31 enero, 2011

“Un museo público se puede y se debe rentabilizar como una empresa privada” (Diario de Sevilla)

El responsable del Bellas Artes de Bilbao, institución que coprodujo con el de Sevilla ‘El Joven Murillo’, reflexiona acerca del modelo de museo que dirige y de las posibilidades de financiación en tiempos de crisis.

En abril de 1992, con motivo de la Expo, Eduardo Chillida inauguró el Monumento a la Tolerancia, una escultura desconocida por muchos, instalada en el Muelle de la Sal frente al Guadalquivir, que estos días ha traído hasta la ciudad hispalense a Javier Viar, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Con un discurso sobre el significado de esta pieza en la obra del artista donostiarra, Viar ha recibido la medalla de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, ciudad que visitó para la inauguración de El joven Murillo, última gran producción del Bellas Artes hispalense que, por ahora, sigue sin programación para este año.

-¿Qué balance hace de aquella coproducción?
-Espléndido. Conseguimos llevar adelante una exposición extraordinaria y una gran investigación, que eso, por otra parte, es lo que interesa. Me parece muy bien que las muestras sean de relumbrón, pero mucho mejor si sirven para investigar. Gracias al trabajo de Alfonso Pérez Sánchez, en su último proyecto, y el de Benito Navarrete se ahondó en esa etapa que quedaba pendiente de estudio. La colaboración con el museo fue maravillosa, como también lo fue con Focus Abengoa para la muestra De Herrera a Velázquez de 2005.

-¿Hay prevista alguna colaboración?
-No, pero en cualquier momento puede surgir. Nuestras colecciones, aunque diferentes, confluyen en obra barroca española.

-El Bellas Artes bilbaíno es una fundación con un patronato y una comisión asesora artística, ¿qué beneficios reporta este modelo?
-El Bellas Artes es una fundación privada con intervención pública que cuenta con patrocinadores privados dentro del patronato que hacen una aportación importante. Más o menos, tenemos un 35% de autofinanciación, en la que se computan esas partidas privadas, lo que significa un alivio para las arcas públicas, que aportan el resto. En cuanto al modelo, el patronato hace un seguimiento fundamentalmente económico, porque el proyecto cultural está en manos del equipo directivo del museo con total libertad. La existencia de una comisión asesora de expertos es muy gratificante porque se debaten las necesidades, las compras, los depósitos del museo y para mí es un gran apoyo que mi opinión esté contrastada.

-Al margen de las exposiciones, ¿cómo se revitaliza el museo?
-Es muy evidente que las exposiciones son los focos de atención en el discurso anual, donde el 80% de visitantes son autóctonos y el resto, foráneos. Nuestro futuro en cuanto a crecimiento de visitas [cerró 2010 con unas 200.000] pasa, lógicamente, por ampliar ese 20. Aparte, entre las actividades destacan La obra invitada; conferencias con conservadores del Museo del Prado, una cinemateca…

-Ya han anunciado la programación de 2011, ¿cómo les ha afectado la crisis?
-Por ahora, no la hemos notado de una manera específica. Tenemos una financiación importante de la BBK que destinamos en su mayoría a las exposiciones. Como es una partida que se negocia por quinquenios, esa aportación ya está comprometida. De hecho, este año tenemos una programación extraordinaria con cuatro grandes citas: en febrero, inauguramos una sobre la imagen de la mujer en el arte del siglo XIII al XV con préstamos maravillosos del Louvre, el Metropolitan o la National Gallery y con un catálogo realmente importante. Después, una sobre el oro de Bogotá, una antológica de Antonio López en colaboración con el Thyssen y otra sobre cuadros de Roberto Matta, para festejar el centenario de su nacimiento, en colaboración con el IVAM.

-Los organizadores de Congresos de Sevilla han propuesto a la Consejería de Cultura abrir la puerta a que los museos de la ciudad acojan eventos privados. El Bellas Artes de Bilbao ya alquila sus espacios para recepciones desde hace años, ¿cómo va la experiencia?
-Es algo inevitable. Está claro que no es una actividad cultural pero, aprovechando que los museos están de moda, se recibe un dinero para invertir en cultura. Creo que no hay que plantearse teóricamente si sí o si no, sino hacerlo bien, acordando todo con los equipos de conservación y seguridad. Actividades de este tipo no merman la calidad ni la envergadura científica de un museo.

-¿Qué reflexión hace del cierre del Chillida Leku?
-Básicamente, es un tema de conflicto entre la iniciativa privada y la pública. Es un museo privado creado por el escultor mantenido luego por la familia, que ahora se encuentra en una delicada situación económica y solicita una ayuda de la iniciativa pública. La administración pública parece que lo que dice es que si lo mantiene económicamente quiere su gestión. Bueno, parece lógica su postura. Yo, en principio, no soy muy partidario de los museos monográficos por muy importantes que sean sus autores. Al final, se convierte en algo inviable económicamente. Apuesto por una concentración de fuerzas y que estas instituciones dependan de alguna forma de organizaciones mayores.

-¿Cómo conjugan la oferta cultural de interés y la viabilidad económica?
-Cuanto más dinero, más posibilidades. Pero a veces tampoco por tener más financiación sales adelante. La astucia es muy importante para la gestión cultural. Que tengas dinero no quiere decir que te lo debas gastar impunemente, hay que sacarle rentabilidad. Le pongo un ejemplo, nosotros no tenemos una partida específica para investigación: hay expertos que hacen un trabajo por su cuenta y que aportan al museo sus proyectos particulares, que son el origen de artículos y producciones… También hacemos exposiciones con nuestros fondos a partir del apoyo de un patrocinador. De este modo, se estudia la colección y la pones en valor. Investigas y programas. Por ejemplo, en el Bellas Artes de Sevilla estuvo una producción nuestra, De Goya a Gauguin, que nos sirvió para estudiar bien esos cuadros, cambiar atribuciones, precisar cronologías, realizar tareas de conservación y, luego, difundirla y mostrarla en las sedes interesadas en ella. Es una operación que cualquier museo que tenga una colección mínimamente importante puede hacer.

-Y con los fondos del Bellas Artes de Sevilla, segunda pinacoteca española, se puede…
-¡Imagínese con esa colección tan maravillosa! Hay que buscar maneras de programar y de utilizar un mismo dinero en varios frentes… Si te dan X dinero, hay que hacer lo máximo posible con él. Por supuesto que si necesitas más hay que pedir más, pero lo primero que hay que hacer es rentabilizar los recursos como si fuera una empresa privada. Y se puede y se debe hacer. La cuestión es saber administrar.

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