5 abril, 2011

Una escritora robó el Sorolla por despecho tras ser estafada en el rastro (Las Provincias)

La mujer pagó 19.000 euros por cinco cuadros de importantes pintores que luego resultaron ser falsificaciones.

Todos los días se hacían la misma pregunta: ¿quién robó el Sorolla y por qué lo hizo?. Los policías visionaron decenas de veces las grabaciones de las cámaras de seguridad hasta que observaron algo extraño. Una mujer se agachaba junto al valioso lienzo. La sospechosa tenía los hombros caídos y andaba con cierta desgana como si estuviera sedada o desorientada. Una ardua investigación de la Policía Local de Valencia posibilitó la detención de esta persona y la recuperación de la obra.

Los agentes consiguieron ponerle nombre y apellidos a la ampliación de un fotograma donde la presunta ladrona aparecía de perfil. Al más puro estilo de la serie televisiva CSI, los policías municipales lograron identificar a la sospechosa tras realizar numerosas indagaciones en unidades psiquiátricas de hospitales y en los círculos de arte en Valencia.

Una vez localizado el domicilio de la mujer, varios policías de paisano la siguieron de día y de noche. Querían saber quién era la persona que burló los sistemas de seguridad del Museo Benlliure. Querían averiguar si había actuado sola o por encargo. Querían recuperar el valioso cuadro. Y querían conocer todo sobre la vida de I. L., una escritora de 57 años de edad, antes de detenerla por el robo del Sorolla.

Tras asegurarse de que no estaban investigando a una ladrona profesional de obras de arte, la Policía Local informó de sus averiguaciones a la Policía Nacional y al juez, que autorizó el registro de la vivienda de la sospechosa. El pasado 21 de marzo, cuando ya tenían suficientes pruebas de la participación de la mujer en la sustracción del lienzo, un grupo de policías de ambos cuerpos detuvieron a la escritora y registraron su casa.

Los agentes se quedaron perplejos cuando entraron en la vivienda. Decenas de cuadros colgaban de las paredes. Las habitaciones parecían pequeñas salas de una galería de arte. Y entre las obras se encontraba ‘El Santero de la Cofradía’, la pequeña tabla de Joaquín Sorolla (de 19 x 13 centímetros) que la policía buscaba intensamente.

Casi un año después del robo, un equipo de policías locales del retén del Carmen había esclarecido lo que parecía un golpe perfecto. Un hurto de guante blanco. Tras leerle sus derechos e informarle del motivo del arresto, la mujer fue trasladada a las dependencias de la Jefatura Superior de Policía de Valencia.

Los agentes detuvieron a la sospechosa y registraron su casa con suma discreción para que no trascendiera la actuación policial. Los vecinos de la presunta ladrona desconocían ayer que el Sorolla había estado escondido durante 11 meses en una vivienda de la finca.

La detenida quedó en libertad provisional a la espera de juicio. En el momento del arresto, cuando le enseñaron el fotograma ampliado de la grabación del museo, dijo a la policía que la persona que aparecía de perfil se parecía mucho a ella.

Luego se derrumbó en el interrogatorio y confesó con detalles cómo sustrajo el lienzo, según informaron fuentes jurídicas. La mujer dio vagas explicaciones sobre los motivos que le empujaron a cometer el hurto. Según las investigaciones policiales, todo parece indicar que decidió robar el Sorolla por despecho.

Y nada tiene que ver con un mal de amores, sino con una estafa cometida por un vendedor del rastro de Valencia. Los hechos se remontan a 2008. La escritora y aficionada al arte compró cinco cuadros cuyos autores presumiblemente eran Joaquín Sorolla, Ramón Casas, Ignacio Pinazo y Cecilio Pla. «Pagué 19.000 euros por las obras y me engañaron», se queja I. L.

Colocó los lienzos en lugares destacados de su casa. Estaba muy orgullosa de la compra que había realizado, pero pronto se llevaría un gran disgusto. La mujer envió una fotografía del Sorolla -adquirido al marchante- a la prestigiosa galería Ansorena de Madrid, una firma con una larga tradición en el mercado del arte.

Un responsable de la casa de subastas le confirmó que el lienzo no era del gran pintor valenciano, sino una falsificación. El vendedor del rastro había estafado a I. L., que quedó sumida en una profunda tristeza tras descubrir el engaño. «Lo detuvieron, pero se declaró insolvente y yo perdí mi dinero», explica la mujer.

Tras refugiarse en la escritura durante un tiempo, la afligida amante del arte -que ha publicado varios libros y ganó un premio internacional de poesía- nunca superó el desengaño y su estado depresivo se agravó con la muerte de su madre. Culpa a la justicia de la ignorancia que mostró ella misma el día que compró los lienzos falsificados, pero también tiene palabras de agradecimiento para la policía.

«Ellos (los agentes) hicieron muy bien su trabajo», asevera cabizbaja mientras aparta la mirada de sus cinco obras falsas. Del robo del Sorolla que presuntamente cometió en abril del año pasado, I. L. prefiere no hablar. «Eso es otra historia», afirma mientras nos enseña su valiosa colección privada.

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