25 septiembre, 2015

Últimos secretos y confidencias del Rey Católico al Gran Capitán

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Eran un Rey y su más leal vasallo, un gobernante inteligente y ambicioso y el más bravo e innovador de sus soldados (y los dos eran primos). Por eso las cartas que cruzaron Fernando de Aragón, el Rey Católico, y Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, son una de las más ricas fuentes para entender la complejidad del tablero europeo a finales del XV y principios del XVI. Viejos folios llenos de secretos, instrucciones y hasta párrafos donde se asoman los sentimientos y desvelos del Monarca. De aquellas campañas se conocen cientos de misivas, pero ahora se han hallado 16 cartas inéditas, conservadas por los duques de Maqueda, que se mostrarán en la gran exposición que dedicará el Museo del Ejército a su noble antepasado y que será inaugurada la próxima semana. El motivo es el quinto centenario de la muerte de Fernández de Córdoba, otra de las gigantescas figuras de la historia de España que nos hemos empeñado en olvidar durante décadas.

En una de las cartas, el Rey se desahoga con el Gran Capitán y le comenta la indignación que siente por el trato que el Archiduque otorga a su hija Juana, de la que comienzan a decir que está loca. Son palabras del Rey: «Que no se ha contentado con publicar por loca a la Reyna mi fija, su mujer, y enbiar acá sobre ello escrituras firmadas de su mano, e más he sabido que la tienen en Flandes como presa e fuera de toda su libertad. E que no consienten que la sirva ni vea ni hable ninguno de sus naturales, e que lo que come es por mano de flamencos, e así su vida no está sin mucho peligro, guárdela Dios, ya vos vedes que devo yo sentir de todo esto, e para con vos yo disimulo por no ponerla en más peligro fasta traerla, si a nuestro señor plugiere»

Para el coronel Jesús Anson, comisario de la exposición que abre sus puertas al público en el Alcázar de Toledo el próximo viernes, se trata de documentos importantísimos. «Estaban en el archivo familiar de los duques de Maqueda, muy bien guardadas. Y hay un conjunto de casi cuarenta misivas inéditas, de las que dieciséis están relacionadas con el Gran Capitán».
Fin de la guerra medieval

Preguntamos al coronel del Ejército de Tierra por el personaje: «Al Gran Capitán –nos confiesa– se le ha comparado con Alejandro Magno o con Escipión el Africano por la importancia de las campañas militares que desarrolló». Señala que «hablamos, sin duda, del que fue el primer jefe de una fuerza expedicionaria española. Hasta entonces no estaba España constituida, y fue la primera vez que una fuerza nacional, por mandato de los Reyes Católicos, salía fuera de España con un propósito concreto: recuperar el Reino de Nápoles».

Es verdad que el Gran Capitán ha tenido una reivindicación reciente para el gran público como parte del elenco de la serie «Isabel», en la que era interpretado por Sergio Peris Mencheta. Pero para hacerle justicia, insiste el coronel Anson, sería necesario subrayar que él acabó con las reglas del combate medieval, innovando en Nápoles. «Supo acabar con el poderío de la caballería pesada. El ejército francés era mucho más numeroso y tuvo que hacer grandes innovaciones. A parte de la infantería la dotó de picas para detener a la caballería pesada. Hizo determinante del uso del arcabuz, que por entonces no tenía mucha cadencia de fuego, pero sí penetraba en las corazas mejor que la ballesta. Aligeró la caballería y al resto de la infantería la infiltraba con una rodela y una espada ligera en las líneas enemigas causando mucho daño». Organizó las unidades en cuadros más pequeños y maniobrables, idea que daría paso a los tercios, el ejército que hizo posible el imperio.
Soldados de toda España

Había nacido un mito. Hay innumerables publicaciones extranjeras que se imprimieron sobre él. «Inglesas, francesas y sobre todo italianas, porque en Italia fue una figura legendaria, el primer caballero del Renacimento, un modelo que parte de las biografías que hicieron historiadores como el caballero florentino Francesco Guicciardini», recuerda Anson.

¿Y quién componía su ejército? Aquí se certifica lo que era España en el momento de convertirse en un Estado nación moderno: la mayoría de la fuerza expedicionaria procede de Castilla. Pero las tropas se enriquecen con soldados de toda España. Hay asturianos y gallegos (2.000) y un importante contingente de vizcaínos (como se llamaba a los vascos), capitanes legendarios como Juan de Lezcano o Pedro Navarro. ¿Y catalanes, ya que estamos en la Corona de Aragón? «No había muchos soldados catalanes –responde Anson–, pero la contribución de los mismos a la Armada fue muy importante, al mando de Bernardo Villamarín». Son datos de la historia, de plena actualidad.

¿Y por quién luchaban? No cabe duda de que lo hacían por esa nación recién formada que vivía por entonces además la fabulosa aventura americana. En una de las cartas inéditas, que van de 1495 a 1508 en su mayor parte, Fernando el Católico impulsa a que sus soldados, a los que llama así: españoles, se casen en Nápoles: «Otrosí, porque es de creer que en estas guerras havrán enbiudado muchas mugeres de todas suertes en el Reyno de Nápoles, y muchas de aquellas y otras que están por casar, es de pensar que havrán plazer de casarse con españoles, diréis al dicho nuestro visorey que deve procurar que se casen en aquel Reyno todos los más españoles que ser pudiere, de los peones y de todas suertes, y si hay algunos lugares despoblados que se hayan de poblar que se pueblen de españoles». Política de asimilación y mestizaje que los Reyes Católicos llevarían al Nuevo Mundo.

A veces, en su nombre, el Gran Capitán debía impartir justicia, como en el caso del traidor Alonso de San Severino: «En todo caso le faga luego degollar por justiçia por traidor si ya no fuere fecho, y que en esto no ponga dilaçión ni consulta alguna». Pero hay que decir que algunas cartas no han podido leerse. Guardaban secretos, y están tan bien cifradas que los siguen guardando, así que sólo los ojos del Rey y del Gran Capitán pudieron alguna vez leerlas.

Para el historiador José Enrique Ruiz Domenec, verdadero especialista en el Gran Capitán, estas cartas «tratan de la alta política y diplomacia que se lleva en Italia, en el Reino de Nápoles y muestran también algunas diferencias que el Rey y el Gran Capitán mantenían sobre algunos aspectos de carácter estratégico y administrativo». De hecho, confiesa a ABC que han corroborado alguna de las hipótesis que él mantenía en su libro, referencia sobre el Gran Capitán. En las cartas vemos distintas caligrafías, «incluso hay un manuscrito del Rey Fernando y alguna carta con la terrible letra de González de Córdoba, que es la típica letra endemoniada de los grandes de la época, hecha con rapidez y pluma de ave: es letra de médico».

Claves perdidas, cartas todavía sin descifrar

A pesar de tener las cartas, no todas se pueden leer. Entre ellas hay un conjunto de misivas cifradas porque trataban de asuntos secretos de la guerra de Nápoles y de los esfuerzos diplomáticos que permitieron la división del reino entre Francia y España. El Rey Católico dirigía personalmente la estrategia. Y enviaba órdenes precisas a Gonzálo Fernández de Córdoba con el fin de que sus instrucciones fueran seguidas fielmente. Sorprende en grado de sofisticación que tiene el cifrado, destinado a guardar bien los secretos militares y diplomáticos. Tan bien guardados están que la cifra empleada no ha podido ser aún traducida. Es decir, aquellos secretos lo siguen siendo, en su mayor parte. En un mundo violento, de espías, caminos traicioneros y campos batallas, y teniendo en cuenta lo que los mensajeros tardaban en recorrer aquellas distancias enormes, resulta lógico que los reyes avivasen el ingenio para salvar las comunicaciones.

La única carta cuyo contenido se ha podido conocer es la que aparece a la izquierda de estas líneas, porque tiene una anotación que –seguramente– es la transcripción de uno de sus fragmentos. El Rey le da instrucciones al Gran Capitán sobre dónde debe situar parte de las tropas.

Laura Camino, archivera del equipo de la exposición, comenta que en esa carta «le dice exactamente que tiene que situar a las tropas de la familia Colonna, uno de los aliados, en Sicilia porque en ese momento les interesaba hacerlo así. Y que debe mantenerlos allí hasta que reciba órdenes en otro sentido». La cifra es una de las más complejas que existe. Utilizaban distintos métodos: tablas cifradoras, inclusión de elementos y signos nulos, etc. Un nivel de complejidad enorme para aquel viejo reino castellano que soñaba con ser grande. «Incluso palabras que se leen perfectamente pero que llevan un significado oculto y diferente en cada misiva. “Caballo”, por ejemplo. También jeroglíficos, y otras simbologías que después no servían para otras cartas. Por eso, si no se halla la tabla, no se podrán descifrar», remacha Laura Camino.

Por Jesús García Calero en ABC.