2 agosto, 2010

Un bicentenario olvidado: 1810

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Rafael Vidal
Doctor en Historia por la Universidad de Granada

Figura_1_FerrocarrilDesde el año 2008 estamos conmemorando el bicentenario de la Guerra de la Independencia, que como todos sabemos, comenzó con el levantamiento del Pueblo de Madrid, el 2 de mayo de 1808 y terminó el 29 de diciembre de 1813, al obligar Napoleón a su hermano José que abdicara la corona española en la dinastía derrocada, estando jalonados estos años de acontecimientos bélicos y políticos, generadores de los actos recordatorios correspondientes, que se suceden casi de forma ininterrumpida por todos los rincones de España.

Sin embargo el año 1810 es un año un tanto olvidado. Parece como si su único acontecimiento importante hubiera sido la convocatoria a Cortes en la Isla de León en Cádiz, que dio nacimiento a régimen político liberal, que aún perdura. Sin embargo fue mucho más que eso.

Figura_2_M_VaporEl año de 1810 puede considerarse trascendental para España. Cuando de forma cronológica se relacionan las distintas eras o edades de la cultura occidental, hablamos de la “edad antigua”, para señalar el período comprendido entre las primeras civilizaciones y la desaparición del imperio romano, materializándose en España con la invasión de los visigodos. La “edad media”, término que se acuña muy posteriormente para designar el período entre la antigüedad clásica y el Renacimiento, se considera que culmina con la conquista de Constantinopla por los turcos, a mediados del siglo XV y en nuestro país con la toma de Granada en 1492, iniciándose la llamada “edad moderna”. A finales del siglo XVIII, con la Revolución francesa, parece que surge un nuevo concepto de la vida: social, económica, industrial, religiosa, etc., considerando algunos historiadores que con ello comienza la que se llama “edad contemporánea”, que en España, de forma pedagógica, se ha señalado la fecha del dos de mayo de 1808, para identificar este cambio. Sin embargo el hecho de la invasión francesa y el alzamiento del pueblo, autoridades y ejército, contra el invasor, no modificó la estructura social y política española, cuestión que se hizo patente a raíz de febrero de 1810, precisamente en la Isla de León y en Cádiz, cuando se instauró una nueva forma de gobierno para España, asimilándose e implantándose muchos conceptos surgidos de la Revolución francesa.

Muchos historiadores cuestionan esta división cronológica-cultural, precisamente cuando la historia de la humanidad se ha hecho más global y lo que hemos entendido por “historia universal” es sólo una pequeña parte de la misma. ¿Dónde insertamos el imperio Chino? Los libros de texto recogen parte de su historia adscribiéndola a la división efectuada para Occidente, pero evidentemente ni los avances culturales, técnicos, científicos, etc., son comparables. Lo mismo podríamos exponer de otras civilizaciones orientales, africanas o americanas.

Hemos expuesto que el cambio de era, de Moderna a Contemporánea en España, se produjo a principios de febrero de 1810, para ello debemos de presentar los argumentos necesarios para demostrarlo.

Los finales años del siglo XVIII y principios del XIX supusieron cambios trascendentales en la humanidad. Todo se modificó y los mayores de sesenta años que vivían en 1840, creían que el mundo se había vuelto loco, porque la vida, la cultura, los adelantos científicos, el arte, la sociedad, la economía, etc., era muy distinta a la que ellos conocieron en su juventud.

Figura_3_JuramentoLa humanidad había hecho progresos a lo largo de los siglos, pero muchos de ellos quedaban para privilegio de unos pocos, pero de pronto los inventos se convierten en cosas de uso común, como por ejemplo el tenedor que pasa a ser de necesidad para las comidas del ciudadano de principios del siglo XIX; el hombre comienza a ver a gente con gafas bifocales; aparecen establecimientos fabriles donde trabajan cientos de trabajadores asalariados (revolución industrial); la ropa se abarata extraordinariamente gracias a los telares mecánicos; el ciudadano del primer tercio del siglo XIX, siente que con su voto puede cambiar la gobernación del estado y que existen tres poderes: ejecutivo o real, legislativo o de las cortes y judicial o de los jueces; la medicina se convierte en un conocimiento científico, alejado del misticismo y religiosidad que hasta la fecha imperaba en su quehacer, y los médicos se afanan en superar los azotes de las enfermedades; en la sociedad aparece con fuerza la clase social de la burguesía, verdadero motor económico y social de la nación; la máquina de vapor; la prensa hidráulica, el sextante; la pila eléctrica; el globo aerostático; la litografía; el sistema métrico decimal; la telegrafía óptica; y tantas y tantas cosas que asombraban a las personas de ese principio de siglo; y por supuesto el mundo occidental aparece con una nueva dimensión, ya no son los únicos países los europeos, sino que en América, los antiguos colonos se ha hecho cargo de sus propios destinos y hablan de igual a igual a los pobladores y gobierno del viejo mundo.

Cuando nos vemos, el ciudadano de este principio del siglo XXI, creemos que la humanidad ha dado un salto cualitativo y cuantitativo, pues bien, se puede asegurar, que ese mismo salto fue sentido en el inicio del XIX, comenzando a percibirse ese cambio en la España que nace en 1810, tras la desaparición de la Junta Gubernativa y Central de España e Indias, imponiéndose la Regencia del reino.

Figura_4_Monumento_CortesEl año de 1810 es clave en la historia española: las Juntas Supremas, gobernadoras de los distintos reinos, resignan su poder soberano en un Consejo de Regencia, compuesto por cinco miembros, entre los que por primera vez se tiene en cuenta a un representante americano. Desde este Consejo que ostenta la prerrogativa de “Majestad”, hasta tanto no asuma sus funciones, Don Fernando VII, se da salida a un Gobierno moderno y relativamente eficaz, desapareciendo los antiguos Consejos arcaicos de gobierno, naciendo los modernos ministerios, entre ellos el de la Guerra, que no tiene necesariamente que ser ostentado por un militar, caso de don Eusebio Bardaxí y Azara, propiciador de la Academia Militar de la isla de León, del cuerpo de Estado Mayor y de una nueva forma de conducir la guerra, como la mejor manera de alcanzar la victoria frente a los franceses.

A partir de 1810 existe una conducción de la guerra para todo el teatro de operaciones de la península Ibérica. Los ejércitos han sido destruidos por la nefasta dirección de los dos años anteriores, durante los cuales la estrategia de acción directa, es decir la de buscar la confrontación con el enemigo para derrotarlo en el campo de batalla, ha sido la predominante, con gran fracaso, por la desigualdad orgánica y operativa entre ambos contendientes.

Sin embargo, desde la regencia, se inicia una nueva forma de hacer la guerra contra el invasor con mejores posibilidades de alcanzar la victoria, aplicándose, al principio, las estrategias indirectas y de aproximación indirecta.

Con la estrategia indirecta se ataca al enemigo con las guerrillas, partidas y corsos, con objeto de hacerle la vida imposible en el terreno que ocupa, mientras tanto se va forjando el nuevo ejército, con generales que eran los tenientes coroneles y coroneles del inicio de la contienda y con oficiales salidos de los centros de enseñanzas, en su mayoría procedentes de las universidades españolas.

Figura_5_FernandoVIIEn poco tiempo se está en disposición de lanzar expediciones a través del mar, dominado por lo aliados, atacando en los lugares de menor expectativa, obligando a los imperiales a montar una operación militar, allegando recursos militares desde distintos territorios, y necesarios en sus misiones originarias, para reducir la nueva amenaza. La expedición se retira tras las primeras escaramuzas y después de un desgaste más que apreciable en el contrincante.

Tras dos años de reorganización, el ejército español, se encuentra a partir de 1812, en disposición de derrotar al contrario en una batalla, volviéndose a la estrategia de acción directa, con la que se consigue la victoria final y la expulsión de los franceses de las fronteras hispanas.

Otro aspecto importante a destacar del nuevo ejército surgido desde la Isla de León, es su espíritu liberal. Los oficiales que lo nutren proceden de las universidades, es decir del colectivo más proclive a absorber las nuevas ideologías surgidas con la Revolución francesa. Muchos de ellos se han formado en la Isla de León, desde donde han vivido la llamada a Cortes, los apasionados debates de la asamblea y desde la lejanía la aprobación de la Constitución de 1812.

El cambio político es total, la convocatoria a cortes reúne en Cádiz a representantes de todos los reinos de España, incluidos los ultramarinos. Todos se afana en dar a la nación española, expresión que recoge el artículo 1 de la Constitución de 1812, una nueva forma de convivir, más humana y pendiente de las minorías y desfavorecidos. Tal vez es mucho decir si hablamos de “democracia”, pero eran los primeros peldaños para convertir a una arcaica nación, regida por un poder absolutista y omnímodo, en otro más compartido, dividido y liberal.

Los debates se encienden, y los diputados se afanan en dotar las instituciones españoles de los organismos que han respondido con bondad a los requerimientos sociales en Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos de Norteamérica. Se atempera el poder de la Iglesia, y eso que muchos representantes eran eclesiásticos. Se intenta establecer unas bases legales que regulen la economía y la relación entre las clases sociales.

La ciudad de San Fernando, en la provincia de Cádiz, conmemora el bicentenario de 1810, un año crucial para la Historia de nuestra nación, las miradas de todos deberían volcarse en la génesis de la edad Contemporánea.

Málaga, 26 de julio de 2010