18 febrero, 2014

Un cuarto de siglo de modernidad

1392664620_336180_1392665552_noticia_normal
“Hoy es una fecha histórica”, afirmó Antonio Saura hace justo 25 años, con motivo de la inauguración del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM). El tiempo le dio muy rápido la razón al gran pintor informalista, porque al poco de nacer uno de los primeros museos de arte moderno y contemporáneo de España, surgido de la descentralización autonómica y con un presupuesto muy ajustado, se convirtió en una referencia internacional en el mundo del arte. Le avalaban el rigor y el talento para detectar los ángulos de sombra que dejaba el mercado para abrirse un espacio propio entre las vanguardias históricas, la fotografía, el pop arty el informalismo, un espacio que fue creciendo a lo largo de su cuarto de siglo de vida. Prueba de ello es la exposición que hoy inaugura la reina Sofía, como ya hizo entonces.

Colección del IVAM. XXV Aniversario es el título de la muestra que pretende dar una visión del arte del siglo XX hasta la actualidad a través de 412 obras. La actual directora del IVAM, Consuelo Ciscar, se la encargó al crítico y catedrático de Filosofía Francisco Jarauta, que ha elegido entre las 11.000 piezas de los fondos del museo para trazar un recorrido “cronológico” mediante tres grandes galerías del museo.

La primera arranca con el estupendo Hombre-cactus, de Julio González. “Esta sala es la del gran escultor de las vanguardias y sus amigos, con obras de Torres-García, Brancusi, Matisse o David Smith”, explica el comisario.

1392664620_336180_1392665370_sumario_normal

Los fondos de González conformaron los pilares sobre los que se edificó la colección del museo. Fueron adquiridas por el primer director del IVAM, Tomás Llorens, para quien el centro valenciano posee “la colección más importante de arte del siglo XX de España”, después de la del Centro Reina Sofía, que también dirigió.

La muestra prosigue internándose en las tensiones intelectuales surgidas en torno a la Primera Guerra Mundial, con la eclosión primero del futurismo y después del dadaísmo, que se ilustra con obras de Duchamp, Man Ray, Arp o Sonia y Robert Delaunay. Continúa con soluciones artístico-sociales como las de la Bauhaus de Gropius, o experimentales como las de Moholy-Nagy, Hélion o Alexander Calder. Los manifiestos, las revistas, los libros y las ilustraciones adquieren una importancia vital en los movimientos de vanguardia, como se pone de relevancia en la exposición que se prolonga hasta el 4 de mayo.

“El IVAM supo comprar cuando se desintegró el poder soviético”, apunta Jarauta, frente a la sugerente sala del constructivismo ruso (Rodchenko, Stepanova, El Lissitzky o Malevich). “En el IVAM nos fijamos al principio en artistas importantes donde el mercado aún no había puesto sus focos”, recuerda el exdirector de la Tate Modern Vicente Todolí, otro nombre clave en la historia del IVAM, del que fue responsable artístico entre 1989 y 1996. Todolí, que trabajó sobre todo bajo la dirección de Carmen Alborch (y en menor medida, de José Francisco Yvars), resalta “la gestión profesional e independiente” de una etapa que vivió sin injerencias políticas.

Muy política es la espectacular sala dedicada al estallido de Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. El cartelismo y todas sus variantes gráficas se ponen al servicio de la agitación y la propaganda. Las portadas de Heartfield para la revista AIZ, los Ecce homo de Grosz, o los fotomontajes antifascistas de Renau comparten espacio con una escultura alegórica de Lipchitz, los cuadros del Equipo Crónica y Equipo Realidad, las fotografías del frente de Agustí Centelles o un affiche de Miró.

1392664620_336180_1392665720_sumario_normalAcaba así la primera parte de la exposición, más experimental y documental, y comienza otra más convencional, con un espléndido cuadro de Tàpies, junto a una rotunda escultura de Anthony Caro, además de obras de Saura, Millares o Michaux. El informalismo europeo y el expresionismo abstracto estadounidense representan un regreso a la materia. Al mismo tiempo, se detecta a finales de los 50 y principios de los 60 una abstracción geométrica de raíces constructivistas y una experimentación con el mundo de la ciencia. La muestra se detiene aquí en obras de Gottlieb, Fontana, Oteiza o Tony Smith.

El itinerario avanza hacia otro de los puntos fuertes de los fondos del IVAM: el pop art. Están representados artistas como Hamilton, Baldessari, Oldenburg, Rosenquist o Lindner. Y creadores en torno a la galería de Leo Castelli, como Jaspers Johns, Rauschenberg o Lichtenstein. La ironía y la crítica social caracterizan el pop español de Arroyo, Genovés o Gordillo. Todos ellos están presentes en esta segunda galería, que acaba con una crítica a la cultura contemporánea a través de Richard Serra, Robert Smithson, Dieter Roth o Gerard Richter.

En la tercera galería, el recorrido expositivo concluye con creaciones de finales del siglo XX y algunos posteriores, que revelan los problemas de identidad, de memoria colectiva o del cuestionamiento de las diversas formas de resistencia. Son instalaciones y obras de Boltanski, Tony Oursler, Cristina Iglesias, Sean Scully, Juan Muñoz, Antoni Muntadas, Joan Fontcuberta, Markus Lúpertz o Georg Baselitz.

En definitiva, la exposición pretende “poner en valor” la colección del IVAM, según ha reiterado Consuelo Ciscar, que cumple este año un decenio al frente del museo, una casa que también fue dirigida por Kosme de Barañano y Juan Manuel Bonet.

por FERRAN BONO, EL PAÍS