3 julio, 2013

Un Cristo a la medida

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El calco de las pinturas servirá para fijar la copia virtual que se proyectarára en el templo de Sant Climent de Taüll

¡Cómo impone este Cristo de Sant Climent de Taüll de escala sobrehumana en la distancia corta! Acostumbrados a verlo a nivel del suelo o reproducido en imágenes, tenerlo frente a frente deja, un poco, sin aliento, y no es por haber subido por el andamio de acero que se ha instalado en el interior del ábside desde hace una semana y que está previsto retirar el próximo martes.

Hacía 18 años que no se podía ver tan cerca esta pintura, obra cumbre de la pintura mural románica que conserva el Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC). “Fue en 1995 cuando se trasladaron los ábsides tras las obras de reforma dirigidas por Gae Aulenti, pero entonces no pudimos centrarnos en las pinturas”, asegura Mireia Mestre, jefa del área de Restauración y Conservación del MNAC subida encima del andamio, junto a otras cuatro restauradoras, todas mujeres, que pasan toda la jornada cerca de estas imágenes. Sigue de cerca los trabajos, cámara fotográfica en mano, Jordi Camps, conservador jefe de Arte Medieval del museo.

Tras realizar fotografías ultravioletas y reflectografiás de infrarrojos para ver los diferentes cortes y tomar muestras de los pigmentos, para poder conocer con mayor precisión los materiales y el proceso de creación de las pinturas del siglo XII, se están realizando un calco, con papel de acetato, de toda la pintura.

Un trabajo realmente complejo —es una superficie curva— y, sobre todo, minucioso que requiere grandes dotes de paciencia y buena mano. Virtudes que parecen tener todas ellas. Además, según Paz Marquès, una de ellas “aquí se trabaja con muy buenas vibraciones”.

Ya han calcado la parte interior y ahora están centradas en la superior, donde está la imagen central de Cristo. Han tenido suerte. Cuando las pinturas fueron fijadas al nuevo soporte, tras ser arrancadas de los muros de la iglesia de Sant Climent a comienzos del siglo XX, las uniones de los diferentes fragmentos se clavaron para asegurarse. Ahora, las cabezas de estas puntas de hierro sirven para colocar imanes que aguantan y fijan el acetato y así pueden pintar encima del papel transparente.

Desde 1995 no se había podido ver tan cerca de las pinturas del siglo XII

Mestre, asegura, después de tantos días cerca de la obra, que el pintor de Sant Climent era realmente un maestro excelente, que dominaba la técnica y trabajaba con mucha seguridad y que en la obra se ve “a nivel de planificación una sola mano, independientemente de que el relleno de los colores los hicieran varias personas”. También ha podido comprobar que “no hay repintes” más allá de los que se hicieron para adaptar la pintura a la nueva superficie cuando la obra llegó a Barcelona. Además de constatar el excelente estado de conservación a pesar de que las pinturas jamás han sido restauradas, se han localizado restos de hoja metálica en los rayos que salen de la cabeza que “pueden ser de plata o estaño pero que resaltarían la divinidad de la figura”.

Allí arriba, se ven perfectamente las líneas de unión entre las partes —algunas de más de un centímetro de grosor— y cómo se intentaron disimular. También se aprecia como “el maestro de Taüll” pintó las líneas curvas a mano alzada y que no son tan precisas como cuando las ves a unos metros de distancia. Se le perdona.

La copia que está realizando tiene una utilidad práctica. Servirá para fijar la copia virtual que el Departamento de Cultura de la Generalitat —dentro del programa Romànic Obert de La Caixa que aporta los 400.000 euros— está preparando y que se proyectará sobre los muros desnudos de la iglesia. La proyección, una especie de mapping que está prevista inaugurar para el mes de julio, permitirá ver, por primera vez en muchos años todas las pinturas juntas: las que se exponen en el MNAC y las que permanecen in situ en los muros de la iglesia.

Por José ángel Montañés para El País