1 abril, 2013

Un monasterio a la última

Una persona observa las pinturas de la capilla de Sant Miquel del monasterio de Pedralbes, en Barcelona

Una persona observa las pinturas de la capilla de Sant Miquel del monasterio de Pedralbes, en Barcelona

La Llumanera de Nova York,diario editado por los catalanes que vivían en Estados Unidos recogía, en su número de septiembre de 1877, los trabajos de restauración de la iglesia del monasterio de Pedralbes “de muros ennegrecidos por el tiempo”, y aseguraba que eran posibles gracias a una suscripción popular de los barceloneses. Por tanto, la iniciativa de recaudar dinero a voluntarios que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Barcelona para restaurar la joya de este monasterio: las pinturas góticas del siglo XIV de la capilla de Sant Miquel, atribuidas a Ferrer Bassa o a su taller, no es nueva.

Los tiempos han cambiado, pero los objetivos son los mismos. Si es la primera vez que la Administración barcelonesa utiliza el micromecenazgo o crowdfunding para llevar a cabo su propósito de devolver el aspecto original a esta importante obra considerada la capilla sixtina del arte catalán.

Los 75 metros de pintura que cubren las paredes de este recinto irregular de 20 metros cuadrados, son equiparables a las de algunos pintores del Trescientos italiano, con Giotto a la cabeza. La restauración culminará un proyecto que comenzó en 2005 con el estudio exhaustivo del conjunto. “El Ayuntamiento de Barcelona destinará este año 75.000 euros para la restauración, la mitad del presupuesto, pero queremos asegurar que se podrán acabar los trabajos”, asegura Anna Castellano, conservadora jefe del conjunto medieval fundado por la reina Elisenda —cuya sepultura está situada en la pared de al lado de la capilla— el 3 de mayo de 1327.

Ese es el día máximo para reunir los 25.000 euros previstos mediante aportaciones que van desde los 20 hasta los 2.000 euros, que se pueden realizar en la plataforma para proyectos creativos Verkami. A los dos días de comenzar la recogida ya son 1.610 los euros recaudados. Los “mecenas” recibirán una recompensa por su iniciativa: desde entradas y visitas guiadas, hasta la posibilidad de poder ver, en exclusiva, estas pinturas únicas en la ciudad. También está previsto un concierto de Jordi Savall, el 7 de mayo. “La iniciativa es una buena forma de hacer que los barceloneses, que no son mayoría entre los visitantes [55.000 el año pasado], lo sientan más suyo”, asegura Castellano.

Los trabajos comenzarán en el techo de madera, decorado con estrellas que fueron doradas, se eliminará el zócalo pintado en los años veinte del siglo pasado para recuperar la decoración de mármol fingido oculta y “se procederá, de entrada, a consolidar toda la pintura para evitar un mayor deterioro”. Tras la restauración, la capilla contará con nueva museografía que mejorará su iluminación y un cubículo mayor de cristal, que permitirá acceder al interior sin alterar la humedad y temperatura ideal para su conservación.

Entre los objetivos de la nueva etapa que comienza el monasterio bajo la dirección directa del Instituto de Cultura de Barcelona —después de varios años bajo el paraguas del Museo de Historia de Barcelona—, está la de aumentar el número de visitantes. “Este es un sitio sereno y tranquilo, pero podemos aumentar los visitantes sin romper la paz del lugar”, asegura Castellano.

En diciembre comenzaron un ciclo de diálogos que reflexionan sobre la espiritualidad en el arte, la cultura o la paz y que se han programado uno al mes.

En 2004 se inauguró una exposición con 60 obras de arte seleccionadas de un fondo de 6.000 del rico patrimonio que atesora este monumento. La exposición, que se puede ver en el lugar que acogió durante 11 años la primera ubicación de la colección Thyssen antes de viajar al MNAC, se renovará por completo próximamente, según Castellano.

Los responsables del monasterio no han decidido si organizarán alguna actividad relacionada con la efeméride de 1714. “El monasterio no jugó ningún papel en esta guerra, quedó en la retaguardia, al estar alejado de la ciudad”, comenta Castellano. Pero sí tienen previsto conmemorar otra guerra. El proyecto estrella para el año que viene de Pedralbes será una exposición que pondrá de relieve el papel del monasterio durante el conflicto de 1936-1939, al acoger las obras de arte del Prado camino de su exilio a Francia. “La idea es utilizar las estancias donde se protegieron las obras para explicar este episodio mediante documentos y algunas de las obras de arte”. Todo bajo la atenta mirada de las 13 monjas clarisas que viven al otro lado del claustro.

Por José Ángel Montañés de El País.