18 julio, 2014

Viaje al gran museo de la guerra

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Después de gastar 40 millones de libras, el Imperial War Museum de Londres reabre sus puertas en el centenario de la I Guerra Mundial

Existen dos maneras de contar la guerra. Una, a través de números y fechas, y otra, a través de los sentimientos. Los primeros se olvidan. Los segundos probablemente también, pero al menos resisten mejor el paso del tiempo.

El Imperial War Museum de Londresnunca ha tenido como afán bombardear al visitante con una amalgama de números y tecnicismos, sino más bien acercar el conflicto a un público general, niños incluidos . Y ésta perspectiva de abordar un tema, que enseguida puede quedar enfangado, ha liderado la profunda remodelación a la que se ha sometido el museo en los últimos años y que por fin verá la luz el próximo sábado.

Con motivo de la celebración del centenario del estallido de la Primera Guerra Mundial, el museo ha querido mostrar su mejor cara sometiéndose a una profunda renovación y ampliación en las que se han invertido 40 millones de libras. El patio central ha sido rediseñado y se ha añadido una exposición temporal de cuadros, «Truth and Memory», que ahonda en la relación del conflicto con el arte y en cómo la creación y la destrucción caminan juntas en los lienzos.

Un avión de combate Harrier y un misil V2 suspendidos en el aire reciben al visitante en el atrio de bienvenida, diseñado por Foster and Partners. En tierra, le aguardan un Land Rover de Reuters dañado por un ataque con cohetes en Gaza y un tanque T34.

Testimonios personales

Lejos de imponer una visión contemporánea de esa guerra, los responsables de la galería han dado voz a las personas que la vivieron en primera persona. En la planta baja, una amplísima sala alberga alrededor de 10.000 legajos personales, incluyendo cartas y diarios escritos por todo tipo de personas, desde amas de casa a soldados de Kent. Más allá de los libros de historia, la empatía con los hechos se logra gracias a la misiva de un combatiente desde las trincheras quejándose a sus familiares del aburrimiento, las ratas, los piojos y el frío. Tampoco deja indiferente a nadie la cartera de un soldado muerto en batalla con fotografías descoloridas de su esposa e hijos o el botón de la capa de un alemán que se le entrega a un soldado británico como recuerdo.

Mientras uno camina entre cascos, uniformes e incluso latas de comida, se escucha el sonido de las ametralladoras y las bombas. La mayoría de los objetos muestran la guerra desde el punto de vista británico. Sin embargo para el curador Paul Cornish lo más evocador es una sartén con un mensaje patriótico inscrito en alemán: «El ama de casa alemana sacrifica el cobre por el hierro». El cobre era un material de guerra muy preciado.

«Cada uno de los objetos que se expone da voz a las personas que los crearon o los usaron. Revelan las historias no sólo de destrucción, sufrimiento y pérdida, sino también de resistencia e innovación, deber y devoción, compañerismo y amor. Los visitantes podrán ver cómo era la vida en el frente, y experimentar qué se veía o qué sonaba en la guerra a través de la recreación de una trinchera».

El arte y la memoria del conflicto

Las armas, los carros de combate y los objetos personales compiten con una de las mejores colecciones de arte británico en el Reino Unido, «Truth and Memory: British Art of the First World War». Esta nueva galería reúne más de 120 obras de arte, incluyendo imágenes icónicas de Paul Nash o Percy Wyndham Lewis en torno a la Gran Guerra.
Con la muerte del soldado británico Harry Patch, en 2007, quedó sepultada la memoria humana de uno de los episodios más terribles de la historia de la humanidad. El último veterano vivo, de los miles que lucharon en la Primera Guerra Mundial, se llevó con él los recuerdos que el sábado resucita el Imperial War Museum.

Por Ana Mellado para ABC