19 marzo, 2013

Cuando el arte hizo la guerra a la guerra

 Una hombre observa la obra «Superstición», de Joan Miró

París ya no era una fiesta. La Ciudad de la Luz se apagaba lentamente. Los artistas abandonan los cafés y cabarets y se refugian, a la sombra de la Historia, en sus casas y talleres, cuando no eran llevados a cárceles, campos de concentración y psiquiátricos, o se exiliaban los más afortunados.

1940: Francia es derrotada por Alemania y comienza la Ocupación. Así empieza la desgarradora historia que narra la nueva exposición del Museo Guggenheim de Bilbao: “Arte en guerra. Francia, 1938-1947: de Picasso a Dubuffet”, patrocinada por la Fundación BBVA. Una historia de resistencia a través del arte, de cómo la creatividad artística ha ganado la guerra en medio de la desesperación más absoluta, de cómo la guerra no ha podido arrebatar a los seres humanos su creatividad. Quizás por eso, en esta historia de terror hay lugar para la esperanza.

“Una historia de resistencia a través del arte, de cómo la creatividad ha ganado la guerra”

A través de más de 500 obras de un centenar de artistas, y durante casi seis meses (hasta el 8 de septiembre), la muestra ofrece una completa panorámica del arte que se hizo en Francia en esa década oscura. Como en toda buena historia que se precie, hay héroes y villanos. A los primeros, la muestra les dedica lugares de honor durante el recorrido en la segunda planta del museo. Es el caso de Varian Fry, un periodista norteamericano que el Gobierno de su país envió a Francia para sacar del país a artistas e intelectuales extranjeros: Miró, Chagall, Dalí, Duchamp, Léger… Ayudó a escapar a dos millares.

Otro héroe es Joseph Steib, muy valiente en sus críticas nazis. Se la jugó ridiculizando en sus obras al mismísimo Hitler. El führer fue un artista fracasado que no logró entrar en la Academia de Bellas Artes porque no sabía dibujar una cabeza humana. Quizás por eso las exterminaba. Las mordaces críticas de Steib cuelgan en una sala de la exposición.

También muy valiente, la galerista alsaciana Jeanne Bucher, que acogió en su galería parisina el arte considerado degenerado por el nazismo: dio a conocer en Francia a Kandinsky, Nicolas de Staël… Además, ayudó a los que estaban en campos de concentración. Pero no faltan los villanos entre los artistas de la Francia ocupada: André Derain, Maurice de Vlaminck o Kees van Dongen, colaboradores del régimen.

“La atmósfera, como la que debía haber en la Francia de entonces, es opresiva, amenazadora”

La exposición, organizada por el Guggenheim junto con el Museo de Arte Moderno de la Villa de París y comisariada por Jacqueline Munck y Laurence Bertrand Dorléac, arranca con una revisión del gusto oficial de la época (escultura clásica, desnudos femeninos, naturalezas muertas, paisajes, temas religiosos). Se detiene en el surrealismo, movimiento premonitorio de lo que estaba por llegar. Se recrean en el techo de una sala los 1.200 sacos de carbón que Duchamp instaló en la Exposición Internacional del Surrealismo del 38. La atmósfera, como la que debía haber en la Francia de entonces, es opresiva, amenazadora. Cuelgan en las paredes obras de Magritte, Dalí, Tanguy, Masson, Delvaux… Maestros comoPicasso, Matisse o Bonnard trabajaban casi clandestinamente en sus talleres. Algunos se trasladaron a la zona libre del sur de Francia.

Artistas encerrados en campos de concentración

Pero la parte más desgarradora y emotiva de la exposición llega con las obras de los artistas que estuvieron encerrados en campos de concentración. Solo en Francia había 200. Entre 1938 y 1946 pasaron por ellos 600.000 personas. Algunos artistas, como Ernst, Bellmer o Wols, conocidos; otros muchos no. El arte como catarsis. Hacían obras, muñecas, juegos, con lo que tenían a mano: latas, cerillas, trozos de hierro… Hay historias conmovedoras, como la de la joven Charlotte Salomon, que murió en Auschwitz a los 26 años. Cómo imaginar que sus trabajos creados en aquel infierno colgarían años después en un museo. De algunos solo conocemos su nombre (Myriam Lévy), de otros ni siquiera eso.

“Muchos acabaron en los psiquiátricos, incapaces de superar el trauma”

En agosto de 1944 París es liberado. Pero las heridas permanecen aún abiertas, sin cicatrizar. Los artistas se rebelan contra lo establecido: Miró, Matta, Apple, Duchamp… Son los años de los aullidos pictóricos de Dubuffet, del arte salido de los psiquiátricos, donde acabaron muchos artistas, incapaces de superar el trauma vivido. En uno de ellos acabó Jean Fautrier, perseguido por la Gestapo. Desde su ventana veía cómo ejecutaban a los resistentes. Pintó en sus cuadros figuras anónimas, apenas reconocemos sus rasgos.

Lee Miller fotografió las ruinas de Saint-Malo tras un bombardeo. De aquellas ruinas cogió el artista Jacques Villeglé unos alambres con los que crea una escultura, presente en la exposición y que simboliza a la perfección esta trágica historia de muerte y resurrección. Al final de la muestra, una extraña criatura de larga nariz, enjaulada, creada porGiacometti, nos recuerda el lado más grotesco del ser humano.

Por Natividad Pulido de ABC.