5 mayo, 2014

Una joya histórica cautiva hasta 2063

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Vecinos de la mina de wolframio de Fontao piden su protección pero el Ayuntamiento se excusa en que “no hay dinero para indemnizar” a los dueños, aún medio siglo más, del filón.

El tesoro de Fontao está atrapado en la barriga de la montaña hasta 2063. Entonces expirará la prórroga por 90 años de las últimas concesiones mineras y, si el Ayuntamiento de Vila de Cruces quiere incluir las históricas explotaciones de wolframio como patrimonio protegido en el plan general del municipio, podrá hacerlo “sin temor” a que la familia propietaria, que vive en Madrid, reclame, tal y como aventura el alcalde, Jesús Otero (PP) una “indemnización millonaria por daños y perjuicios”. Pero muchos vecinos y los partidos de la oposición (PSOE y BNG) no están dispuestos a esperar tanto sin presentar batalla mientras el paso del tiempo hunde galerías, transforma la maquinaria en chatarra y arruina una arquitectura magnífica. El día 19 se acaba el plazo de exposición pública del PXOM que sustituirá al fin las normas subsidiarias de 1993, y se espera un aluvión de alegaciones.

Mientras tanto, una plataforma cívica recaba firmas y apoyos a través de la Red (Change.org) entre los admiradores, aquí y fuera de Galicia, del conjunto patrimonial que nació a partir del filón, todo un universo humano bendecido por la prosperidad económica en medio del hambre de postguerra. Aunque Fontao, además de oasis de bonanza, también fue sepultura para muchos que murieron trabajando, prostíbulo para mujeres de toda España y chulos que llegaron atraídos por el dinero que corría, y campo en el que expiaron la culpa de pensar distinto una larga lista de presos políticos.

Algunos estudiosos de este complejo del que se extrajo estaño y wolframio desde finales del XIX hasta su cierre, en 1973, y que alimentó las armas de la I y II guerras mundiales, la civil española o la de Corea, definen sin reparo el conjunto histórico del municipio pontevedrés como “la capilla sixtina” de las labores mineras en la comunidad. En 2001, el consistorio encargó el anteproyecto del que llamaban “parque temático de la minería en Galicia”. La Xunta, después de adquirirlo en el año 2000, rehabilitó el poblado anexo, inaugurado en 1956 para reemplazar los viejos barracones de los mineros. Y la parroquia envejecida se volvió a llenar de niños en el siglo XXI gracias a las parejas que ocuparon las viviendas adosadas de protección autonómica en régimen de alquiler.

Fue campo de trabajo para presos y prostíbulo para muchas mujeres

También se restauraron los edificios de uso comunitario, la iglesia, el cine, las escuelas, que diseñaron junto con el pueblo, en lo más hondo del franquismo, dos arquitectos del movimiento moderno. César Cort, familiar de los propietarios del filón, y Joaquín Basilio Bas sabían construir con la luz como material con la misma destreza que con el ladrillo, el acero y el cemento. En total, con mayoría de fondos europeos, en la resurrección de este pueblo minero surgido de la nada se llegaron a invertir cerca de 10 millones de euros. Se abrió en el alma del complejo un museo que ahora está inactivo, se organizaron congresos y se recuperaron y restauraron numerosas piezas de valor, incluido el proyector de películas. Aún vive algún minero que recuerda las que se montaban con los estrenos de Sara Montiel.

“Lo siento en el alma”, dice el alcalde

S. R. P.

Desde la Asociación Galega de Patrimonio Industrial hasta Incuna (Industria, Cultura y Naturaleza), pasando por el Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial (TICCIH), una institución colaboradora de la Unesco que seleccionó Fontao como uno de los 100 bienes más importantes de España que es preciso conservar. La colección de entidades de dentro y de fuera que destacan su valor y se suman estos días a la reivindicación es larga. En 2012, el poblado fue reconocido con motivo d el Día Mundial de la Arquitectura, y el Instituto de Patrimonio Cultural de España lo incluyó en el Plan Nacional de Patrimonio Industrial. También aparece en el Mapa de Patrimonio Minero de Galicia, publicado en abril con fondos de la UE.

Pero el alcalde se mantiene firme: “Lo siento en el alma. A mí también me gusta Fontao. Pero ya tuve varias reuniones con el propietario, Luis Cort. Incluso fui a Madrid. Y el problema siempre es el dinero. Él está de acuerdo en vender si le pagan. Las concesiones que ha hecho, lo poco que he conseguido, ha sido con buen talante. No imponiéndoles una protección a los dueños”.

Pero ahora el nuevo florecer de Fontao corre el riesgo de estancarse mientras se deja marchitar la explotación abandonada. Para un parque temático de la minería no basta solo un pueblo rehabilitado. Hace falta darle continuidad con las joyas que siguen en pie, concentradas en unas pocas de las muchas concesiones mineras, dentro de terrenos acotados y aún vigilados por los dos únicos trabajadores que mantiene aquí la empresa de la familia Cort. Se trata de numerosos inmuebles del XIX y el XX, del puente sobre el río Deza, de dos lavaderos de mineral, de compresores y demás maquinaria antigua. También de un par de galerías principales, la 400 y la 375, que la plataforma pide proteger solo en sus 300 metros iniciales, hasta el pozo maestro. Pero de todo este patrimonio, el PXOM solo planea amparar dos inmuebles que caen dentro de Sidón, la concesión más próxima al poblado minero: la casa del Ingeniero y la de Dirección y Oficinas. Estas dos edificaciones no representan más que el 16% de lo que reivindican los vecinos.

Por Silvia R. Pontevedra El País