8 julio, 2014

Un ‘gaudí’ destruido dos veces

tornavoz

Gaudí plantó un diseño único en 1904 en la catedral de Mallorca, en Palma. Era un tornavoz, un artefacto que el arquitecto catalán ideó para expandir la palabra del predicador desde el púlpito. El concepto y la forma del artilugio fascinó a Le Corbusier, fue el único detalle que dibujó en su visita al templo, en 1932. “Tuvo una fuerte influencia en su memoria y lo intentó recrear en distintos proyectos suyos”, explica el catedrático Josep Quetglas, experto en el referente de la arquitectura moderna. A pesar de su singularidad, fue destrozado en dos ocasiones: en 1971 y el pasado año.

Aquel gaudí único e icónico fue eliminado en 1971, durante la dictadura, por los puristas provinciales del arte, el patrimonio y la liturgia. Creyeron que la corriente eléctrica y los altavoces habían superado la función “acústica” del objeto arquitectónico entre las altas columnatas góticas. Y el voluminoso tornavoz se perdió. Lo vieron provisional, tan solo una maqueta sin terminar —no estaba decorado— aunque estuvo 66 años incorporada a la imagen y cuerpo de la catedral.

Tomando como referencia las 14 fotografías que se conservaban, el arquitecto ibicenco Elías Torres trabó en 2010 una réplica ligera, en yute, poliestireno y volvió a darle vida. Era un homenaje a un objeto inacabado, como otros del altar mayor, que retienen huellas de Gaudí y Josep Maria Jujol. Su instalación fue, además, una evocación al paso de Le Corbusier, que recibió un homenaje en Mallorca. La pieza nueva costó 30.000 euros, fue pagada por el Gobierno balear —de izquierdas— y permaneció instalada más de tres años, aunque la propuesta inicial fue solo para seis meses. Hubo consenso y curiosidad. Nadie se alzó contra aquel gaudí blanco.

El peso de la rutina de la Administración —y de la reacción— arrastró de nuevo en 2013 al tornavoz, de seis metros de alto y seis de planta. Fue desmontado. Dos de sus lóbulos fueron rotos para poder sacarlo, a piezas, por las puertas del templo. El diseño es irrecuperable, las fracturas afectan a su epidermis y estructura. En 2010 se pensó que podía ser cedido a los círculos gaudinistas de la Sagrada Familia de Barcelona para su eventual exposición o uso. Pero los contactos no pasaron de unos sondeos inconcretos entre arquitectos. “El único mobiliario litúrgico original de Gaudí es el que dibujó y obró para la catedral de Mallorca”, subraya Josep Quetglas. Algunas piezas, muebles y forjados originales, han sido copiados en Cataluña para exposiciones.

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EL PAÍS ha descubierto el desbarajuste patrimonial que suponen los vestigios de la recreación. Los restos del mueble gaudí contemporáneo están al aire libre, en el exterior de la fábrica Poraxa de Porreres, donde se gestó en 2010. Elías Torres dejó un trazo mínimo en pan de oro para evocar a Jujol, que trabajó con Gaudí en la reforma y renovación de la catedral mallorquina. El tornavoz completo fue ocultado, desmontado y mellado, en un almacén industrial de Palma.

La administración mallorquina y el capítulo de canónigos aplicaron la normativa al deshacerse del artilugio. Era una instalación “con permiso provisional”, no era una obra original, e impedía la restauración de una zona de la sillería cercana y del mismo púlpito. Esa es la explicación administrativa.

Mercè Gambús, profesora de Arte de la Universidad UIB y miembro del Grupo de Investigación del Patrimonio que asesora a la catedral, dice que el tornavoz es un mueble, “un intento de réplica creativa, con cierto diseño y con un homenaje a Jujol por parte de Elías Torres”. Niega ser la autoridad motora —”no tengo nada que ver”, asegura— de la decisión de retirada. “La ponencia técnica de la comisión del Patrimonio lo ordenó. El permiso provisional se agotó con creces”. La profesora rechazó tener conocimiento del destino de la pieza y de su fractura total. “En 2013 el motivo fue administrativo, no ideológico”, explica la asesora de Patrimonio. “Podría aceptar su permanencia, pero no se planteó”, dice ahora Gambús.

Elías Torres, con sus colegas Lluís Clotet y Rafel Moranta, reconoció días atrás lo que queda de su obra. No hay posibilidad de reconstrucción. Los restos de esclatassang (un níscalo, una seta) están a la intemperie, amenazados por el sol y el agua.

El arquitecto y ex consejero del Gobierno balear, Jaume Carbonero, que patrocinó la intervención de Torres, lamenta la pérdida de la pieza. Y considera que el último tornavoz fue un “pequeño milagro” gracias al anterior obispo de Mallorca, Jesús Murgui. El prelado, cuando lo presentó, dijo que el tornavoz recordaba “un momento especialmente glorioso, rico y bello de la historia de la catedral”.

Por Andreu Manresa en El País.