15 julio, 2011

Análisis de Andrés Martín y Domingo Bello ante el robo del Códice Calixtino

¿Qué hay que hacer ahora?

El Códice Calixtino falta del archivo de la catedral de Santiago. La Policía Nacional de la comisaría compostelana confirma que están investigando la desaparición del importante manuscrito del siglo XII, considerado con diferencia el más valioso de los códices que se conservan del Liber Sancti Iacobi. La obra de Compostela es, además, la más antigua de la docena que han llegado hasta la actualidad, de las cuales cinco están completas, mientras que las restantes son versiones parciales.

El códice compila en cinco libros o partes textos litúrgicos, históricos y hagiográficos del apóstol, destinados a promover la expansión de una devoción que ya comenzaba a traer peregrinos de toda Europa a Santiago, y un apéndice con obras de polifonía. Está considerado la primera guía del Camino, ya que uno de sus libros recoge con gran profusión información práctica para el peregrino, desde la localización de iglesias y los hospitales más importantes, hasta las fuentes de agua potable, pasando por la descripción de las costumbres y la apariencia de las personas que el viajero se encontraría en cada lugar a lo largo de la ruta desde Francia hasta Compostela.

La joya bibliográfica, la más relevante del rico patrimonio documental catedralicio, se guarda en una caja fuerte en dependencias del archivo, situado en una ala del claustro y al que no se accede libremente, y no se enseña salvo en ocasiones muy especiales, porque para consultas de los investigadores existe a su disposición un facsímil de la obra.

La última vez que se sacó de esta caja de seguridad pudo ser hace alrededor de dos meses, con motivo de la visita de personal del Ministerio de Cultura, según apuntaron algunas fuentes que no pudieron concretar quiénes eran los visitantes ni la razón de su interés por el manuscrito.

Visionado de cámaras
La Policía Nacional habla de posible hurto y asegura que no se han producido daños en el lugar en el que debería estar. Tampoco existe, según las mismas fuentes, una denuncia formal por escrito, lo que no es un obstáculo para que investiguen la desaparición. Las grabaciones de las cámaras de seguridad de la catedral están siendo visionadas.

Por otra parte, el canónigo archivero y deán de la catedral, José María Díaz Fernández, no confirmó ni desmintió el posible robo del manuscrito, por lo que tampoco se sabe cuándo detectaron sus responsables que faltaba.

La realidad supera con frecuencia a la ficción. La desaparición, extravío o pérdida del importante documento medieval, atribuido al monje cluniacense Aymeric Picaud, que acompañó al papa Calixto II ?de quien toma su nombre el Códice? en su peregrinación a Compostela hacia 1109, parece la trama de una de las novelas que últimamente han fijado la atención en la catedral de Santiago y su historia casi milenaria, porque los 800 años que se celebran este año son los de la consagración del templo románico levantado sobre la primitiva basílica.

¿Qué hay que hacer ahora?
Al terminar las batallas los integrantes del Estado Mayor del Ejército Estadounidense se reúnen y hacen una evaluación de sus errores. Tras analizarlos diseñan una estrategia nueva para que no se vuelvan a repetir. Los responsables de la Catedral compostelana , según los expertos, deberían ahora hacer lo mismo. Asi respondía el presidente de PROTECTURI, Andrés Martín, a las cuestiones que le planteaba LA VOZ DE GALICIA.

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Andrés Martín, presidente de PROTECTURI

¿Qué tendrían que hacer para mejorar?
Más allá  del desastre que supone la desaparición del Códice Calixtino y de la urgencia en buscar pistas para descubrir su paradero, es preciso plantearse seriamente la constitución de un departamento de seguridad capaz de proteger y conservar adecuadamente uno de los tres focos principales, junto a Jerusalén y Roma, de peregrinación del mundo cristiano e intercambio cultural de toda la humanidad.

¿Cómo ha de ser ese departamento?
El método que hay en la Catedral ha quedado en evidencia tras el robo y no se puede perder ni un segundo en subsanar los fallos. Todo para que algo como lo ocurrido no vuelva a repetirse. Es preciso dotarse de un método serio, desarrollado y atendido por especialistas y que cuente con los medios técnicos adecuados. La Conferencia Episcopal Española debería disponer de un departamento de seguridad central, lo que ahorraría costes a la hora de la puesta en marcha estos departamentos y unificaría la forma de actuar.

¿Cúal debería ser el análisis que habría que hacer?
Como parte de un conjunto histórico calificado como Patrimonio de la Humanidad y como centro de peregrinación mundial que es la Catedral compostelana, el primer análisis de partida que debería realizarse tendría que incluir preguntas importantes. ¿La seguridad que tiene la entidad se adapta al marco legal vigente en materia de este tipo? ¿Están las instalaciones debidamente protegidas y los mantenimientos se hacen de forma correcta?, ¿los empleados conocen como usar los medios que tienen?; ¿los recursos humanos, económicos, técnicos y organizativos para garantizar la seguridad son los adecuados? En el plan de seguridad y conservación, dice, tendría que hacerse un inventario de toda las obras de arte que hay para, entre otras cosas, comprobar que no hayan desaparecido otras piezas de menor valor, evaluar el estado de conservación, restaurar las que estén mal y protegerlas de forma adecuada.

¿Hay ejemplos que se podrían adaptar a la Catedral de Santiago?
Hay modelos que ya tienen otras catedrales y que podrían aplicarse, con unas adaptaciones, a Santiago. España tiene ejemplos variados. El cabildo de Zaragoza o la abadía de Montserrat poseen departamentos propios con personal especializado encargados de esa materia. Además, ayuntamientos como el de Madrid o comunidades como Murcia o Andalucía (con una ley propia al respecto) disponen de equipos especializados para controlar el estado de seguridad y conservación de los bienes históricos. Todos ellos pertenece a la Asociación para la Seguridad del Patrimonio Histórico PROTECTURI.

¿Pueden mostrarse obras de este valor o deben conservarse bajo llave?
Protegerlas adecuadamente  no implica que tengan que estar ocultas al público. Es preciso combinar protección y exhibición. La referencia podría ser lo que se hace en Guadalupe, en Cáceres. Ahí los volúmenes (hay una colección de más de un centenar de códices) pueden ser observados a través de cristales protectores. Estos están guardados con unas condiciones que permiten conservar perfectamente el papel y que no se dañe nada.

Otro análisis

Patrimonio común en manos privadas
Domingo Bello Janeiro

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El periodista Luis Pouza recogía para la voz de Galicia las consideraciones de Domingo Bello Janeiro, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de La Coruña sobre la responsabilidad legal de los propietarios y de las Administraciones públicas en la gestión y protección de los bienes del patrimonio cultural que, por su interés, reproducimos.

La desaparición del Códice Calixtino de la cámara acorazada de la catedral de Santiago ha abierto el debate sobre la conservación y custodia del valiosísimo patrimonio cultural que posee la Iglesia católica. Domingo Bello Janeiro, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de La Coruña, analiza la responsabilidad legal de los propietarios y de las Administraciones públicas en la gestión y protección de estos bienes y cuáles son las fórmulas jurídicas que permitirían compartir la custodia del patrimonio para garantizar su conservación y evitar sucesos como el ocurrido con el gran tesoro bibliográfico de la catedral compostelana.

El catedrático de Derecho Civil de la UDC explica que la fórmula legal para que la Administración ayude al propietario (en este caso la Iglesia) a conservar de forma adecuada sus fondos «ya está prevista en el artículo 5 de la Lei de Patrimonio Cultural de Galicia, cuando al señalar la colaboración de la Iglesia católica se dice que esta, propietaria de una buena parte del patrimonio cultural de Galicia, velará por la protección, conservación, acrecentamiento y difusión del mismo, colaborando a tal fin con la Administración en materia de patrimonio». Para ello, añade el especialista, se crea una comisión mixta entre la Xunta y la Iglesia católica «que establecerá el marco de colaboración y coordinación entre ambas instituciones para elaborar y desarrollar planes de intervención conjunta». Algo que en esta ocasión «parece bien claro que falló estrepitosamente al menos en lo que se refiere a las medidas de seguridad, a todas luces insuficientes y manifiestamente mejorables», matiza Bello Janeiro.

El jurista recuerda que en la Lei de Patrimonio (artículo 25) «se especifica, al aludir al deber de conservar, justamente esa necesaria colaboración o custodia compartida, pues, por un lado, se dice que los propietarios, poseedores y demás titulares de derechos reales sobre bienes integrantes del patrimonio cultural de Galicia están obligados a conservarlos, cuidarlos y protegerlos debidamente para asegurar su integridad y evitar su pérdida, destrucción o deterioro, y, por otro lado, se declara que los poderes públicos garantizarán la protección, conservación y enriquecimiento del patrimonio cultural de Galicia».

La colaboración de la Administración con el propietario particular puede permitir, como contrapartida, que esos bienes sean accesibles al público a través de diversas fórmulas jurídicas. «La firma de los convenios entre Iglesia y Xunta en su origen tuvo, ya en 1985, como objetivo complementario promover una mayor utilización ciudadana del patrimonio histórico de la Iglesia al margen de su estricta funcionalidad religiosa, a la vista de que el estado de deterioro de numerosos monumentos de dependencia eclesiástica está relacionado, según los expertos en restauración, no solo con la agresión ambiental del clima, sino también con la infrautilización que han sufrido», apunta el experto.

«La custodia compartida -explica el catedrático de Derecho Civil- tiene como contrapartida la responsabilidad también conjunta. Desde luego es necesario revisar los planes de la comisión mixta entre los representantes del Gobierno gallego y de la Iglesia católica para la protección y conservación de nuestro patrimonio histórico-artístico y, en su caso, depurar las correspondientes responsabilidades de todo tipo, pues el resultado ha sido nefasto incluso para nuestra imagen internacional».

En este tipo de convenios, ambas partes comparten las responsabilidades, según explica el jurista: «En los acuerdos entre Xunta e Iglesia no se restan en modo alguno atribuciones a ninguna de las dos partes, sino que se especifica que los presupuestos para su cumplimiento son elaborados por la Xunta y ejecutados por la comisión mixta, que además de estudiar las necesidades prioritarias para el mantenimiento del patrimonio eclesiástico, tanto mueble como inmueble, canaliza las ayudas públicas y las aportaciones privadas destinadas a estos fines».

La propiedad privada tiene, en el caso de objetos artísticos o de particular relevancia cultural, diversos límites, ya que su dueño no puede destruirlos, está obligado a conservarlos adecuadamente y su venta o posible exportación a otros países están reguladas. «En nuestra comunidad autónoma toda pretensión de enajenación o venta de un bien declarado o catalogado habrá de ser notificada a la Consellería de Cultura, con indicación del precio y las condiciones en que se proponga realizar aquella», aclara el catedrático.

La normativa, señala Bello Janeiro, incluso establece que las personas y entidades que se dediquen habitualmente al comercio de bienes muebles del patrimonio cultural de Galicia «llevarán un libro de registro legalizado por la consellería competente en materia de cultura, en el cual constarán las transacciones efectuadas, pero todo ello con una especial limitación para los bienes declarados y catalogados que sean propiedad de la comunidad autónoma o de las entidades locales, que serán imprescriptibles, inalienables e inembargables».

Al igual que la cesión de propiedades entre las diferentes Administraciones públicas se somete a control, la Iglesia tampoco puede legar sus bienes libremente. «Cuando los bienes estén en posesión de las instituciones eclesiásticas se regirán por la legislación estatal, en la que se especifica que los bienes muebles declarados de interés cultural y los incluidos en el Inventario general que estén en posesión de instituciones eclesiásticas, en cualquiera de sus establecimientos o dependencias, no podrán cederse a particulares ni a entidades mercantiles. Dichos bienes solo podrán ser enajenados o cedidos al Estado, a entidades de derecho público o a otras instituciones eclesiásticas», comenta Bello Janeiro.

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El Códice en datos

1 Antigüedad
Se trata de un códice del siglo XII en el que además del texto también tienen especial importancia las ilustraciones. Tiene un extraordinario valor como fuente de información sobre la peregrinación.
2  Tamaño
En el año 1964 fue encuadernado en un solo volumen incorporándole el libro de Turpín, que se había desmembrado y encuadernado aparte. Mide 30 por 21 centímetros y la caja en la que se conserva la escritura, 23 por 16.
3  Páginas
La obra consta de 225 folios de pergamino con paginación en números romanos, a los que se añade la arábiga en el reincorporado libro de Turpín.
4  Autor
El libro se atribuyó al papa Calixto II, y de ahí el nombre por el que es conocido. En la Edad Media era costumbre atribuir los trabajos a personalidades de gran relevancia para adornarse así con su prestigio.
5  Libros
El códice se divide en cinco libros: el primero tiene carácter litúrgico y recoge sermones y homilías. El segundo relata los milagros realizados por el Apóstol Santiago; el tercero recoge la traslación del cuerpo; el cuarto es el libro de Turpín, y el quinto, una auténtica guía de peregrinación.