1 marzo, 2012

Venus del Espejo

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Laura Pais Belín

Venus del Espejo

Autor: Tiziano.
Cronología: Hacia 1555.
Técnica: Óleo sobre lienzo.
Localización: National Gallery de Washington.

El siglo XVI conocido como el Cinquecento es uno de los periodos más famosos del arte renacentista, convirtiéndose desde sus inicios en una época de gran esplendor para la pintura italiana. En ella los logros del siglo XV se diluían y compenetraban con los nuevos avances de toda una serie de artistas de primera orden que buscaban una evolución extraordinaria en las artes plásticas.

Tres grandes ciudades seguían compitiendo por ser los grandes focos artísticos Roma, Florencia y Venecia, y en todas ellas se percibían los increíbles cambios que afloraban en la pintura. Cambios que muy pronto definieron el estilo pictórico de aquel siglo. El color comenzaba a utilizarse de manera más suelta por lo que el dibujo perdía su gran hegemonía. Las formas se diluían debido a los juegos de las sombras y los difuminados de contornos. Y mientras que la luz adquiría un gran protagonismo, la obsesión por la perspectiva iba desapareciendo por una búsqueda de naturalidad.

En definitiva se dejaba atrás el minucioso y preciso arte del primer renacimiento para dar paso a un arte pictórico de plenitud atmosférica y técnica suelta donde la luz y el color se fundían plenamente.

Pero si hablamos del protagonismo del color, habrá una escuela que destaque sobre todas y esta será la escuela veneciana, para ella el color siempre prevalecería sobre el dibujo. Y sólo con el paso del tiempo y los avances, la pintura dejaría de ser una cuestión de dibujo y color para buscar sus propios logros en todo tipo de leyes y recurso técnicos.

Venecia próspera, arrogante e importante centro comercial, supo mantener su esplendor frente al tenso panorama que vivía el resto de Italia a principio de siglo, alejándose de la crisis económica gracias a su habilidad política y su estrecha relación comercial con Oriente. Por eso no es de extrañar que su arte mostrase un aspecto diferente, una fuerza serena y una equilibrada sensualidad que intentaba representar el goce de la vida.

Fue cuna de grandes maestros y entre ellos sobresalió la figura de Tiziano cuya increíble versatilidad le hizo brillar con luz propia en todo el panorama artístico. Igualmente capacitado para realizar retratos, paisajes como escenas mitológicas o cuadros de temática religiosa, fue considerado el artista más influyente de su época.

venus-del-espejo-foto1A lo largo de más de sesenta y cinco años de carrera su éxito fue rotundo y su genialidad abrumadora, y prueba de ello es que entre toda su clientela y patronos se encontraba una gran representación de la nobleza italiana, del Estado de Venecia, el papa Pablo III o los reyes de España y Francia. Llegando a igualar en fama al mismísimo Miguel Ángel, ya que si éste destacaba por ser el gran genio del dibujo, Tiziano se proclamaba el gran maestro del color.

De temperamento apasionado y fuerte pronto supo independizarse de las influencias técnicas que le rodeaban para crear su propio estilo, su propia personalidad técnica, ya que gracias a su audacia y libertad en el toque, logró que el color y la pincelada se convirtiesen en su medio expresivo.

Fascinó a sus contemporáneos por sus geniales dotes para el retrato, sus retratados parecían misteriosamente vivos, con sus miradas intensas recreaba sus rasgos psicológicos y los complementaba con sus vestimentas y los escenarios elegidos para representarlos. Con todo ello el maestro confiaba que sus retratados siguiesen vivos a través de su arte. Concibió un tipo de retrato opulento, solemne, de profunda carga psicológico, por ello no es de extrañar que todos los hombres poderosos compitieran por ser pintados por el gran artista, y el supo utilizarlo para entrar triunfalmente en los ambientes más prestigiosos.

Aunque hoy en día se sigue dudando su año de nacimiento, lo que se sabe con certeza es que Tiziano Vecellio nació en la localidad de Piove di Cadore, en los Alpes Vénetos, en el seno de una familia que gozaba de un elevado estatus social. Era el cuarto hijo de un distinguido concejal y militar, y aunque en su familia no existían antecedentes en el campo del arte, a la edad de 10 años, Tiziano y su hermano mayor, acudieron a Venecia para aprender el arte de la pintura en el taller de Sebastiano Zuccato.

Artista precoz en el transcurso de tres o cuatro años, debido a su incipiente talento logró entrar en el estudio del artista más reconocido de la ciudad el del venerable pintor Giovanni Bellini. Donde entraría en contacto con Sebastiano del Piombo y Giorgione, dos jovencísimos talentos por los que se sintió fascinado. A partir de este momento la luz, el color, el paisaje y las diferentes relaciones entre estos elementos serán los objetivos del joven Tiziano.

En esta primera etapa de formación las influencias del joven Giorgione y el maestro Bellini se complementan en su obra. La asimilación del estilo de Giorgione será tal que cuando este fallece debido a una epidemia de peste Tiziano será el encargado de finalizar algunos de sus trabajos, por ello sus obras juveniles muchas veces se confundan.

La fama de Tiziano irá en aumento, lo que hace que en 1513 reciba la invitación del papa León X para instalarse en Roma. Y aunque la invitación era muy tentadora el maestro veneciano prefirió no arriesgar y no moverse en el competitivo mercado romano. Ese mismo año abriría su primer taller en el barrio de San Samuele de Venecia y este sería el principio de una prometedora carrera. Así tres años después iniciaba una estrecha relación con Alfonso I d’Este, duque de Ferrara, convirtiéndose en uno de sus primeros clientes importantes, con él llegaron los grandes encargos y de esta manera no sólo se hacía un hueco en el mercado artístico sino que lograba ser el primer pintor de Venecia.

En 1523 entablará relaciones con un nuevo mecenas Federico Gonzaga, duque de Mantua, uno de sus mejores clientes y la persona que le pondrá en contacto con el emperador Carlos V en 1530, tan sólo tres años después realizaba un retrato del monarca, que le abrirá las puertas de la corte. Tiziano era nombrado pintor de Corte, al tiempo que se le concedían los títulos de conde palatino y caballero de la espuela de oro. Pero aun quedaba un tercer gran promotor que llegó a su vida en la década de los años treinta, Francesco Maria della Rovere, el duque de Urbino, y con él los encargos proliferaron y su estilo maduró. A partir de aquí y en los próximos treinta años, los pinceles de Tiziano ya sólo retratarían a los miembros de la élite social e intelectual.

Era el inicio, aun si cabe de una trayectoria imparable, ya que en los años cuarenta daba un paso más al triunfar en Roma y realizar el retrato papa Pablo III, para poco tiempo después crear uno de sus obras más impactantes el retrato ecuestre de Carlos V en la batalla de Mühlberg, poco después llegarían los encargos de Felipe II.

En agosto de 1551 regresará definitivamente a Venecia. Tiziano ya no abandonará su tierra natal pero, sorprendentemente algo había cambiado, se sentirá cada vez más desvinculado artísticamente de ella y no recibirá ningún encargo público de importancia, mientras que sus trabajos rechazados los dejaba en manos de Tintoretto y Veronés.

Pero todo tenía una clara explicación, su dedicación exclusiva a la casa de Austria, convirtiéndose Felipe II en su mejor cliente. Entre 1553 y 1562 Tiziano recibe un importante encargo del futuro monarca español, pintar toda una serie de cuadros mitológicos para decorar un hipotético camarín privado del príncipe. En él se encontraban uno de los principales conjuntos de obras mitológicas de todo el siglo XVI. Calificadas por el propio Tiziano como “poesías” se refiere a obras inspiradas en textos literarios de la antigüedad, normalmente de la “Metamorfosis” de Ovidio.

Mientras que las realizaba, ejecutó también varios asuntos mitológicos protagonizados por Venus, entre ellos destaca “La Venus del espejo” ya que aunque se cree que debió de haber más versiones es la única de autografía indiscutible que se conserva y porque en ella el maestro creará un asunto totalmente original como es el de “La toilette de Venus” sin ningún precedente anterior. La obra se halló en el taller del pintor en el momento de su muerte, y es probable que el artista la conservase par él, orgulloso y satisfecho de su perfecto acabado.

En ella Venus recortada sobre un fondo neutro aparece semidesnuda, sentada en el lecho admirando su bella figura en un espejo que sujeta un amorcillo, mientras otro procede a coronarla con una guirnalda de flores. La diosa aparece en un momento íntimo y de forma púdica intenta cubrir parte del pecho con la mano y el pubis con un rico manto bordado, destacando de esta forma la figura por su cálida y poderosa sensualidad.

La luz resbala por la blancura de su piel, mientras que los amorcillos quedan algo más oscurecidos. El dibujo nos muestra y aclara las formas para así poder añadir un efecto atmosférico a la composición que parece difuminar los contornos. Su pincelada es cada vez más rápida, sin mostrar tanto detallismo, mientras que la paleta de colores utilizada en los ropajes se llena de viveza.

Utiliza de forma magistral la luz, los colores y el aire para unificar la escena. Y ser técnicamente perfecto a la hora de mostrar la suavidad de la piel y la gracia flexible de las telas. Los colores son cálidos y cada uno de los pequeños detalles es modelado por una certera y envolvente luz con la que crea un ambiente acogedor y cercano.

No nos olvidemos que el maestro fue uno de los grandes intérpretes del desnudo femenino y en esta obra podemos encontrar su ideal de belleza figurativa armonizada entre la serenidad compositiva y las vibraciones cromáticas que proporcionan los amplios planos de color. Una obra donde la acción y la fragilidad se mezclan a través del jugueteo de los amorcillos y la delicada mirada de Venus, que aunque sea a través del espejo nos invita a entrar en la escena.

Sería en esta época, a mediados del siglo XVI, cuando Tiziano comenzó a experimentar con la técnica que caracterizaría el último período de su producción y que marcaría un nuevo giro en su obra. A medida que su arte maduraba su técnica de óleo se hizo más audaz y expresiva, la textura, la marca del propio gesto del pintor, no sólo a través del pincel sino con sus propios dedos dan vida a la superficie del cuadro, y con ella logra una increíble carga emotiva.

En su larga y dilatada carrera su estilo no paró de evolucionar y siempre se caracterizó por el uso del color, vivo y luminoso, con una pincelada suelta que con sus finas modulaciones cromáticas se adelantaba al arte posterior. Llegando a evolucionar de tal forma que muchas veces nos cuesta entender que sus obras más tempranas marcadas por un regio clasicismo veneciano y sus últimas composiciones creadas a través de toque s ligeros y manchas hayan sido creadas por el mismo artista.

Durante una de las numerosas epidemias de peste que sufría Venecia, Tiziano Vecellio fallecía de vejez el 27 de agosto de 1576. Venecia se despedía del eterno maestro del color y la luz con solemnes honores en la basílica de San Marcos. Mientras que el testigo de su particular estilo sería recogido por su rival, Tintoretto, y continuado posteriormente por los grandes maestros de la siguiente generación: Rembrandt, Rubens y Velázquez.

Para todos ellos el artista veneciano destacó por su capacidad para trasmitir los diferentes matices de la luz y llegar incluso a captar las vibraciones del aire. Consiguiendo con la representación de la propia atmósfera que el espacio en sus cuadros pareciese habitable.

Toda su trayectoria fue una pura lección de maestría e incansable genialidad, un artista creador que quería escapar de la copia de la realidad, logrando dar vida a todo lo que representaba. Quizás por ello podemos afirmar que en su obra muchas veces nos resulte difícil poner límite entre lo que es pintura y realidad, entre lo que es vida y es arte.