28 abril, 2014

Un escenario del siglo XIII

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Al castillo de Morón de la Frontera (Sevilla), una alcazaba levantada por los árabes en siglo XIII y maltratada por la historia, le ha cambiado la suerte. Este sábado 26 iniciará una nueva vida como espacio escénico y sede de las compañías Trasto Teatro, de Morón, y SilencioDanza, de Málaga. El conjunto, abandonado desde hace más de 20 años, se ha convertido en Centro de Investigación de Artes Escénicas El Castillo gracias al empeño, y al dinero, de estos dos grupos que han diseñado una programación estable que comenzará con la obra La yaya, de la compañía barcelonesa La Valenta.

Por su torre del Homenaje, el único espacio techado del conjunto gracias a la rehabilitación que realizó una escuela taller del municipio entre 1989 y 1992, pasarán el violinista libanés Ara Malikian, el bailarín de contemporáneo israelí Sharon Fridman, el bailaor Daniel Doña, el grupo Muégano Teatro (Ecuador) o Labirinto Teatro (Brasil), entre otros.

“Firmamos un convenio con el Ayuntamiento de Morón el pasado 10 de febrero por el que nos ceden el uso del castillo como centro de investigación escénico y para albergar espectáculos. Nosotros corremos con todos los gastos para adecentar el espacio, que tenía más de una cuarta de excrementos de animales, y acondicionarlo como sala de exhibición”, explica Raúl Cortés, director de Trasto Teatro, una compañía que nació en Morón en 2002.

En la rehabilitación del monumento para convertirlo en un centro escénicas han colaborado vecinos del pueblo

Los cuatro miembros de la compañía teatral y los dos que integran SilencioDanza, dirigida por Nieves Rosales, han trabajado sin descanso para que este sábado El Castillo pueda ofrecer su primera representación en una sala de 64 metros cuadrados en la que han montado tres gradas que alojan 100 localidades. “Cuando la gente nos ha visto trabajar se ha generado una corriente de solidaridad en el pueblo y han venido muchos vecinos a ayudarnos, contentos de recuperar el castillo para el pueblo y, más aún, de contar con una programación”, comenta Cortés, quien también es autor de todos los textos que representa su grupo. Con No es la lluvia, es el viento obtuvo el premio de Creación de Cáceres en 2012 y, después, “tradujo” el texto al lenguaje corporal para que lo representara Silencio Danza.

El castillo árabe, situado en una colina con una vista espectacular, acabó convertido en palacio fortaleza por los duques de Osuna en los siglos XV y XVI. El conjunto sirvió al ejército de Napoleón como fortín en la batalla contra las tropas de Ronda, pero en su huida lo bombardearon para evitar que otros lo utilizaran después. La Guerra Civil contribuyó también al deterioro de sus muros de tapial y cantería y, durante la posguerra, sus murallas cobijaron hasta 111 familias, hacinados en chabolas.

“Estos muros alojaron a gitanos y perseguidos políticos. Durante años fue refugio de excluidos, tanto que en el pueblo para ofender a alguien por su baja casta o escasos modales se le dice ‘eres un castillero”, comenta el director y dramaturgo.

En la programación hasta finales de este año figuran también las bailaoras Luisa Palacio y Lidia Valle, el guitarrista Pepe Justicia, la compañía de danza contemporánea inglesa de Thomas Noone, el grupo de mimo francés Troisième y SilencioDanza.

La idea de sus promotores es ir habilitando otros espacios del castillo. El patio de armas alojará el festival de música previsto para julio y, además, la segunda planta de la torre principal servirá para montajes al aire libre. “Como el espacio es tan pequeño, nuestra idea es habilitar las mazmorras de la torre del Homenaje y una torre aledaña, más pequeña, para que nos sirva de camerino”, adelanta Raúl Cortes, quien añade que todas las intervenciones cuentan con el visto bueno de Cultura, ya que se trata de un monumento declarado Bien de Interés Cultural.

Los promotores del proyecto han creado un abono anual, que supone descuentos en todos los espectáculos (info@trastoteatro.com), y otro solidario para los que, aún estando fuera de Morón, puedan contribuir a que el castillo tenga una segunda vida por medio del arte.

Por Margot Molina en El País.