19 julio, 2010

Una compra con luz y taquígrafos

ABC tiene acceso a la documentación que acredita que las piezas de la colección Várez Fisa expoliadas en Italia se adquirieron en los más prestigiosos anticuarios, ferias y casas de subastas.

Desde que «Il Giornale dell’Arte» desvelara en un reportaje, del que se hizo eco ABC el pasado 7 de julio, que 22 de las 183 piezas de la colección Várez Fisa —adquiridas por el Estado español en 1999 por 12 millones de euros— fueron expoliadas en Italia, los responsables de dicha colección no han cejado un instante para arrojar toda la luz posible a lo sucedido. Hubo que rescatar, pieza por pieza, de los archivos de la colección las carpetas con toda la documentación de aquella venta, que se produjo hace once años. De esa veintena de obras presuntamente expoliadas tan sólo se aporta en la publicación italiana material suficiente para identificar doce de ellas. Hay una más en la que surgen dudas, pues dos piezas coinciden con la misma descripción. Se ha rescatado también la documentación de ambas.

ABC ha tenido acceso a todo ese material, que en su día Várez Fisa entregó al Estado español acompañando a las piezas. Están perfectamente archivadas las facturas de cada compra, junto con la declaración de importación de bienes muebles (con sellos del Ministerio de Cultura y de la aduana de entrada en Barajas), así como la documentación publicada de cada obra en el catálogo correspondiente, cuando dicha compra se había hecho en subasta. Es el caso de muchas de las obras, adquiridas en las dos salas de subastas más importantes del mundo: Christie’s y Sotheby’s, en sus sedes más señeras, Londres y Nueva York. En algunos casos incluso podemos leer en dicha documentación que las piezas previamente habían salido al mercado en una o varias ocasiones (en la misma sala o en distintas) y que habían pertenecido a alguna colección privada de relevancia. Es el caso de «Ánfora con la preparación de la cuadriga», que perteneció al Estate Trust Joseph E. Levine, fue subastada en Sotheby’s de Nueva York en 1997 y fue publicada en «Minerva, International Revue of Ancient Art and Archaeology» en 1998. Otra de las obras, «Lécito con la llegada de Nice» (un vaso de perfumes del 470 a.C.), perteneció a un coleccionista australiano, fue subastada dos veces por Sotheby’s en Londres (1988 y 1994) y Várez Fisa la compró en Christie’s de Nueva York en el 98. Por su parte, «Una crátera de columnas con el sátiro libando en la procesión dionisíaca» fue subastada en Sotheby’s en el 86 y expuesta en el Museo de Melbourne antes de que Várez Fisa la adquiriera en Christie’s de Nueva York en 1997.

Origen de las obras
De las doce piezas identificadas, siete fueron compradas en Sotheby’s (cinco en Londres y dos en Nueva York) y tres en Christie’s de Nueva York. En cuanto al caso sobre el que hay dudas entre dos obras («Crátera de columnas con Dioniso y sátiros del siglo V»), una de ellas fue comprada en 1997 también en Christie’s de Nueva York, y la otra en la feria Tefaf de Maastricht, a la galería Seaby Antiquities de Londres en el 98. Las dos restantes se compraron en reconocidas ferias y galerías de antigüedades. «Ánfora itálica orientalizante con ciervo herido» se adquirió en Tefaf Basilea, en la Galerie Günter Puhze de Friburgo en 1997, mientras que una «Crátera de columnas con la vajilla del simposio» se compró en Tefaf Maastricht en 1996, en el «stand» de Royal-Athena Galleries, anticuario con sede en Londres y Nueva York.

Comprobamos, pues, que todas estas adquisiciones se llevaron a cabo, entre 1989 y 1998, en el mercado público a través tanto de las casas de subastas más reputadas, como de las galerías especializadas más reconocidas y las ferias de antigüedades más importantes del mundo. No resulta extraño, pues, que Várez Fisa no dudara un ápice de la procedencia de sus compras. Todo parecía en regla. Nada hacía presagiar que estas piezas habían pasado por las manos de uno de los expoliadores más conocidos de Italia, Giacomo Medici. De las piezas identificadas, nueve están publicadas entre 1993 y 1997 en «Art of Ancient World», el prestigioso catálogo de Royal-Athena Galleries, que dirige Jerome M. Eisenberg. Además, el coleccionista español contaba con el asesoramiento de académicos renombrados en las respectivas áreas de especialización, entre ellos Ricardo Olmos, director de la Escuela Española de Historia y Arqueología de Roma, y compitiendo con museos y coleccionistas internacionales.

Fuentes de la colección Várez Fisa aclaran que «dichas obras fueron importadas oficialmente a España con posterioridad a su adquisición enriqueciendo nuestro patrimonio cultural en este área» y que la Colección Varez Fisa de arqueología «cumplió en todo momento con los requisitos legales exigidos por la legislación vigente tanto en la adquisición como en la posterior importación a España de las obras en cuestión, encontrándose la documentación correspondiente disponible en el Ministerio de Cultura».

Incomprensiblemente, el Ministerio mantiene el mutismo en vez de aclarar que la compra-venta se hizo de buena fe por ambas partes. Tampoco se entiende que los dos arqueólogos que descubrieron en 2003 este asunto, Daniela Rizzo y Maurizio Pellegrini, a quienes entrevistó ABC, hayan tardado tanto tiempo en sacarlo a la luz y ni siquiera informaran en estos años al Museo Arqueológico Nacional o al Ministerio de Cultura.

Un mercado muy opaco

Escribe Paloma Cabrera, conservadora del Museo Arqueológico y autora del estudio sobre la colección Várez Fisa en el catálogo de la misma, que «las piezas han formado parte durante muchos años del circuito del mercado internacional de antigüedades. Sabemos de algunas de ellas que estuvieron en colecciones europeas, americanas o australianas antes de ser adquiridas por Várez Fisa. Ésta ha sido también la historia de la inmensa mayoría de los objetos que componen las colecciones egipcias, griegas y romanas de los grandes museos europeos». La colección abarca antigüedades egipcias, ibéricas y celtibéricas, griegas e itálicas —el conjunto más numeroso y de mayor colección de la colección—, romanas y objetos de plata.

El mercado de las antigüedades es muy opaco y complejo, pues en la mayoría de los casos resulta imposible conocer el origen y procedencia de las piezas. En el libro «The Medici Conspiracy. The Illicit Journey of Looted Antiquities», Peter Watson y Cecilia Todeschini desvelan las mafias en torno a este mercado y afirman que la mitad de las antigüedades griegas y romanas han sido objeto de tráfico ilegal. En los últimos años han salido a la luz pública escándalos como el de la conservadora del Getty Museum de Los Ángeles Marion True, que dimitió antes de comparecer ante la justicia italiana junto con el traficante suizo Robert Hecht, quien le proporcionó docenas de piezas saqueadas en yacimientos del país. El Getty aceptó a finales de 2006 la devolución de 26 de las 46 piezas que reclaman las autoridades italianas. El Metropolitan de Nueva York hizo lo propio años más tarde y decidió restituir a Italia treinta piezas, entre ellas el célebre Vaso de Eufronios. Las polémicas salpican constantemente a las salas de subastas, en el ojo del huracán.

Un coleccionista discreto y exquisito
N.PULIDO MADRID
Se sabe muy poco de José Luis Várez Fisa (Barcelona, 1928). Siempre ha protegido celosamente su intimidad. Apenas se han publicado fotos suyas, ni concede entrevistas. Fue vocal del Patronato del Prado en 1980 y de nuevo en 1986. Ingeniero y empresario, cursó estudios de Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Barcelona y, posteriormente, se trasladó a Navarra, donde fue nombrado consejero de la sucursal del Banco de España en Pamplona. En la década de 1960 funda, en Guipúzcoa, Laminaciones Lesaca, una industria de derivados del acero de la que será presidente. A partir de 1970, tras la venta de la empresa, se traslada a Madrid y centra su actividad en la promoción de desarrollos inmobiliarios y compañías financieras. Funda y preside Agepasa, una gestora de patrimonios y carteras, y el Banco Inversión.
ARTnews le situaba en 2009 entre los 200 mayores coleccionistas de arte del mundo. En 1970 y 1988 donó al Prado el «Retablo de san Cristóbal», anónimo español del siglo XIV; y «San Cristóbal», de Orazio Borgianni. En su exquisita colección destacan cuatro grandes conjuntos: pintura antigua (del Románico a Goya), platería (del siglo XV al XVII), cerámica hispano-árabe (siglos XV-XVII) y arqueología. Esta última la atesoró entre los años 70 y 90. No es la de mayor valor económico, pero su valor artístico es muy importante. Dicen los expertos que, desde la colección del marqués de Salamanca, no había entrado un conjunto de piezas tan importante en el Museo Arqueológico Nacional. Su compra fue una oportunidad única para España.

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