiar. Cada objeto del cuadro da la sensación de que está en continua transformación pero aun así la obra muestra una quietud que estremece, como si intentase mostrar un claro sentimiento de espera. A lo mejor el símbolo de una época, la del final de su vida, en la cual la soledad fue su fiel compañía, mostrando un ritmo pictórico armónico, personal  y subjetivo que sólo intentaba expresar y liberar su propio drama interior.

Al final de sus días acabó decepcionado con el mundo del arte, quiso encontrar un camino libre de expresión y dedicó su vida a ello, renunciado a la esperanza de ser comprendido, ya que no llegaría a ver como sus temas humildes y su forma de crear  penetraban de forma directa y cercana en el espectador. Con una mezcla perfecta de maestría técnica y una gran nobleza personal mostró sin querer un sentimiento de grandeza trágica que asusta, atrapa, inquieta y como nadie emociona.

Rebelde ante las reglas nunca buscó ser un revolucionario con intenciones intelectuales, sencillamente vivía para su arte y quería  llegar con él al ser humano. Artista incomprendido o gran mito de la historia del arte, es como se suele definir al gran maestro holandés, descripciones quizá demasiado pequeñas o sencillas para un genio quizá demasiado sensible y demasiado atormentado para el que su pintura única, pura y emotiva se convirtió en la única vía de escape de una vida inquieta y de un mundo donde nunca supo encontrar su sitio.