23 mayo, 2013

Un museo donde pasa la autopista

Plessi Museum

La construcción es sin duda inusual, pero aún más lo es su emplazamiento: la A-22, la autopista del Brennero, que comunica Italia y Austria. Se trata del Plessi Museum, y está dedicado a la obra del célebre artista multidisciplinar Fabrizio Plessi (Reggio Emilia, 1940). Abrirá sus puertas al público el 21 de junio.

El puntiagudo edificio, obra del ingeniero Carlo Costa y el propio artista, se erige en el lugar donde antiguamente se encontraba el conjunto fronterizo, con la voluntad de restablecer la unión entre los mundos mediterráneo y mitteleuropeo, separados desde el fin de la I Guerra Mundial hasta la firma del tratado de Schengen, el 1 de enero de 1995.

Rodeado por las montañas que encierran el Paso del Brennero, el Plessi Museum se alza como una gigantesca teca de cristal, capaz de poner en relación la arquitectura con el extraordinario paisaje alpino. En el marco de la historia de Europa y de las relaciones entre Italia y Austria, el Paso del Brennero tuvo siempre un fuerte valor simbólico e identitario, de modo que la recalificación de los espacios de la antigua aduana se ha convertido en una ocasión para otorgarle un nuevo significado.

En su interior se abre un espacio concebido como un ágora sensorial, que reúne instalaciones, vídeos, esculturas y elementos gráfico-pictóricos. La pieza central es la obra creada para la Expo de Hannover en el año 2000, que celebra el proyecto de colaboración transnacional de las tres provincias —Trento y Bolzano en Italia e Innsbruck en Austria— que componían históricamente la región del Tirol. “La instalación es como un paisaje alpino artificial, que el visitante debe experimentar y vivir desde el interior”, explica Plessi, que ha diseñado el recorrido expositivo así como todos los muebles y elementos del museo, también las innovadoras mesas digitales.

El tema del agua, que desde finales de la década de los sesenta predomina en buena parte de las producciones de Plessi, vuelve a tener un papel estelar, dando lugar a imágenes pictóricas extremadamente sugestivas. “El vídeo y el agua forman un binomio perfecto. El agua es un elemento primordial y el vídeo, un símbolo contemporáneo, pero ambos son cambiantes, fluidos, inestables. El agua virtual, que surge de la magia de las nuevas tecnologías, seguirá fluyendo por la eternidad, siempre viva y capaz de asombrarnos como el agua de las fuentes romanas del siglo XVII”, asegura Plessi, afincado en Venecia desde hace décadas y por tanto profundo conocedor del arrollador poder del líquido.

Además del museo, el antiguo puesto fronterizo acoge un centro para congresos, dedicado a los encuentros enfocados en las relaciones entre el entorno mediterráneo y el germánico y, por supuesto, un restaurante, “ajeno a los formatos de las tradicionales áreas de descanso de las autopistas”, según la empresa Autostrada del Brennero SpA, promotora de todo el proyecto.

Por Roberta Bosco en El País.