27 octubre, 2014

Una estudiosa encuentra la ‘Magdalena’ perdida de Caravaggio

magdalena

“Por fin, es ella”. Con estas palabras, Mina Gregori dio la búsqueda por cerrada, según La Repubblica. Ante los ojos de una de las principales expertas en Caravaggio de Italia se hallaba una de las pinturas perdidas del maestro: la Magdalena en extasis, la que llevaba consigo, junto con dos obras más, a bordo del barco que le condujo a Porto Ercole, donde falleció. La estudiosa la halló en una colección europea, según añade el diario italiano sin ofrecer más detalles, ya que la familia a la que pertenece ha pedido permanecer en el anonimato y no ha querido aclarar si algún día dejará que se exponga.

De este cuadro hay varias versiones por el mundo. Sin embargo, una sola es auténtica. Y, teniendo en cuenta la cantidad de atribuciones falsas que se asocian al nombre del artista italiano, el anuncio obligaría cuando menos a la sospecha. Hay, aún así, varios elementos que permiten confiar en la tesis de La Repubblica.

Ante todo, la propia Gregori es alumna de Roberto Longhi, considerado el estudioso por excelencia de Caravaggio. Ella misma asegura al diario italiano estar segura al 100%: “El cuerpo y sus tonalidades variadas, la intensidad del rostro, las muñecas fuertes y las manos de tonos lívidos con admirables variaciones de color y luz y con la sombra que oscurece la mitad de los dedos son los aspectos más interesantes de la pintura. Es Caravaggio”. Además, hay otra pista, esta vez detrás del óleo.

Un papelito colocado en la parte trasera de la obra, con grafía atribuible a la época del maestro italiano según La Repubblica, hace referencia al propio Caravaggio y a una obra que sería guardada en el barrio de Chiaia, en Nápoles, e iría en “beneficio del Cardenal Borghese de Roma”. Se trata, según Gregori, del detalle definitivo que permite atribuir la obra a Merisi. Pero, ¿por qué?

A 11 días del fallecimiento de Caravaggio, el 18 de julio de 1610, el obispo de Caserta, Diodato Gentile, envió una carta al cardenal Scipione Borghese, coleccionista y protector del artista. En la misiva, que sufrió un destino parecido al óleo y solo reapareció en 1994, el obispo informaba de la muerte de Merisi. De ahí que las obras que este llevaba consigo acabaran en las manos de Costanza Colonna, marquesa amiga de Caravaggio que vivía en Nápoles, en el barrio de Chiaia, y fue la encargada de cuidar de ellas a la espera de devolvérselas al cardenal.

La misión, evidentemente, no dio los resultados esperados. El San Juan que hoy todavía se expone en la galería Borghese sí llegó al destino final. La Magdalena y otro San Juan desaparecieron. Por lo menos, la primera ha vuelto.

Por El País.