14 septiembre, 2015

Un ladrón robó hace años nueve ‘warhols’ y los sustituyó por copias

warhols

¿Sería usted capaz de distinguir un Warhol original de una copia? Los dueños de nueve láminas del pintor icono del pop art parece ser que no lo fueron. Durante quizá más de tres años. De hecho, solo supieron que lo que colgaba de sus paredes eran copias y no obras originales cuando, ante el deterioro de una de ellas, decidieron llevarlas a enmarcar de nuevo.

Fue entonces cuando el enmarcador, no una cadena cualquiera sino alguien especializado en obras de arte, descubrió que las copias eran falsas, ya que no tenían ni firma ni números de serie. Podría decirse que, hasta ahora, el robo ha sido el golpe perfecto. El autor —o autores— lograron sacar las láminas de sus marcos sin dejar un solo rasguño, ni en las obras ni en las paredes de las que colgaban.

Se calcula que los grabados valen unos 350.000 dólares y forman parte de las series Endangered Species (Especies en vías de extinción) y Ten Portraits of Jews of the Twentieth Century (Diez retratos de judíos del siglo XX), que el artista muerto en Nueva York realizó respectivamente en 1980 y 1983, según el informe del departamento de policía de Los Ángeles. La noticia de tan peculiar golpe fue adelantada la semana pasada por el portal de cotilleos sobre celebridades TMZ.

Debido a que la investigación del caso se encuentra abierta, Don Hrycyk, el detective de la brigada de arte al frente del robo, no ha ofrecido más detalles. En la denuncia puesta a la policía, los nombres de los dueños de los warhol están tachados en los papeles a los que ha tenido acceso la prensa, por lo que no son públicos, según el diario Los Angeles Times.

Lo que sí es conocido es que las láminas de Warhol decoraban las paredes de un negocio familiar dedicado a la edición de cine en el cuarto piso de un edificio de oficinas situado en Los Ángeles.

Una de las obras robadas, Bald Eagle (Águila Calva), fue vendida en el otoño de 2011 por la casa de subastas Bonhams, lo que en opinión de la policía podría ser el hilo del que tirar para deshacer la madeja de un robo del que nadie se percató en su momento y del que no hay ninguna pista.

Por ahora, los detectives intentan determinar quién compró la obra y quién la entregó. Cuando sea recuperada, será devuelta a sus dueños.

Los detectives creen que el ladrón tomó fotografías de las obras, encargó copias del mismo tamaño y con estas reemplazó los originales. Todo sin dejar absolutamente ningún rastro de su delito, ya que han sido necesarios varios años para que se descubriera el fraude.

Robos de obras de arte ha habido, hay y habrá muchos a lo largo de la historia. Este ha sido de guante blanco.

Otros casi puede decirse que son reivindicativos. Como cuando en 1994, El Grito de Munch fue sustraído de la Galería Nacional de Oslo a plena luz del día por una banda encabezada por el ladrón de arte más famoso de Noruega. Tardaron menos de un minuto en llevarse el lienzo e incluso tuvieron tiempo para dejar una nota: “Gracias por la falta de seguridad”.

Es lo que le ha faltado al ladrón de los warhol.

Por Yolanda Monge en El País.