17 marzo, 2015

Arte, historia, cultura y seguridad

INTRODUCCIÓN

La reciente aprobación y publicación de una nueva Ley de Seguridad Privada –Ley 5/2014- (en adelante LSP), y el necesario desarrollo de su Reglamento correspondiente (en adelante RSP), son una gran oportunidad para dar el tratamiento que merecen, en términos de seguridad y prevención, al enorme y valiosísimo patrimonio artístico cultural español.

CASER es una entidad fuertemente involucrada en el aseguramiento de inmuebles y fondos de carácter artístico, histórico y cultural, dada su vinculación a las Cajas de Ahorros y Entidades Financieras, así como a la Obra Social y a las Fundaciones de las mismas, y, por la propia esencia de su actividad, una aseguradora absolutamente comprometida con la prevención y la seguridad integral de estos singulares activos.

En este sentido, la consideración de sujetos obligados por la LSP y el próximo RSP del conjunto de inmuebles, instalaciones y fondos de carácter artístico, histórico y cultural, de la exhibición y almacenamiento de dichos bienes, así como de su transporte, la contemplamos desde el sector asegurador como una exigencia, un imprescindible paso adelante para mejorar su nivel de protección, aumentando la sensibilidad del colectivo involucrado en su mantenimiento y custodia, de las autoridades y de la sociedad en su conjunto.

La actual inexistencia de un espacio normativo relativo a la seguridad, y la a menudo carencia de una conciencia integral de la gestión de riesgos de estos patrimonios, ha sido, y es, suplida por el entusiasmo, la dedicación y el sentido común de muchos profesionales particulares y de la administración, de entidades, mayoritariamente privadas, involucradas en las diferentes actividades económicas que genera este sector, y por las propias exigencias de los intereses mercantiles de dichas actividades.

Pero falta orden, sistematización, integralidad, sólidas referencias desde las que construir un espacio global que haga calar en la sociedad la imprescindible seguridad de estos valiosos patrimonios y que, por tanto, inculque profundamente la cultura de la prevención frente a los muy diversos riesgos que los amenazan.

Una mención especial al enorme, y esencial para nuestra cultura, patrimonio de la Iglesia, mayoritariamente en condiciones de seguridad precarias, tanto en lo que respecta a sus templos, conventos y edificios singulares, como a las obras de arte que albergan.

LA PERSPECTIVA DEL SECTOR ASEGURADOR

La actividad aseguradora en nuestra sociedad contemporánea está presente de forma muy activa en el campo del arte y la cultura, tratando de adaptar sus productos y servicios a sus especificidades. Y es que, siendo su función resarcir, o al menos minimizar, las pérdidas provocadas por determinados eventos sufridos por las personas y bienes objeto de sus contratos, cuando nos enfrentamos a bienes artísticos, históricos o culturales, topamos con una singularidad que destaca por encima de todas: el carácter único, irrepetible de los mismos.

La destrucción consciente de los ricos vestigios de la cultura mesopotámica, desgraciadamente de actualidad, a manos de los radicales islámicos, o la desaparición de tantas y tantas obras de arte centenario a manos de ladrones y depredadores, tienen una misma consecuencia: lo definitivamente perdido, lo destruido, es irrecuperable y, aún en el supuesto de tener esos bienes cubiertos por un contrato de seguro, las indemnizaciones que contractualmente se reciban a través del mismo no podrán resarcir a sus propietarios, y a la sociedad toda, de la esencia de tal pérdida.

De ahí que, siendo la seguridad una constante en la actividad aseguradora, ésta cobra una especial relevancia en este tipo de patrimonios.

Las variables que intervienen en el seguro, de bienes artísticos y culturales, como en cualquier otro seguro, son múltiples, (aunque aquí sólo nos detengamos en una de ellas, la seguridad); entre otras: los eventos que debe cubrir la póliza, los bienes –o las personas- a asegurar, los valores de lo asegurado, los criterios de determinación de esos valores, la concentración o dispersión de esos bienes, su mayor o menor exposición a los riesgos, y, por supuesto, los medios, los sistemas de prevención existentes, destinados a evitar la ocurrencia del siniestro, así como los dirigidos a minimizar los efectos del mismo cuando éste acontece.

La actividad aseguradora pasa indefectiblemente por el estudio de los riesgos, por su identificación, por su análisis, por la evaluación de los efectos de los mismos, buscando una cuantificación probabilística que permita determinar la viabilidad del contrato de seguro, su alcance y limitaciones, así como su precio.

Es por ello que, antes de llegar a la seguridad deseable de los patrimonios artísticos, históricos y culturales, es necesario detenernos a reflexionar sobre los riesgos potenciales que los amenazan. Riesgos de forma prioritaria amenazando a estos bienes, pero sin olvidar los que de forma colateral afectan a quienes deben responder por ellos, así como a los que disfrutan de los mismos, (más de 59 millones de personas visitan anualmente los museos españoles).

SOBRE EL RIESGO

Entendemos que el RSP debiera ser ambicioso en cuanto al alcance de los sujetos obligados por la LSP, alcanzando, por supuesto, a los inmuebles catalogados como Bienes Patrimonio de la Humanidad, así como a las ciudades cuyos conjuntos están clasificados asimismo como Patrimonio de la Humanidad, también al extenso conjunto de Bienes de Interés Cultural, tanto inmuebles como muebles y, naturalmente, a los edificios y contenidos adscritos a Patrimonio Nacional. Pero, aunque no se encuentren en la anterior catalogación, también al conjunto de:

-Museos
-Salas de exposiciones, (permanentes y temporales)
-Almacenes y depósitos de obras de valor artístico, histórico o cultural, tanto con carácter permanente como temporal
-Patronatos y Fundaciones albergando bienes de esta naturaleza
-Galerías de arte y salas de subastas
-Talleres de limpieza, conservación y restauración
-Las Reales Academias
-Las bibliotecas y los archivos históricos
-Cualquier transporte de bienes de valor artístico, histórico o cultural.

En relación a este extenso abanico de sujetos obligados, la variedad y magnitud de riesgos potenciales es muy extensa, y es inviable pretender ser exhaustivos, pues la imprevisibilidad siempre acompaña al riesgo. En las líneas que siguen detallaremos los más habituales en los análisis de los aseguradores al enfrentarse a este especial sector.
Aunque no todos ellos tienen cabida en el seguro, pues hay riesgos que por su naturaleza no son asegurables, algunos de ellos forman parte de esos análisis. Así, el deterioro natural de los materiales puede servir como ejemplo: es el caso de la descomposición de La Última Cena de Leonardo da Vinci, consecuencia de la propia técnica usada por el maestro, o la utilización de materiales perecederos en determinadas manifestaciones pictóricas y escultóricas modernas.

La primera dificultad aflora en el momento de clasificar los riesgos, dado que varían según la forma de aproximarnos a los mismos:

-Riesgos de daños materiales, o de daños a las personas. Igualmente, riesgos institucionales (afectando a la entidad)
-Riesgos de carácter ordinario (como el incendio o el robo), y de carácter extraordinario (catástrofes naturales, terrorismo)
-Riesgos de intensidad (poco frecuentes pero de consecuencias severas) y de frecuencia (más probables, pero de menor intensidad)
-Riesgos de origen accidental y fortuito, frente a riesgos provocados
-De ocurrencia súbita o materializados de forma paulatina, a lo largo del tiempo
-Riesgos de consecuencias medibles o de efectos imprevisibles y difícilmente cuantificables, (entre éstos los daños morales o el llamado riesgo reputacional).

El detalle de riesgos que figura a continuación es de carácter acumulativo y no responde a ninguna clasificación ordenada. Destaca los riesgos con mayor efecto potencial, incide de manera muy especial en algunos de ellos, de especial relevancia en nuestra sociedad actual, y no se detiene exclusivamente en las amenazas al propio patrimonio, sino que alcanza al entorno de personas e instituciones que se relacionan con el mismo.
-Riesgos de daños a los inmuebles de valor artístico, histórico y cultural.

El incendio sin duda ocupa un lugar de privilegio. Son incontables los ejemplos de siniestros de enorme magnitud con este origen, y evidente la vulnerabilidad de buena parte de estos edificios frente a este riesgo, en muchos casos consecuencia de su antigüedad, de sus materiales, de su disposición y de su propia técnica constructiva.
Pero no hay que olvidar otros riesgos igualmente de potencial dañino considerable, como los daños por acción del agua y/o por fenómenos climáticos, los daños estructurales por degradación del terreno, así como los inducidos por el propio desarrollo urbano de su entorno.

A destacar en este capítulo la incidencia de las catástrofes naturales, incontrolables y con una evolución preocupante en un entorno climático que está cambiando de forma acelerada. Nuestro país no está libre de estos efectos y hemos conocido en años recientes efectos devastadores provocados por terremotos e inundaciones catastróficas.

El robo y expolio de edificios y obras de arte provoca igualmente daños en estos bienes, y el abandono en el que se encuentra parte de este patrimonio favorece estos efectos, completando la acción inexorable del tiempo sobre bienes sin la más mínima atención.

No desdeñar, por último, los riesgos inducidos por las propias obras de remodelación, de restauración, de modernización de estos inmuebles. Algunos de las pérdidas totales de edificios emblemáticos, (históricos o no), tuvieron su origen en simples trabajos relacionados con la soldadura: Pabellón de los Descubrimientos de la Exposición Universal de Sevilla, el Palau de Barcelona, o el Palacio de los Deportes de Madrid.

-Riesgos afectando a las propias obras y a los fondos de valor artístico y cultural.

Los riesgos antes mencionados son aplicables asimismo a estos contenidos, cuando los efectos de los mismos alcanzan importantes dimensiones.
Pero estos bienes tienen aún una mayor exposición, tanto por sus características físicas, (son bienes muebles y a menudo frágiles y/o combustibles), como por su valor unitario, tanto meramente económico como emblemático.

La lista de riesgos a los que están sometidas estas piezas es enorme: incendio, daños por humo, robo, daños por actos malintencionados o por actuaciones negligentes, caídas, deterioro por deficientes condiciones de conservación, (humedad, ataque de hongos, desgaste por efectos naturales en obras a la intemperie, etc.), daños por efectos de inundaciones, sean naturales o como consecuencia de averías de instalaciones.

De especial relevancia los riesgos consecuentes al traslado y transporte de estos bienes. Entre centros de una misma institución, a o desde talleres de restauración o limpieza, cesiones temporales a terceros para exposiciones, el propio traslado en el momento de la adquisición, etc.

Estos movimientos originan riesgos en el momento del montaje y desmontaje, en su manipulación, están relacionados con su embalaje, con la forma de ser transportados, condicionados por el propio transporte y por las posibles estancias en almacenes intermedios.

Las características de cada obra, su fragilidad intrínseca, su antigüedad, su tamaño, su estado de conservación, son variables a considerar individualmente a la hora de valorar la exposición y la vulnerabilidad a cada tipo de riesgos en el proceso de manipulación y traslado.

-Además de los anteriores -los llamados daños propios en el lenguaje asegurador- hay que tener en cuenta la responsabilidad de centros, instituciones y personas, como propietarios, como cesionarios, como custodios, como profesionales a cargo de los muy diferentes procesos relacionados con estos inmuebles, con las obras o con los traslados realizados.

Es importante destacar que son locales a menudo con una gran afluencia de visitantes, no siempre dotados de las mejores condiciones que aseguren la evacuación e integridad de las personas. Por otra parte, inmuebles que en caso de accidentes de elevada intensidad, pueden afectar a otros locales, ocasionando elevadas pérdidas de bienes de terceros, tanto situados en su interior como en sus proximidades. Son conocidos casos recientes de incendios que finalmente han ocasionado mayores pérdidas por las reclamaciones formuladas que por los daños propios.

Un efecto colateral evidente es la responsabilidad de los gestores y responsables de estas instituciones, destinatarios de posibles reclamaciones en razón de sus funciones, sin olvidar el riesgo de reputación, de imposible cuantificación, pero de efectos devastadores en nuestra sociedad actual.

La pérdida de bienes de valor artístico, histórico y cultural, es catastrófica en sí misma, pero sus consecuencias sobre las personas y entidades que deben responder por ellos son igualmente destacables.

-Riesgos de fallos de los propios sistemas de seguridad. La creciente utilización de sistemas electrónicos en las instalaciones de este tipo, tanto en la climatización, iluminación, como en la propia seguridad, eleva por supuesto la adecuación de los mismos, pero hace aparecer un nuevo riesgo: la vulnerabilidad de estos sistemas frente a ataques al propio sistema por parte de terceros.

Sistemas usualmente con niveles elevados de protección frente a riesgos convencionales, pero, como toda la tecnología digital actual, posibles blancos de expertos electrónicos que pueden anular las protecciones de inmuebles y obras, dejándolas en una situación de absoluta indefensión si no se prevén planes de contingencia adecuados.

-Por último, y sin embargo de evidente importancia capital: riesgos personales, tanto para los trabajadores de estas instituciones, como para las personas que acuden a las mismas, a menudo en grandes concentraciones, no siempre de fácil control. Como en todos los centros abiertos al público, los aspectos de seguridad de las personas deben ocupar un lugar prioritario, sin olvidar que estos aspectos a menudo, por la propia idiosincrasia de muchos de estos inmuebles, requieren de soluciones imaginativas para hacer compatible garantizar la circulación fluida en cualquier escenario y el respeto por las características arquitectónicas de los mismos.

-No se puede acabar este capítulo sin subrayar dos riesgos que, aun no siendo emergentes, pues siempre han estado presentes, cobran hoy gran protagonismo:

A. Las ya mencionadas grandes catástrofes naturales, de enorme virulencia y afectando a inmuebles mayoritariamente no preparados de forma especial para resistir sus impactos. Aunque aquéllos de más antigüedad –catedrales, museos, palacios, etc.- han resistido el paso del tiempo y probablemente el impacto de fenómenos naturales severos, no hay que olvidar que nos enfrentamos a un entorno climático en evolución, en el que estos fenómenos alcanzan a menudo niveles superiores a los de los últimos siglos.

B. El terrorismo. El vandalismo de origen político, social y, sobre todo, religioso, es una constante de nuestros tiempos. Y estos patrimonios, a menudo símbolo de nuestra cultura e historia, son extremadamente vulnerables frente a estos irracionales ataques. Como tales símbolos, el efecto mediático de atentados a los mismos es extraordinario. Vulnerabilidad que afecta tanto a inmuebles singulares como a las propias obras artísticas. No es necesario insistir en ello, pero quede reflejada la importancia de este riesgo, destacado como uno de los potencialmente más críticos de amenaza a estos bienes.

Hablar de seguridad de bienes de valor artístico, histórico y cultural, implica tener en cuenta las particularidades de los mismos y no olvidar el contexto real en que se encuentran en la actualidad. Una posible normativa sobre seguridad debe tener en cuenta, por supuesto, unos mínimos que garanticen razonablemente su integridad, pero que sean efectivamente aplicables a las muy heterogéneas situaciones existentes.

En la actualidad, en el ámbito asegurador, al no existir un marco regulatorio en materia de seguridad, existen protocolos de toma de datos y de información mínima necesaria según los bienes a asegurar. Los análisis realizados con el propósito de formalizar un contrato de seguro, se acompañan muy frecuentemente de visitas de inspección de los locales y sus instalaciones, buscando la información que permita evaluar los diferentes riesgos potenciales. Esta información es diferente en función del tipo de bienes a asegurar:

-Inmuebles de valor histórico, artístico o cultural
-Almacenes permanentes o de tránsito
-Recintos albergando exposiciones temporales o permanentes
-Galerías, salas de subastas y talleres de restauración
-Medios de transporte
-Almacenes de embalajes y talleres de preparación de los mismos.

En cualquiera de los casos, desde nuestro punto de vista, ese marco regulatorio servirá para elevar los estándares de seguridad en todos los niveles y al tiempo será referencia que permita a los aseguradores mejorar su oferta de servicios al sector. Basándonos en la experiencia acumulada, entendemos que estos estándares de seguridad deben considerar:

1. Características de los inmuebles

-Tipo, catalogación y uso del mismo,
-Antigüedad,
-Características constructivas, (estructura, cerramiento, cimentación),
-Edificaciones colindantes,
-Compartimentación,
-Vías de circulación y escape,
-Flujos habituales de personas en su interior, máxima capacidad.

2. Características de las obras a proteger

-Tipo de obras: pintura, retablo, colección bibliográfica, escultura, relieve, joya, objeto decorativo, etc.,
-Material constitutivo, soporte y tamaño, (medidas, peso),
-Antigüedad y estado de conservación,
-Fragilidad,
-Ubicación habitual y características de dicho espacio (dimensiones, iluminación, humedad y temperatura; si está visible al público, frecuencia de visitas),
-Frecuencia de movilidad,
-Posibles vías de evacuación.

3. Características del transporte de las obras

-Embalaje, protecciones de la obra según sus características,
-Manipulaciones necesarias, sistemas y medios utilizados,
-Sistema de transporte, (vehículo, ferrocarril, transporte aéreo o marítimo),
-Características de dichos medios, nivel de adecuación a este tipo de transporte y a las características de lo transportado, procedimiento de carga y descarga, estiba,
-Plan de viaje, duración, transbordos, paradas y/o almacenamientos intermedios.
En función del análisis de características de los bienes a proteger, de los riesgos potenciales y de las posibilidades que pueden considerarse a partir de dichas características, se fijan los sistemas más adecuados en orden a su seguridad.

4. Sistemas de protección de inmuebles

-Panel o central de control y alarmas, conectado a central de seguridad y, en su caso, a fuerzas de seguridad. Incluyendo sistema de alarma en caso de caída o de desconexión del panel.
-Contra el riesgo de robo: protecciones de los puntos posibles de acceso, (rejas, puertas blindadas, detectores anti-intrusión en puntos clave, pulsadores anti-atraco), sistemas de video-vigilancia con registro y grabación de imágenes, alarmas automáticas y, según tipo de inmueble, vigilancia permanente. Conexión segura con panel de control.
-Anti-incendios: compartimentación, detectores de humo y de llama, medios manuales de extinción; según locales y obras a proteger, (almacenes), disposición de sistemas automáticos adecuados a las características de su contenido; señalización, vías de escape, pulsadores de alarma, conexión segura con panel de control.
-Sistemas de control de visitantes.
-Dispositivos de control y alarma de los sistemas de acondicionamiento ambiental: humedad y temperatura.
-Detectores sísmicos en zonas claves de la estructura, en particular almacenes, elementos estructurales y en puntos medianeros con otros locales.
-Iluminación de emergencia, carteles y señales
-Disposición de planos actualizados del inmueble, de su distribución y utilización de las distintas dependencias, de las vías de escape y salidas de emergencia, de los medios de seguridad existentes, de las instalaciones y equipamiento, así como de su alimentación de energía principal y de emergencia.
A prestar especial atención a talleres de limpieza y restauración, galerías de arte y de subastas, conteniendo, habitualmente con carácter temporal, bienes de valor considerable.

5. Sistemas de protección de las obras

En adición a las medidas de protección de los inmuebles de exhibición o almacenamiento de las obras, éstas, en función de sus características pueden precisar de medidas de protección individualizadas:
-Cristales y urnas de cristal de seguridad
-Sistemas de alarma conectados a dichas protecciones
-Detectores de rotura y de desplazamiento
-En su caso, vallas o rejas impidiendo la aproximación
-Según tipo de obra: limitación y control de visitas, vigilancia permanente en horario de exhibición
-Sistemas de sujeción adecuados a la ubicación, material, estado de conservación, tamaño y peso de cada obra
-Embalajes adaptados a cada obra en todos sus desplazamientos.

6. Protección durante el transporte

Además de las protecciones necesarias durante la manipulación, carga y descarga, el transporte propiamente dicho de las obras de valor artístico, histórico y cultural, deberá realizarse en vehículos especialmente acondicionados a la naturaleza de las mismas, dotados de sistemas especiales de amortiguación, estiba, acondicionamiento de atmósfera y temperatura. En función del valor de cada unidad de carga, debe reglamentarse el número de vigilantes de seguridad y los medios de defensa.
La responsabilidad y la organización de la seguridad durante el transporte a cargo de la empresa especializada contratada a tal fin.
En todos los casos, los traslados deben responder a una planificación metódicamente establecida, regulando las paradas, la vigilancia durante las mismas y los puntos de tránsito, los trasbordos y los almacenamientos intermedios.
Pero si importante es la regulación de los sistemas de prevención y protección que deben disponer estos bienes singulares, tanto o más es que el RSP regule la Organización, la Formación y los Planes de Seguridad y Emergencia. Sólo la combinación de medios, sistemas, (automáticos y manuales), y personas, con una completa organización y planificación, con un grado suficiente de capacitación y con la formación adecuada, puede garantizar un nivel de seguridad razonable.

7. Organización, medios y formación

Según tipo y características de los sujetos obligados por la Ley, el RSP deberá considerar la necesaria existencia de un Departamento de Seguridad, con responsabilidad sobre los medios y sistemas de prevención y seguridad. El alcance de dicho departamento deberá determinarse en función del tipo de inmueble considerado, del valor de las obras que alberga y del número de visitantes que recibe.

No es objeto de este trabajo el detalle de esta organización, pero no está de más dejar reflejado que ésta, en un nivel u otro, debería abarcar al conjunto del patrimonio de esta naturaleza, sin olvidar galerías, almacenes y talleres, en la medida que son depositarios de estos bienes. Tampoco, por supuesto, a la Iglesia, posiblemente uno de los puntos potencialmente más complejos de abordar, por estar muy lejos, en términos generales, de unos niveles adecuados de prevención en la actualidad, por ser su patrimonio uno de los más expuestos y por la propia dificultad práctica de lograrlo en muchos de sus edificios monumentales.

Apartado especial a considerar es el de la formación. El concepto de seguridad privada generalista no es aquí de aplicación, tanto por lo particular de los bienes en custodia como por la especificidad de los medios destinados a su protección.

Personal que debe conocer la problemática de inmuebles complejos y singulares, obras de altísimo valor y de una elevada exposición a daños, frecuentemente con flujos masivos de visitantes, sistemas en ocasiones sofisticados, que deben ser operados y mantenidos de forma experta, y necesariamente dirigidos por responsables de seguridad expertos y altamente cualificados.

8. Planificación de la prevención

Sistemas, medios, departamento de seguridad, son necesarios, pero también lo es una cuidada planificación de la seguridad, tanto preventiva como en caso de emergencia de cualquier naturaleza.
Esta planificación debe abarcar en situaciones convencionales:
-La conservación y conocimiento por parte del departamento de seguridad de los planos del inmueble, con sus diferentes dependencias, ubicación de obras, rutas de acceso y evacuación, instalaciones propias, incluidos los sistemas de seguridad.
-El control del funcionamiento y de las revisiones y mantenimientos de los diferentes sistemas de prevención.
-El conocimiento y la capacitación –incluyendo simulacros periódicos- ante situaciones de emergencia.
-El control del funcionamiento en todo momento de los sistemas de conexión con centrales de seguridad, comisarías de policía y cuerpos de bomberos.
-El establecimiento de protocolos de seguridad en los diferentes escenarios posibles: apertura al público, cerrado, durante la realización de trabajos –con o si personal externo, con o sin utilización de focos calientes- en el curso de operaciones de manipulación, carga o descarga de obras, y, por supuesto, en situaciones de emergencia.
-Hilando con el párrafo siguiente: consideramos estratégica la conexión y coordinación de los departamentos de seguridad con los cuerpos de seguridad del Estado y de bomberos.

9. Planes de emergencia

La existencia, el conocimiento y la práctica mediante simulacros de planes de actuación ante los diferentes eventos posibles, debe formar parte de la organización de seguridad de estos centros con carácter prioritario.
En buena parte de ellos se conjugan las variables más decisivas que pueden desembocar en una “tormenta perfecta”:
-Alta concentración de personas
-Inmuebles de elevada antigüedad, a menudo de fácil combustibilidad y de compleja compartimentación (dificultades de evacuación)
-Contenidos únicos y con una enorme concentración de valor, a menudo de muy difícil, si no imposible, manipulación rápida.
La rapidez y automatismo de la actuación del personal de seguridad, precisa de una planificación ordenada y metódica, y de periódicos y sistemáticos simulacros, que deben estar protocolizados previamente.
En este sentido, la mencionada conexión y coordinación con los cuerpos de seguridad del Estado y de bomberos, constituye una garantía en la reducción de los tiempos de actuación y por tanto de minoración de daños y pérdidas.
La disponibilidad por parte de estas fuerzas de los planos de los inmuebles singulares y de ubicación de las obras, acompañado de un conocimiento de los mismos por su parte, es un arma formidable en esa lucha contra el tiempo en casos de emergencia, en especial en aquéllos que exigen el desalojo urgente del inmueble y el salvamento de obras.

A MODO DE CONCLUSIÓN

El seguro es una actividad que no garantiza por sí misma la seguridad, es de hecho el último eslabón de la cadena de dicha seguridad, que actúa cuando ésta falla y se materializa alguno de los eventos incluidos en el contrato, persiguiendo aminorar las consecuencias económicas de los mismos.

Pero, precisamente a consecuencia de ello, es uno de los sectores más involucrados en la seguridad, en la prevención, en todas las medidas que pueden evitar o hacer más improbables dichos eventos. Las inspecciones de riesgos, la información sobre prevención registrada a lo largo del tiempo y, sobre todo, las conclusiones extraídas del análisis de los diferentes siniestros, de su variadísima casuística, permiten relacionar esas variables de la ecuación prevención-contrato de seguro.

Esto es especialmente así cuando nos aproximamos al mundo de los bienes de valor artístico, histórico y cultural, en razón de las particularidades de los mismos, en especial por su elevado valor, no sólo el meramente económico sino por su carácter de únicos, irrepetibles, testimonios de lo mejor de nuestra cultura y nuestra sociedad.

La protección de estos bienes, sin embargo, no está a la altura de esos valores en muchas ocasiones, y desde las distintas administraciones no se han hecho hasta ahora los esfuerzos necesarios para impulsar el hábito, la cultura de la preservación de estos patrimonios.

Hábitos que no se adquieren a través de leyes y reglamentos, pero unas y otros son la base desde la que elevar el nivel de seguridad que debe rodearlos, y un reflejo del valor que dichas administraciones, y por tanto la sociedad a la que representan, dan a su acervo cultural.

La LSP no ha dispuesto de un apartado específico dirigido a esta categoría de bienes, pero la posibilidad de que el RSP que ahora se prepara incluya como sujetos obligados a los bienes de valor artístico, histórico y cultural, es una magnífica oportunidad de avanzar en ese objetivo de mejorar la protección de los mismos.

Y ello en unos tiempos en los que dicha protección es más necesaria, por ser mayores los riesgos que los amenazan –terrorismo, catástrofes naturales, masificación de la cultura, etc.- y más elevados los niveles de exigencia de responsabilidad por parte de nuestra sociedad a los que deben responder por su conservación.

Marzo de 2015
SANTIAGO POZO PASTOR
PATRIMONIO BANCASEGUROS Y OPERACIONES ESPECIALES
AVENIDA BURGOS, 109 – MADRID – Tel: 912146560