15 julio, 2013

Asesinato de Prim, Entrega VI (Parte I)

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EL MAGNICIDIO: EL ASESINATO DE UN PRESIDENTE DEL GOBIERNO (VI)

NOTA PREVIA: Con la presente entrega se termina esta serie de trabajo histórico sobre el general Prim. De una forma muy sintética, el siglo XIX español se basa en las guerras de la Independencia, de la Emancipación Americana y Carlista, que cubren buena parte de la primera mitad del siglo; a continuación las andanzas políticas del general Prim que culminan con el desastroso Sexenio revolucionario y termina con la victoria democrática de Cánovas y Sagasta.
¿Con todo lo escrito se pueden sacar razones concluyentes sobre el asesinato de Prim como Presidente del Gobierno? Rotundamente no. Juan Prim y Prats fue una personalidad demasiado compleja, con muchos matices y que intrigó en muchos sectores ideológicos, nacionales e internacionales.

Pues bien esta columna se refiere precisamente a las conclusiones de este autor:

CONCLUSIONES

Expresar que al general Prim lo asesinaron los masones o alguna facción en concreto es decir demasiado, porque no hay pruebas y no parece que se puedan obtener algún día.

¿Alguien podría relacionar de forma fehaciente la relación de aliados de Prim para derrocar a Isabel II? En las entregas sucesivas hemos ido viendo algunos de ellos, pero hablar de “republicanos”, cuando no existía verdaderamente un partido de tal naturaleza, es no concretar nada, dado que había “unitarios” y “federales” y dentro de todo ello “socialistas”, “anarquistas”; “sindicalistas”, y un largo etcéteras, en donde lo único que tenían en común era su aversión a la monarquía.

Figura 1

Podemos iniciar una larga relación de aliados, como esclavistas e independentistas cubanos; unionistas que se habían sentido despreciados por Isabel II; estadounidenses que creían en las promesas de Prim de una Cuba próxima a ellos; unionistas que deseaban un cambio de dinastía; y por supuesto a todos los progresistas con sus múltiples facciones.

Todos ello se consideraron traicionados por el general Prim, pudiéndose decir que entre todos lo asesinaron.

Carlos Rubio, periodista y amigo del general, relata que la inmensa mayoría de los contactos del general Prim fueron con hombres que, aunque pertenecientes a una facción, lo que quería a la postre era disponer de parte de la “tarta” a repartir:

“Desde los primeros momentos en que nuestros trabajadores revolucionarios empezaron a tener alguna consistencia, muchas gentes se reunieron en conciliábulo, y sin pedir puesto en el combate, se distribuyeron los de la victoria.
Quién quería ser gobernador, quién cónsul, quién ministro. ”

La realidad es que a todos prometió Prim lo que pedía, a sabiendas que era imposible contentarlos.

Figura 2

Debió ser una persona agradable en el trato, con facilidad para hacer amigos, aunque probablemente él no los considerara como tal. Si analizamos la vida del conde de Reus, una cuestión sobresale sobre las demás, y son sus constantes viajes. Nada más terminar la guerra carlista y tras sus dos ascensos meteóricos hasta la caída del general Espartero, su existencia se convierte en un ir y venir: Granada, Melilla, París, Puerto Rico, Turquía, Méjico, Norteamérica, Londres, etc.
En uno de los viajes a París se enamora de una niña de diecisiete años, cuando él iba a cumplir cuarenta. No es extraño que la futura suegra no lo quisiera para su hija, no solamente por la edad, sino porque era para ella un aventurero, por mucho que ostentara los entorchados de mariscal de campo y el título de conde de Reus, añadiendo además que era un “muerto de hambre”, mientras su hija era riquísima. ¿Estaba enamorado Prim de doña Francisca Agüero?, probablemente no, porque solamente se conoce un amor en el general, un amor manifestado públicamente, hacia su madre, Teresa Prats Vilanova, la cual esposa y viuda de un notario, parece que disponía de algunas relaciones, consiguiendo que en la década de los cuarenta si hijo fuera exonerado de diversos cargos y castigos, entre ellos y como más importante, la conmutación del destierro durante seis años en las islas Marianas, el lugar más recóndito y lejano del fenecido imperio ultramarino español, por un extrañamiento en un pueblo de Andalucía y posteriormente su indulto. Probablemente si este destierro hubiera tenido lugar, la historia de la segunda mitad del siglo XIX español se hubiera escrito de diferente manera, porque el archipiélago se encontraba en pleno océano Pacífico, fuera de las rutas comerciales de todo el mundo.

Figura 3

La caída de Narváez posibilitó una cierta libertad para Prim, pero su constante agitación política, le iban a hacer caer irremediablemente de nuevo. En 1847 es nombrado por el gabinete de Joaquín María Pacheco, el general Fernández de Córdova como ministro de la Guerra, amigo personal del conde de Reus, decidiendo que para sacarlo de la corte era necesario enviarlo a un lugar distante y al mismo tiempo relevante, nombrándosele “Gobernador Capitán General de Puerto Rico y Presidente de su Real Audiencia”, un cargo generalmente ocupado por un teniente general o un mariscal de campo (que lo era Prim) de gran antigüedad.

En la isla se encontraba como 2º Cabo, o lo que es lo mismo segundo en el mando de la isla e inspector de tropas, al también mariscal de campo, Celestino Ruiz de la Bastida, mucho más antiguo que Prim.

El nombramiento se produce el 20 de octubre y en diciembre hacía su desembarco en San Juan. La referencia de Chamorro y Baquerizo al gobierno del vizconde del Bruch es bastante parca , como si el propio interesado tuviera poco interés en que se conocieran sus vicisitudes.

Figura 4

Tanto la hoja de servicios como la biografía del estado mayor general, del mariscal de campo Ruiz de la Bastida , es bastante más explícita. Este general fue enviado a la Isla en 1844, por lo que en 1848 ya se encontraba a salvo de las enfermedades tropicales que afectaba a todos los recién llegados, y de las que no pudo zafarse el general Prim. El reusense, a principios de enero de 1848 inició un viaje por el interior de la isla, dejando el gobierno y el despacho al 2º cabo. A su regreso ya se encontraba enfermo y en el mes de septiembre su salud dejaba mucho que desear, por lo que entregó definitivamente el mando en la Bastida.
Pero no fue en esa fecha la solicitud de relevo, dado que los capitanes generales, debían permanecer en el territorio y ejerciendo el cargo hasta que llegara su sucesor.

En el Archivo Histórico Nacional, existen unos voluminosos legajos relacionados con el gobierno de Prim en Puerto Rico. No consta la solicitud de Prim, pero sí el cese, firmado por Isabel II con fecha 3 de julio de 1848 y la comunicación al ministro de Justicia y Tribunal Superior de Justicia para el obligado autor de residencia.

El fiscal designado, don Alfonso Portillo Fernández, de la audiencia de Puerto Rico, remite con fecha 27 de noviembre de 1850, un extenso informe de más de setenta páginas, de las que se desprende que no fue ejemplar el gobierno del general Prim, las más de las veces arbitrario.

Figura 5

En algunas biografías del general se cita que fue destituido de su cargo de capitán general de Puerto Rico, lo cual no es verdad, sin que pueda decirse que se hubiera producido sino llega a solicitar su relevo. En la real orden de 13 de julio de 1848, dirigida al ministro de Justicia se especifica claramente que se le cesa por “enfermedad”.

¿Por qué fue designado Prim capitán general de Puerto Rico? Fernández de Córdova expone que lo hizo para alejarlo de la corte, pero existía una segunda causa, la de que pudiera recuperarse económicamente, dados los pingües beneficios legales y de otro tipo que se podían obtener en ultramar.

Poco pudo conseguir en el poco tiempo que permaneció de gobernador, sin que pueda descartarse que no recibiera algún donativo de los propietarios de esclavos de la propia isla de Puerto Rico y de la danesa (hoy norteamericana) de Santa Cruz, por su gestión en la represión de cualquier inquietud social por parte de los esclavos.

Figvura 6

La relación de Prim con su esposa doña Francisco Agüero no ha sido un tema muy tratado, pero se desprende que una de las causas del enamoramiento del general hacia una mujer a la que llevaba más de veinte años (tenía la edad de su suegra), era por el dinero de ella. Esta relación engloba la década de 1850, consumándose el matrimonio en París en 1856 .

En esta década la vida de Prim transcurre en buena medida en el extranjero, tanto en París como en Turquía, regresando a España a partir de 1856, sin que fuera llenado “el tonel” de sus “danaidas” . Ocupó la capitanía general de Granada, ascendido a teniente general y al final invitado a formar parte del ejército que iba a combatir en África.

La guerra de África lo convierte en un héroe nacional, no importa que no supiera nada de táctica y estrategia, era un general que tenía “valor”, que sabía ponerse al frente de unos batallones propios y sin importarle el número de bajas, caer sobre el enemigo. Entre los caídos al frente de su sección, mientras el lideraba el conjunto, se encontraba el teniente Celestino Ruiz de la Bastida, hijo de su segundo en el mando en Puerto Rico.

La apoteosis del regreso del héroe de Castillejos no tiene límites, pero Prim se siente preocupado por la situación de la fortuna de su reciente mujer en Méjico, enfrentado el país en una guerra civil entre el general Miramón, desde ciudad de Méjico y Benito Juárez en Veracruz, siendo ministros de éste familiares carnales director de doña Francisca Agüero.

Prim, elegido senador, se enoja en la Cortes y reclama enérgicamente dignidad para el pueblo mejicano. Aún cree poder salvar las propiedades de la familia, pero las deudas del estado mejicano con las naciones de Francia, España y Reino Unido, son cuantiosas. Los tres gobiernos reclaman y al final se deciden por una expedición militar que obligue al pago de ella, pero ¿a qué gobierno?, porque en realidad hay dos, uno en Méjico y otro en Veracruz.

Prim se desdice de lo expuesto en sus discursos parlamentarios y solicita del Gobierno español un puesto en la expedición que se lanzará contra la antigua colonia española. Las relaciones de la familia de su mujer con Eugenia de Montijo, que es como decir con el emperador Napoleón III, son tan fuertes que los franceses obligan a que el contingente multinacional sea comandando por el teniente general Prim.

Serrano, capitán general de Cuba en aquellos años y enemigo político de Prim, se adelanta a los acontecimientos, y mese antes de la llegada del ejército combinado envía una división española, contra Veracruz, al mando del general Gasset.

La llegada de Prim a Cuba y sus discusiones con Serrano hacen presagiar lo peor. La joven doña Francisca llega a la isla poco tiempo después para unirse a su esposo en el continente.

Figura 7

La situación es complicada. Prim hace uso de su cargo de comandante en jefe y de ministro plenipotenciario español para tratar directamente con el gobierno de Juárez. El tío de su mujer, ministro de Hacienda del gobierno de Veracruz, promete que las propiedades le serán respetadas, a cambio de un empréstito para los ejércitos de Juárez.

El general español se siente satisfecho: ha conseguido preservar su fortuna y aprovechándose de que los franceses querían instaurar una monarquía en Méjico y eso no estaba recogido en el tratado firmado, convence a los británico y deciden retirarse la operación militar. Don Juan Prim se convierte en un “amigo” de Méjico .
Los meses que transcurren entre la retirada de las tropas y el regreso a la Península, son en verdad un misterio, porque nos encontramos al general catalán en el Potomac, con el general MacClellan y posteriormente con el propio Presidente Lincoln. Sus relaciones fueron tan intensas que le permitió escribir un libro sobre las operaciones del ejército del Potomac en inglés.

O’Donnell, Presidente del Gobierno, tenía previsto sancionar a Prim nada más desembarcara, pero el segundo, conociendo lo que iba a suceder, mueve sus amistades, escribe a la Reina y le convence que lo efectuado es lo mejor para los intereses españoles, con el que O’Donnell no tiene más remedio que romper el proyecto de la real orden sancionadora.

Prim quiere el poder a toda costa e inicia una serie de convulsiones político militares que van a ser el eje de la vida española de la década de los sesenta. Cuando el dinero le falta, a última hora, para los traslados de los sublevados a España, recurre a enajenar las joyas de su mujer.

La revolución de septiembre de 1868, coincide en fecha con los gritos de independencia en Puerto Rico y Cuba, “casualidades históricas”. Con todos se alió para alcanzar el poder y a todos desengañó, porque era imposible contentarlos.

Por ello y como conclusión de estas reflexiones sobre el asesinato de Prim, no lo asesinaron, sino que él se suicidó, porque el engaño produce lo que le ocurrió.

Dr. Rafael Vidal
Coronel de Artª, DEM


El 10 de julio de 1099, fallece en Valencia, aquejado de altas fiebres, el más grande héroe español: Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Nuestro actual monarca, Don Juan Carlos I, es descendiente directo de tan insigne militar.