19 mayo, 2014

Viaje a un siglo de arte iberoamericano

miroir

Un asomo al arte iberoamericano de los últimos cien años en 127 obras. Pero ¿qué es Iberoamérica? Es un concepto decimonónico con una carga ideológica, geoestratégica, “muy poco cultural”. Pero que sirvió en su momento para dar visibilidad a un continente cuya modernidad artística había sido estigmatizada por la crítica anglosajona como una copia de la original que irradiaban los centros hegemónicos culturales. “Por esa visibilidad de conjunto hemos apostado por el término iberoamericano, sin paternalismos, aun sabiendo las enormes diferencias que puede haber entre un artista argentino y otro cubano, por ejemplo. Y por eso arrancamos la exposición con Torres-García y su defensa del arte latinoamericano y su particular reinterpretación de las vanguardias”, explica el crítico de arte Fernando Castro, comisario de la muestra Arte Iberoamericano en la colección del IVAM, inaugurada en Valencia.

La exposición, puesta en pie por la que ya es exdirectora del museo, Consuelo Císcar, que dejó el cargo a primeros del mes de abril, está bajo el influjo del artista uruguayo Joaquín Torres-García (1874-1949). Él hizo célebre aquella frase de “nuestro Norte es el Sur” que sintetizaba su mirada crítica hacia el arte occidental y su propuesta de apropiación de los valores autóctonos, en su búsqueda de las conexiones entre Europa y América. Sus obras constructivistas abren el recorrido expositivo firmado por relevantes artistas latinoamericanos de los últimos cien años, como el chileno Alberto Matta, el cubano Wifredo Lam, los argentinos Horacio Coppola, Guillermo Kuitka o Alberto Greco, los brasileños Eduardo Kac y Sebastián Salgado, o los mexicanos Alvarez Bravo o Hermanos Mayo.

La panorámica no es exhaustiva, ni puedo serlo, ni el propósito es antológico. La idea es poner en valor la colección de arte latinoamericano que el Instituto Valenciano de Arte Moderno ha atesorado a lo largo de sus 25 años que celebra este 2014.

No en vano, “el IVAM fue el primer museo en España en organizar exposiciones de artistas latinoamericanos de primera fila y en comprar antes del boom, aunque no tuviera una línea de actuación sistemática”, señala Castro. “Pero por su visión internacionalista apostaba a mediados de los noventa por artistas como el brasileño Cildo Meirelles, que después gana el premio Velázquez y lo llaman de la Tate Modern o del Reina Sofía”.

En los años ochenta del pasado siglo, el interés en España de los museos, de los coleccionistas y de las galerías por el arte latinoamericano “era prácticamente nulo”, incide Castro. ¿Y por qué? “Creo que nos pilló fuera de paso, en un momento en que había que hacerse europeos y dimos la espalda al arte de América Latina. Hoy nos rasgamos todos las vestiduras. Hemos perdido posibilidades para ser el país referencial y puente entre América y Europa, aunque se intente recuperar terreno. Ahora hay patronos latinoamericanos en centros como el Moma o el Reina Sofía, creadores y curadores trabajan en los principales museos y la feria de arte contemporáneo más importante de los países hispanohablantes es Miami Basel”, razona el crítico.

Doscientas sesenta y dos obras de 41 creadores latinoamericanos conforman los fondos del museo, de los que se han seleccionado 127 piezas, entre pintura, fotografía, tipografía, escultura, vídeo, diseño e instalación, para conformar la exposición del IVAM abierta hasta el 13 de julio.

Alrededor de un 20% de las piezas expuestas son inéditas. La muestra ha impulsado la investigación y documentación de todos los fondos y la confección de un catálogo on-line, además de la recuperación de diversas obras. El montaje renuncia a hacer pedagogía, si bien tampoco rompe del todo el orden cronológico, para establecer asociaciones y conexiones nacionales de todo tipo.

La representación de las máscaras primitivas conviven con las máscaras cibernéticas de Kac; las visiones de los arquetipos latinoamericanos de Martín Jiménez Chambi con la niña indígena de Jorge Pineda, que denuncia la explotación sexual; el Buenos Aires borgiano fotografiado por Coppola con el de la pintora y crítica Norah Borges, hermana del escritor y compañera ultraísta del poeta Vicente Huidobro, presente en la muestra; los impactantes retratos intimistas de Humberto Rivas y los fotomontajes surrealistas de Grete Stern; los vídeos sobre torturas de Graciela Taquini en el final del recorrido y el grito contra la violencia de Limber Vilorio, que se puede apreciar en el vestíbulo del Instituto Valenciano de Arte Moderno.

Trato especial a Alberto Greco

Pero si hay un artista al que la exposición le dedica un espacio preferencial es Alberto Greco (Buenos Aires, 1931-Barcelona, 1965). Visionario y pionero del performance y del arte conceptual en España, puso en práctica un tipo de intervención que denominaba “vivo dito o arte vivo”. “Es un artista a reivindicar, como ya hizo Quico Rivas en el IVAM. Ahora que vuelve el performance… Hace 52 años, se fue a un pequeño pueblo de Cuenca, cogió un burro y dijo que eso era arte. Se fue a Roma y se retrató como una monja barbuda, con la barba hipster que ha puesto de moda en Eurovisión Conchita Wurst”, explica Castro, frente a los cuadros y las fotos de las acciones de Greco, colgados en un fondo de la rectangular sala de la Muralla, que alberga los vestigios de una antigua fortificación árabe.

El comisario de la exposición, en cuyo montaje ha participado la conservadora del museo Teresa Millet, concluyó tributando un “homenaje” a los profesionales del IVAM que han construido la colección de arte latinoamericano a través del tiempo.

Por Ferrán Bono en El País