24 febrero, 2014

Tras el tesoro de los Nibelungos

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-Cazatesoros han buscado durante años las legendarias riquezas que el asesino de Sigfrido escondió junto al Rin

Doce carretas acarrearon durante cuatro días, yendo y viniendo, el fenomenal tesoro que Hagen de Tronje, caballero de la corte del Rey Gunter de Borgoña, se llevó tras asesinar a Sigfrido, el héroe de El Cantar de los Nibelungos. El famoso poema épico alemán solo cuenta que Hagen escondió el tesoro «junto al hoyo, en el Rin», según explica la ensayista y germanista Rosa Sala Rose, pero desde que un autor desconocido escribiera este relato a principios del siglo XIII no han faltado cazatesoros en su búsqueda. Sobre todo a partir de 1755, cuando los documentos medievales fueron encontrados en Hohenems y la leyenda pasó a convertirse en epopeya nacional.

Parece una locura que aún hoy alguien busque el oro amasado supuestamente por un pueblo mitológico de enanos oscuros que vivían en las profundidades de la tierra y que Sigfrido se llevó tras atravesar el corazón del dragón Fafner que lo custodiaba tras bañarse en su sangre para ser invulnerable, pero el Cantar de los Nibelungos cuenta con un sustrato histórico.

La epopeya, cuyos tres manuscritos más antiguos forman parte del Registro Memoria del Mundo de la UNESCO, relata el exterminio de los burgundios por parte de los romanos y de los hunos. El Etzel del relato sería Atila, el emperador de los hunos y Sigfrido representaría al rey Arminio, jefe de los germanos que derrotaron a los romanos en la batalla de Teutoburgo, aunando en el mismo texto a personajes históricos que no coincidieron en el tiempo. Si la narración tiene raíces históricas, ¿existió el tesoro?

El arquitecto Hans Jörg Jacobi, de Maguncia, se ha pasado los últimos 40 años buscándolo, según recogía DW.de el pasado agosto. «Es una de las pocas aventuras posibles hoy en día», aseguraba determinado a probar «que es verdad el Cantar del Nibelungo».

Cerca de Worms, la ciudad donde se sitúan gran parte de las escenas de la canción, y en Rheinbach, en Renania del Norte-Westfalia, se ha buscado el botín que ahora podría haber descubierto un cazatesoros aficionado en Rülzheim. «En términos de cronología y geografía, el descubrimiento encaja con la época del mito de los nibelungos», ha señalado con una sonrisa Axel von Berg, arqueólogo jefe del land Renania Palatinado.

«No podemos decir si pertenece realmente al tesoro nibelungo», añade Von Berg, quien sí precisa que su propietario «vivió bien». El tesoro, valorado en un millón de euros y formado por cuencos de plata, broches y otras piezas de joyería de vestidos ceremoniales y pequeñas estatuas que adornaban una silla ceremonial, fue enterrado apresuradamente alrededor del año 406-407 a.C. en Renania Palatinado, la región con el tramo más largo del Rin.

El hombre que dio con el tesoro, que ahora está siendo investigado por haber destrozado el lugar y por haber vendido algunas piezas, lo descubrió en un bosque, no en el río. No es descabellado. El Rin ha cambiado su cauce por lo que no tendría que estar necesariamente bajo el agua.

«En realidad el Rin siempre ha estado lleno de tesoros» porque «las tribus germánicas se aventuraban con frecuencia al otro lado de su frontera natural para saquear a sus vecinos romanos», relata Sala Rose. Los romanos aprovechaban el momento en el que los bárbaros cruzaban el Rin en sus balsas sobrecargadas para contraatacar y el oro acababa en el río. El último hallazgo podría ser uno más.

Hagen nunca reveló su escondite, según el Cantar de los Nibelungos.

El Cantar de los Nibelungos

El manuscrito relata cómo Sigfrido vence a los nibelungos y se hace con su tesoro tras matar al dragón Fafner y convertirse en invulnerable tras bañarse en su sangre, salvo en una pequeña porción de su espalda donde se posó una hoja. El botín, sin embargo, arrastra una maldición. Sigfrido se enamora de Krimilda, hermana de Gunter, el rey de los brugundios. Éste le concede su mano a cambio de su ayuda para conquistar a Brunilda, reina de Islandia de gran belleza, fortaleza y bravura. Para casarse con ella había que vencerla en combate. Sigfrido, con un manto mágico que lo hace invisible, ayuda a Gunter en la lucha y logra la victoria. Ambas parejas se casan, pero Brunilda descubre el engaño tras una indiscreción de Krimilda y urde una venganza con ayuda de Hagen. Éste engaña a Krimilda y averigua el punto vulnerable de Sigfrido para matarlo y llevarse el tesoro de los Nibelungos, que esconde en el Rin.
Krimilda se venga casándose con Etzel (Atila), el rey de los Hunos que acabará por hacer prisionero a Hagen. Al no lograr que éste revele el escondite del tesoro, Krimilda lo asesina de forma deshonrosa y el caballero Hildebrando que presencia la escena, la mata.

por M.A, ABC