15 abril, 2015

Un nuevo vecino en la milla del arte

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El madrileño paseo del Prado contará el año que viene, si nada se tuerce, con otro gran museo. Y con un nuevo jardín vertical.

En la acera de enfrente al Museo del Prado, a menos de cuatro bloques de distancia del Reina Sofía, el CaixaForum y el Thyssen-Bornemisza, el arquitecto hispano-argentino Emilio Ambasz (Resistencia, 1943) invertirá 13 millones de euros de su fortuna personal en sustituir un edificio municipal semiabandonado por un cubo de cinco plantas con dos fachadas exteriores recubiertas enteramente por vegetación. Será el Museo de las Artes de la Arquitectura, Diseño y Urbanismo.

Si nada se tuerce, porque el proyecto, aprobado en marzo por la alcaldesa, Ana Botella (PP), tiene pendiente recibir en unos días el visto bueno de la Comisión para la Protección del Patrimonio Histórico, controlada por el Gobierno regional (PP) y en la que participa con voz pero sin voto el Colegio Oficial de Arquitectos (muy crítico con esta iniciativa).

La Comisión de Patrimonio fue la que hace un año puso trabas al proyecto de Norman Foster para reconvertir un palacete de 1902 junto al paseo de la Castellana en la sede internacional de su fundación; el prestigioso arquitecto británico decidió entonces llevarse el proyecto a otra ciudad.

Este será probablemente el último obstáculo que tenga que superar Ambasz, pero desde luego no es el primero. El arquitecto argentino buscaba desde hace tiempo sede para su legado, por el que competían Nueva York, París, Florencia, Bolonia, Buenos Aires…

La ciudad estadounidense parecía la mejor colocada por contar con un emplazamiento perfecto justo enfrente del Museo de Arte Moderno (MoMA), del que Ambasz fue conservador entre 1969 y 1976. Pero el tesón de Botella y la inclinación sentimental del arquitecto hacia España le llevaron a decidirse hace dos años por Madrid. Y, sobre todo, una razón práctica de peso: el Ayuntamiento estaba dispuesto a ceder un edificio municipal en apariencia ruinoso pero ubicado en uno de los ejes museísticos más relevantes del mundo, y a permitir además que Ambasz lo tirara abajo para levantar su proyecto pese a que el inmueble estaba protegido.

Una vez constatado el interés de Ambasz en el inmueble, el Ayuntamiento fue preparando el camino: en noviembre de 2012 transfirió el edificio ubicado en el número 30 del paseo del Prado al área municipal de Las Artes “para su destino como contenedor cultural del Eje Prado-Recoletos”, a sabiendas de que eso sería imposible sin el proyecto de Ambasz (de hecho, tardó dos años en ejecutar el cambio urbanístico para darle uso cultural al inmueble).

Al mismo tiempo, inició la rebaja de su protección histórico-artística para poder derribarlo.

En marzo de 2013, Botella formalizó el convenio de colaboración con Ambasz para la concesión directa y gratuita del solar.

En esa parcela se levanta aún un edificio de ladrillo rojo de 1932, que en su momento fue sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, y en el que ya solo quedaba un pequeño centro de salud en el sótano.

Un mes después de firmarse el convenio, en abril de 2013, el Ayuntamiento aprobó el cambio de catalogación del inmueble al considerar “excesivo” el blindaje de la fachada y las escaleras con nivel 2 estructural (propio de edificios con “características de gran interés”, y que sólo permite obras en su interior). Se rebajó a nivel 3 ambiental, que “protege los valores de la fachada por su integración en el ambiente de la ciudad pero no precisa necesariamente de su mantenimiento físico”.

Por vicisitudes personales, la concesión del solar a Ambasz no se formalizó hasta el pasado 6 de marzo. El arquitecto se comprometió entonces a asumir los gastos de construcción del museo, así como los derivados de su gestión y mantenimiento, y a reinvertir en el proyecto todos los ingresos de su explotación. Una vez extinguidos los 75 años de concesión, el edificio pasaría a ser propiedad municipal.

El Ayuntamiento estimó los “importantes beneficios para la ciudadanía” del proyecto (por su retorno económico y la mejora de la imagen internacional de Madrid) como “razones de interés público” que justificaban la concesión gratuita del solar. El departamento jurídico municipal refrendó esos “fines de interés público”, indicando además que el Ayuntamiento “no tenía prevista la utilización efectiva” del inmueble.

En su informe, señaló que la concesión de un bien público debe hacerse, con carácter general, en régimen de concurrencia, es decir, ofreciéndose a más de un postor para elegir al mejor. La ley permite, sin embargo, la concesión directa “cuando se dan circunstancias excepcionales debidamente justificadas”, como ocurre en este caso, según el Ayuntamiento. Y esta tesis se refuerza, según el informe jurídico, por el carácter de entidad sin ánimo de lucro de la fundación de Ambasz.

El informe aprueba además que la concesión sea gratuita “por la ausencia de utilidad económica relevante”, dado que Ambasz no sólo construirá el edificio a su costa (invirtiendo 13 millones de euros), sino que reinvertirá todos los beneficios.

A falta del visto bueno de la Comisión de Patrimonio, ahora sólo le queda obtener la licencia y comenzar las obras. Este último trámite también está siendo tortuoso: para lograr el visto bueno de los técnicos municipales y de los bomberos, el arquitecto tuvo que reforzar las medidas de seguridad contra incendios en el exterior, ante el temor de que la cubierta vegetal pudiera arder como una tea. Así, se colocarán aspersores —como los que habitualmente se instalan en el techo de pasillos y habitaciones— distribuidos entre la vegetación. Además, la terraza superior contará con una cortina que bajará automáticamente en caso de que se incendie la fachada, para evitar que el humo pueda afectar a los clientes del restaurante.

Una vez asumido el coste adicional de estas medidas, Ambasz sueña ya con ver acabado su proyecto, e incluso ha diseñado las primeras actividades culturales que se llevarán a cabo el museo: una exposición de “héroes ignorados de la arquitectura” (Paul Nelson, Amancio Williams…), un recorrido por el diseño industrial español y un ciclo de conferencias a modo de “tribunal” para juzgar “al MoMA por despistar tres generaciones” o “las teorías de Aldo Rossi y Carlo Aymonino”.

Dentro de un año. Y en Madrid. Si nada se tuerce…

Ambasz construirá el edificio para Madrid “a fondo perdido”

El edificio municipal ubicado actualmente en el número 30 del paseo del Prado tiene una superficie construida de 3.029 metros cuadrados, dividida en cuatro plantas y sótano, sobre un solar de 895 metros cuadrados frente al Jardín Botánico. El Ayuntamiento de Madrid ha rebajado su protección histórico-artística para permitir su derribo. En su lugar, el arquitecto hispano-argentino Emilio Ambasz construirá un inmueble de 3.672 metros cuadrados. Ganará, así pues, un 20% de superficie, pero las condiciones de la concesión acordada con el Ayuntamiento le obligan a diseñar ese volumen extra “de modo que sirva para una futura expansión” del museo. Entretanto, “se destinará exclusivamente a librería y restaurante”, y los ingresos derivados de esos servicios servirán sólo para financiar los gastos de funcionamiento.

Estas condiciones forman parte del acuerdo firmado en marzo por el Ayuntamiento con la fundación del arquitecto, que detalla todos los aspectos del proyecto. El valor de la parcela se cifra en 4.610.149 euros, y el presupuesto para la demolición y construcción del nuevo edificio asciende a 12.438.622 euros. A esta última cantidad hay que sumar el valor de la colección permanente, que corre a cargo de Ambasz.
El nuevo inmueble “se realiza como aportación a fondo perdido a la ciudad de Madrid” por parte del arquitecto, que no podrá exigir “reembolso alguno” una vez finalice la concesión de 75 años. Además, deberá reinvertir todos los beneficios de su explotación “en las obras de rehabilitación, reformas y actividades culturales necesarias para mantener el nivel de calidad adecuado del museo”.

Si sobra dinero o no se reinvierte en esos fines, deberá cederse al Ayuntamiento.
El edificio se inscribirá a favor del Ayuntamiento en el registro de la propiedad, pero su mantenimiento (lo que incluye limpieza, agua, electricidad, seguridad, etcétera) correrá a cargo de Ambasz durante los 75 años de concesión. También deberá pagar los gastos de personal. Una vez extinguido ese plazo, deberá devolverlo en perfecto estado de revista.
Las obras aportadas para la colección permanente por Ambasz se devolverán a sus herederos; las obras adquiridas durante el periodo de concesión serán propiedad del Ayuntamiento.
Las condiciones del acuerdo incluyen, además, que el proyecto debe realizarse tal y como figuraba en la maqueta presentada hace dos años, tras la firma del convenio.
El Ayuntamiento fijará las tarifas del museo (seis euros de entrada general; tres euros para mayores y jóvenes; gratis para estudiantes, parados o personas con discapacidad) y sus contenidos (la colección permanente de Ambasz, más exposiciones, conferencias, congresos, debates, premios, becas, etcétera).

Por Bruno García Mallo para El País