26 noviembre, 2018

Bombas en los tejados y paredes desnudas: Así quedó el Museo del Prado durante la Guerra Civil

La Guerra Civil puso en peligro el patrimonio cultural: en otoño de 1936 el Museo del Prado inicio un tortuoso traslado de obras

1936. La Guerra Civil ha estallado y Madrid es el objetivo de las fuerzas sublevadas. Mientras el futuro del país se decide en el campo de batalla, su patrimonio corre peligro. El 30 de agosto el Museo del Prado cierra sus puertas y ese mismo otoño, comienza el traslado de sus obras.

En la celebración de su Bicentenario, el Museo dedica una sala al recuerdo de lo que sucedió durante aquellos años. «Esta es la única sala del museo que carece de pinturas», explica Javier Portús, museólogo y comisario de la exposición. Lo que hay en su lugar son dos grandes fotografías. «Una de ellas es una fotografía poblada de gente, poblada de espectadores que están mirando pinturas del Prado, y no están el Prado sino en Cebreros (Ávila), a donde llegó el museo circulante», explica Portús.

La República puso en funcionamiento esta muestra itinerante que acercó copias de obras de arte, de varios museos, a más de 170 poblaciones españolas. Los muros del Prado, tal y como atestigua otra fotografía, permanecieron desnudos. «Lo que muestra es una de las salas del museo completamente vacía y con la huella en las paredes de haber tenido allí colgados los cuadros», relata Portús. «Así es como quedó el museo durante la Guerra Civil».

Fuera de esas paredes, Madrid era escenario de la guerra. Nueve proyectiles, de los numerosos que llovieron sobre el Paseo del Prado, aterrizaron en el tejado del propio museo. «No se conservaron», lamenta Javier Portús, «pero un particular donó al museo un proyectil que había podido rescatar de las inmediaciones».

Las obras del museo vivieron su particular odisea. De Madrid fueron a Valencia; de ahí, a Barcelona y, después, a Figueras. Terminaron en las Sede de la Sociedad de Naciones, en Ginebra (Suiza). Entre ellas, pinturas tan célebres como «Las Meninas», de Velázquez, o «Los Fusilamientos del 3 de mayo», de Goya. Finalizada la contienda y tras un periplo de casi tres años, regresaron a la pinacoteca española sanas y salvas.

Por David del Rio para EL PAÍS