14 mayo, 2010

Aves muertas

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Laura Pais Belín

Localización: Museo del Prado
Autor: Francisco de Goya y Lucientes
Cronología: 1808-1813
Técnica: Óleo sobre lienzo

imagen_Joya_05Francisco de Goya y Lucientes, es considerado la figura culminante del arte español del siglo XVIII y una de las más grandes de la Historia Universal. A lo largo de su vida, su arte y su técnica no dejaron de evolucionar progresivamente, siendo especialmente fecundo en su vejez. Artista prolífero, destaca por la diversidad de su obra, pasando de los temas alegres y amables, a los más dramáticos y patéticos; desde un perfecto acabado del dibujo hasta la factura más suelta y deshecha; desde una paleta rica y clara a la presencia dominadora y abrumadora del negro. Todo ello convierte a Francisco de Goya en el gran artista que, adelantándose a su tiempo, introduce la modernidad en el arte español.

El maestro aragonés destacó por ser un gran observador de la realidad, y por ello nos  ha dejado inolvidables visiones de la vida española: desde el amable juego decorativo de sus cartones para tapices, hasta las dramáticas imágenes de sus  lienzos de madurez. También como bodegonista ha dejado en su madurez algunos ejemplos de una poderosa y enérgica fuerza.

La temática de la naturaleza muerta en la obra de Goya no era nada habitual, si bien es cierto que las primeras aparecieron como elementos singulares dentro de las escenas de caza de sus cartones para tapices, o incluso  dentro de alguna escena religiosa. Pero para ver bodegones como una temática independiente dentro de la obra de Goya tendremos que esperar al final de su trayectoria.

Al fallecer la esposa del artista, María Josefa Bayeu, aparecen en el inventario de los bienes de Goya doce bodegones. En la actualidad se han localizado once de ellos: uno sigue desaparecido y dos los posee el Museo del Prado, “Pavo muerto” y “Aves muertas”, que aparecieron en el mercado artístico de Madrid y Barcelona entre 1879 y 1900.
Al aparecer en el inventario de sus bienes y por el carácter de la obra, podríamos decir que pertenecían a la colección personal del artista y que probablemente no fuesen resultado de ningún encargo. No se sabe si estarían en su casa o el taller, al igual que no se puede asegurar el año de su autoría, pero normalmente se sitúan durante los años de la Guerra de la Independencia (1808-1813).

Estos bodegones son pintados en una etapa determinada: Goya atravesaba una crisis personal y colectiva. Había padecido una seria enfermedad y comenzaba a quedarse sordo. España vivía la Guerra de la Independencia. Eran tiempos agitados y críticos.

En este contexto, Goya se encaminó en su trayectoria hacia una nueva dirección, invadiendo el apacible y sosegado mundo del bodegón con una simplicidad cruda y directa.

El bodegón de Las aves muertas es ejecutado en una dramática época y es quizá por ello que no le interesa tanto mostrar la realidad o la belleza de los animales o de los objetos, como mostrar la crueldad de la muerte.

Incluso esta visión despiadada de la muerte en la composición de la obra, coincide en el tiempo con las composiciones de Goya vinculadas a la guerra, ya que la forma de amontonar las aves en el cuadro podría recordar a la composición  de los muertos amontonados en los Aguafuertes de los Desastres de la Guerra.

La composición está formada a través de los anímales que yacen junto a una tosca cesta, que lleva en la parte superior la etiqueta para el nombre del destinatario. Las figuras que componen el bodegón destacan  sobre un fondo neutro creado a través de la mancha con una técnica prodigiosa.

Muestra una pincelada muy personal, fresca, suelta; esa pincelada goyesca que, a veces, es mejor alejarse del cuadro para que las formas se mezclen en la retina del ojo, y otras veces es mejor acercarse para ir descubriendo los pequeños detalles.

Así, utiliza una pincelada corta, numerosa y rápida para mostrar el plumaje de las aves; y otras pinceladas largas y diferentes para crear los contornos de las patas o las cabezas.

Pintado con gran sobriedad, se caracteriza por un sobrio colorido, en el que predominan los negros profundos, el castaño dorado con atrevidas manchas blancas, amarillas y rojas, acompañado de un fuerte foco de luz que ilumina las aves, destacando el contraste cromático.

Después de analizar esta obra, podemos decir que Goya fue un hombre de su tiempo, pero su sorprendente personalidad y su carácter indómito le llevan a distanciarse de la dictadura artística de su época, avanzando con rapidez hacia nuevas concepciones estéticas. Casi todos los movimientos posteriores beben de su obra, como el realismo o el expresionismo; por lo que no es de extrañar que a Goya se la haya calificado como “el primer pintor moderno”.