29 septiembre, 2015

Zuloaga y Falla, amigos para siempre

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Una muestra en CentroCentro (Palacio de Cibeles) recorre la amistad y trabajos conjuntos del pintor y el músico

Ignacio Zuloaga y Manuel de Falla se conocieron posiblemente en 1910 en París. No hay, sin embargo, prueba documental de su relación hasta 1913, cuando el compositor solicita por carta a su amigo pintor una pequeña ayuda y consejos para la puesta en escena de La vida breve. En ese año se inicia el recorrido de la exposición organizada por el espacio cultural municipal CentroCentro, abierta desde ayer y hasta el próximo 31 de enero, sobre la Historia de una amistad, la del músico gaditano y el artista eibarrés.

La muestra no sigue sus pasos por separado, sino que se centra en su relación de amistad y colaboración profesional, de la que da fe un nutrido epistolario de más de 200 cartas entre 1913 y 1939. El feeling entre los dos nos habla además de una comunión de intereses entre los que sobresale la reflexión sobre España posterior al Desastre de 1898.

A lo largo de dos décadas, Falla y Zuloaga se encuentran en ciudades como París, Madrid y Granada. Tanta cercanía les anima a trabajar conjuntamente en un gran proyecto dirigido por ambos que tardará 15 años en llegar a buen término. Será en 1928 cuando representen El retablo de maese Pedro en la Ópera Cómica de París.

Uno de los espacios más vistosos de la exposición, organizada junto con CentroCentro Cibeles por el Museo Ignacio Zuloaga y el Archivo Manuel de Falla, con la colaboración de Acción Cultural Española, es el que recoge los dibujos y bocetos a color de la escenografía de aquella obra, así como cuatro cabezudos y siete marionetas de cruceta alemanas originales hechas por Zuloaga y Maxime Dethomas, pintor y amigo de Toulouse-Lautrec. Junto a todo ello, parte de la correspondencia del pintor acerca del viaje quijotesco que emprendió en 1927 para inspirarse.

El retablo de maese Pedro representó la culminación de una serie de colaboraciones marcadas en general por el interés social, todas las cuales se hallan ampliamente reflejadas en la exposición. En 1917 tiene lugar la inauguración del proyecto de Zuloaga de las escuelas de Fuendetodos en la casa natal de Goya. De 1919-1921 data el trabajo conjunto en la obra teatral basada en La gloria de don Ramiro, novela de Enrique Larreta.

Hubo más. En 1922 se produce la colaboración del artista guipuzcoano con el Concurso de Cante Jondo de Granada, organizado por Falla, Federico García Lorca y Fernando Vílchez. Ese mismo año se celebra la exposición de Zuloaga en el Museo de Meersmans de Granada, ciudad donde reside Falla desde 1920.

El último encuentro entre los dos artistas tiene lugar en 1932. El compositor acude a la inauguración del Museo de San Telmo, en San Sebastián, y se aloja en la casa que Zuloaga tiene en Zumaya. Éste realiza allí el conocido retrato de Falla que se popularizó enormemente en nuestro país al convertirse en la imagen de los billetes de 100 pesetas.

En la muestra, de acceso gratuito, están presentes tanto el boceto en el que Zuloaga trabaja especialmente la cabeza y el busto de su amigo como el cuadro ya terminado, unos años después, y con su fondo correspondiente.

Según Pablo Melendo, uno de sus dos comisarios, la exposición ha podido montarse gracias a los préstamos de obras por parte del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el Museu Nacional d’Art de Catalunya, el Museo Nacional del Teatro de Almagro, el Ayuntamiento de Granada y el Instituto Cervantes de París.

El otro comisario, José Vallejo, alma máter de la muestra, pone el acento en la sintonía intelectual de Zuloaga y Falla en un tiempo en el que España «necesitaba sobreponerse al pesimismo noventayochista en pos de una doctrina regeneracionista que buscaba, en los invariables castizos de los pueblos españoles, su verdadera esencia».

El recorrido termina con los dos últimos regalos que tuvieron ocasión de intercambiarse Zuloaga y Falla. El primero le obsequia con un carboncillo sobre papel que representa a Sancho Panza, uno de los trabajos para el montaje de El retablo de maese Pedro; el músico le corresponde con la partitura manuscrita de la misma obra, que le dedicará durante su estancia en Zumaya.

Entre ambos obsequios se exhibe la última carta intercambiada entre los dos artistas, la que le envía Manuel de Falla a su compañero de fatigas antes de comenzar su exilio en Argentina, donde pudo asistir al estreno de su suiteHomenajes en el Teatro Colón de Buenos Aires. En la ciudad porteña morirá el músico en 1946, un año después de que lo hiciera Zuloaga en Madrid.

Por P. Unamuno para El Mundo