20 enero, 2014

Un “experimento” reabre Altamira

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Las cuevas de Altamira, cumbre del arte rupestre y del patrimonio arqueológico mundial, reabrirán tímidamente sus puertas los próximos meses. Concretamente, hasta agosto y con los visitantes (elegidos al azar) disfrazados de investigadores. De este “experimento”, aprobado ayer en Santillana del Mar (Cantabria) por el patronato del museo, saldrá el titular definitivo sobre la reapertura —o no— de un conjunto que desde la oscuridad de una gruta milenaria aún ilumina, tanto tiempo después, el milagro del hombre y del paso del tiempo.

El desafío final es la conservación del tesoro en las mejores condiciones, pero sin limitar del todo el acceso del público. Esta suerte de pacto entre ciencia y gestión del Patrimonio es el objetivo prioritario de los investigadores encargados de mimar un tesoro único del paleolítico. “Lo que se ha aprobado es una prueba que es parte del programa de conservación”, subrayaba ayer por teléfono José Antonio Lasheras, director desde hace 20 años del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, que alberga una copia del conjunto. “Llevamos un tiempo evaluando la presencia de los propios investigadores y nos pareció que lo que podíamos hacer con personal del museo se podía llevar a acabo con la colaboración de individuos externos”.

Esa “colaboración” tiene como objetivo analizar el impacto en las pinturas de la presencia humana: la temperatura del aire y de la roca, la humedad, la contaminación microbiológica, las filtraciones, los niveles de CO2… De esta manera, se creará (en principio, a partir de febrero) un sistema de entrada “aleatorio” entre los visitantes del museo programados durante esos días. A ellos —cinco personas por semana— se unirá un guía. De ese modo, el acceso a la gruta será de seis en seis. “Siempre siguiendo unas condiciones determinadas de tiempo y de vestuario”, apunta Lasheras. Es decir, atendiendo al protocolo de indumentaria, tiempo y espacio al que están obligados los propios investigadores. “Y así accederán”, añade, “a este experimento físico. Después, al rellenar un cuestionario, participaran en otro, esta vez, de naturaleza antropológica”.

Se calcula que en total participarán 192 personas en los ocho meses que dure la fase de estudio. Los elegidos ayudarán a definir la futura gestión del monumento.

Desde la decisión de cerrarla por última vez, en 2002, a la cueva de Altamira solo entra un contadísimo número personas. Todas ellas, vinculadas a su conservación e investigación. En 2010, el Patronato del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira acordó mantener este régimen de acceso y no establecer ningún tipo de visita pese a que se había anunciado la reapertura de la cueva. El entonces presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, manifestó su oposición a que se mantuviese un patrimonio de semejante valor cerrado por más tiempo. “Altamira es un activo del que no podemos desprendernos. Cada personalidad que viene a Cantabria quiere visitarla. Tuve que decirle que no podía en su día a Jacques Chirac y hace poco a Calderón, el de México. Que no, que no había manera, así por lo menos podemos hacerlo. Yo sugerí el otro día que hasta podíamos invitar a Obama. Lo importante es que el símbolo lo pueda ver alguien”.

Pero ese mismo año, un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desaconsejó la reapertura. “Evidentemente, el aislamiento es lo mejor. Pero el Patrimonio también tiene una ley que cumplir y, como ha señalado hoy el secretario de Estado de Cultura [José María Lassalle, presente en Santillana del Mar], esa ley es el acceso del público”, apunta el director del museo. “Con Altamira hay mucha responsabilidad, incluso un exceso de prudencia”

por ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS, EL PAÍS