19 mayo, 2014

Un patrimonio de la humanidad abandonado

abandonado

Niéde Guidon, de 81 años, está sentada en el salón de su casa, cerca del Parque Nacional da Serra da Capivara, cuando un empleado entra y le deja una carpeta de plástico transparente con un puñado de hojas organizadas. Ella se lo agradece, pone sus manos en la carpeta y dice: “Son las personas que tendré que echar”.

Desolada, la investigadora que luchó por la creación del parque nacional en 1979, alerta de que el lugar está en riesgo desde hace unos 10 años. Pero ahora, la situación ya es crítica.

La Fundação Museu do Homem Americano (Fumdham), la organización creada por ella y que administra el parque junto al Instituto Chico Mendes de Conservação da Biodiversidade (ICMBio), del Ministerio del Medioambiente, ya no tiene dinero para mantener a los 270 empleados que había en 2010. Ellos eran responsables de hacer rondas en el parque para evitar los invasores, cuidar de su acceso, mantener las carreteras de las 129.000 hectáreas y quitar los excrementos de los animales que manchan las piedras donde están las pinturas rupestres. También ayudan con el mantenimiento de las piedras, para evitar que las placas se despeguen y las pinturas se pierdan.

La carpeta que lleva la investigadora indicaban la dimisión de 40 empleados. A partir de este momento, el parque será cuidado solamente por los empleados del ICMBio: son solo 16 que hacen la ronda, según la institución del Gobierno Federal, que no informó cuántos funcionarios trabajan para la limpieza y la conservación del parque.

La institución asegura que transfiere 129.000 reales al mes (42.500 euros) para el mantenimiento del lugar, y que habrá una transferencia extra de 700.000 reales (231.000 euros) este año. Sin embargo, sería necesario al menos 600.000 reales (198.000 euros) para que la conservación fuera más eficiente, según los cálculos de Guidon. Esta diferencia era cubierta por los patrocinios, que son cada vez más escasos. “Tenemos 400.000 reales (132.000 euros). No sé qué haremos si no nos llega más dinero”, afirma.

Las consecuencias de la falta de dinero son evidentes. En algunas piedras, muy cerca de las pinturas rupestres, hay excrementos de mocó, un roedor parecido a la ardilla. También hay casas de avispas en algunos dibujos. “Tenemos solo dos técnicos encargados del mantenimiento”, cuenta la arqueóloga Tânia Maria de Castro Santana, del equipo de Guidon.

El parque, declarado patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco, en 1991, también sufre por la falta de turistas, quizás uno de los motivos de la falta de patrocinios. En el día que estuvo EL PAÍS en el lugar, no había nadie en los principales yacimientos arqueológicos. En 2013, solo 19.998 personas estuvieron en el lugar, según datos del ICMBio.

Pese a la estructura impecable, similar a importantes yacimientos arqueológicos de otros países, no hay incentivos al turismo en la región. En São Raimundo Nonato, la ciudad más grande del entorno del parque, no hay hoteles de gran calidad y, para llegar, es necesario un viaje de cinco horas por la carretera desde Petrolina (Pernambuco), donde está el aeropuerto más cercano. Se está construyendo un aeropuerto en São Raimundo Nonato, desde hace 10 años una promesa para mejorar el turismo en la región. Las obras están previstas para terminar este semestre.

“La profesora [Niède Guidon] siempre dice: si un lugar como ese estuviera en Francia, estaría lleno de turistas. Pero como es aquí, en el interior de Piauí, está así, abandonado”, se desahoga la investigadora Tânia, que nació y creció en la Serra da Capivara.

Por Talita Bedinelli en El País.