12 febrero, 2014

Viaje al origen del ser humano

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Alcalá de Henares exhibe en “La Cuna de la Humanidad” vestigios de homínidos de Olduvai, que salen de África por primera vez

Por primera vez en la Historia, los más importantes hallazgos encontrados en el corazón de África, los relativos al origen del ser humano, cruzan las fronteras continentales y recalan en España. Más precisamente, en Alcalá de Henares, cuyo Museo Arqueológico Regional los exhibe hasta el mes de junio en una exposición con vestigios de homínidos y ajuares hallados en la africana Garganta del valle de Olduvai. Entre muchas otras primicias se muestran al público restos originales de un homínido que data de hace 1,36 millones de años, descubiertos hace cuatro por un equipo de científicos españoles en el enclave africano.

Este auténtico paraíso paleo-antropológico se encuentra situado al noreste de Tanzania, no lejos del célebre Serenguetti. Allí, desde hace dos décadas, trabajan científicos españoles como Manuel Domínguez-Rodrigo, formado en la Universidad Complutense y en la de Harvard, que codirige desde hace ocho años tan importante yacimiento hispano-tanzano junto con Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico de la Comunidad de Madrid, desde donde se centralizan las más importantes investigaciones.

Arqueólogos, paleontólogos, biólogos, geólogos, paleobotánicos, tafónomos —expertos en estudios deposicionales—, restauradores y, recientemente, químicos orgánicos, forman allí un equipo investigador plurinacional. Trabajan a las órdenes de Domínguez y Baquedano, mientras laboran en aquel valle africano que tiene forma de Y. Los esfuerzos de su equipo han convertido Olduvai en una “excepcional ventana para observar el fascinante origen del ser humano”, en palabras de ambos codirectores.

En territorio masai

La potencial riqueza paleo-antropológica de esta zona de la Tanzania profunda, en territorio de los ceremoniosos, itinerantes e inquietantes masai, fue columbrada en 1914 por exploradores alemanes Karwinkel y Otto Renck, y por Kohl Larsen, junto al cercano lago de Eyasi, en 1930. En 1935, el matrimonio formado por Louis S.B. Leakey y Mary Nichol prosiguieron las investigaciones en Olduvai, que continuaron en los yacimientos de Laetoli y Peninj. Allí conoció a la pareja britano-norteamericana Emiliano Aguirre, de 88 años, padre de la moderna paleoantropología española que da nombre a la estación científica hispano-tanzana, construida hace tres años con fondos del Gobierno regional madrileño y de la Junta de Castilla y León, cuyo Instituto de la Evolución Humana de Burgos dirige Juan Luis Arsuaga, presente ayer en la inauguración. El presidente regional inauguró ayer la exposición, en la que estaba presente el alcalde alcalaíno, Javier Bello.

Olduvai presenta la particularidad geológica de haber evolucionado tectónicamente de una manera insólita. De tal forma que, en un espacio relativamente reducido de unos 40 kilómetros, cabe apreciar la secuencia de la evolución de prehomínidos y homínidos, desde el Australopitecus al Homo ergaster, Homo habilis y al Homo sapiens, así como del entorno en el que moraron. Mediante complejísimos y dilatados procesos de adaptación al medio natural y en interacción con él, los ancestros de la Humanidad asentados en Olduvai asistieron a la sutil evolución de sus anatomías, de sus fisiologías y de su pedestrismo, ya bípedo. Así, la estatura, la complexión, el bastidor óseo y, sobre todo, la capacidad craneal de aquellos seres primitivos fueron desarrollándose y transformándose hasta adquirir proporciones —1.280 centímetros cúbicos de masa encefálica— semejantes a las de los seres humanos de hoy. Tales características eran ya aptas para el despliegue de funciones superiores propias de seres inteligentes. Primigenia fue la capacidad para fabricar a mano utensilios de piedra con los cuales construyeron armas para la caza. Aquel fue un proceso de una duración aproximada a los dos millones de años, plasmado en la casi milagrosa estratificación de un terreno lacustre cuya desecación dejó expresiones comprobables en las paredes de la cuenca que acoge los yacimientos.

Vestigios en el Caúcaso

Interés añadido presentan los hallazgos sobre los tipos de asentamiento adoptados por los homínidos de Olduvai, así como las migraciones que les llevaron a recorrer el continente africano y encaminarse hacia Eurasia, donde uno de sus principales vestigios fue hallado en Dmanisi, en el Caúcaso, a 90 kilómetros al sur de Tbilisi: tenía una edad de 1,3 millones de años. La exposición es un derroche de plasticidad gracias al esquema expositivo propuesto al público, en el que ha jugado destacado papel Mauricio Antón: él ha reconstruido la imagen de los paisajes donde se desenvolvió la manifestación originaria de la vida y de su evolución. El cineasta Javier Trueba ha filmado sobre el terreno las excavaciones. Numerosas reproducciones completan la exposición, como la del grácil esqueleto de Lucy, un homínido hembra al que se impuso tal nombre por su hallazgo en 1972, al calor de la canción de The Beatles Lucy in the sky with diamonds.

Hay también rótulas de elefantes, testuces de Pelorovis, bóvido de dos metros de cornamenta y osiconos, cuernecillos de jiráfidos como el Sivatherium. Todos ellos, junto con los restos de los homínidos que los cazaban, ”nos dan claves decisivas del proceso evolutivo humano”, dice Manuel Domínguez-Rodrigo.

Por Rafael Fraguas para El País