20 marzo, 2013

Tondo Doni de Miguel Ángel

TONDO DONI

Autor: Miguel Ángel

Cronología: 1503 – 1505

Localización: Galería Uffizi. Florencia

Técnica: Temple sobre tabla

Genio creador e inventor prolífero Michelangelo Buonarroti es la figura clave del Alto Renacimiento y representa la culminación de la tradición florentina basada en el dibujo y el diseño.

Hablar de Miguel Ángel supone hablar de genialidad, talento y temperamento, una personalidad tan fuerte y completa que hasta sus propios contemporáneos le dieron en vida el apodo de “ El Divino”. Considerado como la figura artística que dominó el panorama creativo del siglo XVI, fue pintor, escultor, arquitecto y poeta, y en todos estos campos y a lo largo de toda su carrera siempre buscó un único fin, la perfección del arte. El alma de su arte fue el dibujo y fue el dibujo el que siempre unió todas sus disciplinas artísticas.

Se dice que con él terminó la pintura renacentista con su perfecto ideal de belleza y tras él nace la pintura moderna mucho más inquieta y dramática, y es que fue el propio artista el que sin darse cuenta abriría el camino a este cambio.

Tondo Doni

Con Miguel Ángel nace la nueva concepción del artista y en él se manifiesta la clara representación del genio creador. Fue un hombre moderno y extraordinario en su época, nunca tuvo taller, ni aprendices pero eso no sería impedimento para que crease escuela y sus seguidores quisiesen aprender su gran “maniera” de crear, difundiéndose rápidamente su estilo por toda Europa.

Fue el artista excepcional de la Italia del Renacimiento, desarrollando su carrera en la cuna exquisita de las grandes obras renacentista. Conoció la grandeza de la Florencia de Lorenzo el Magnífico pero también fue testigo del inicio de la crisis europea que duraría más de un siglo. Contempló como una Italia empobrecida y humillada por las guerras perdía su independencia, como cobraba fuerza la protesta de Lutero y como llegaba la división de la cristiandad.

Su carrera transcurrió entre Florencia y Roma, fueron estas dos ciudades testigos de su grandiosidad, y en ellas se encuentran sus grandes obras maestras. Toda su trayectoria siempre se desarrolló en un mundo refinado y culto, lo que hizo que tuviera desde niño una completa formación moral, cultural y religiosa.

Su vida comenzó en Caprese, no muy lejos de Arezzo, Miguel Ángel Buonarroti nacía en 1475 en el seno de una familia acomodada y relacionada con la vida pública. Con tan sólo seis años perdería a su madre y se dice que fue a esta temprana edad cuando comience a interesarse por la pintura. Algo que nunca agradó a su padre que esperaba para él una carrera pública y diplomática. Quizá por ello le hizo estudiar gramática pero muy pronto el joven mostró su gran interés por el dibujo frente al latín o el griego.

Aunque su padre nunca estuvo de acuerdo terminaría cediendo, y con tan sólo doce años ingresaba en uno de los talleres más importantes de la época, el de Doménico Ghirlandaio, donde precozmente aprendería la técnica del fresco y donde mostraría su increíble capacidad para el dibujo.

Pero en este taller no pasaría mucho tiempo, ya que se cree que Miguel Ángel no se encontraba cómodo con el estilo de su maestro. Se puede decir que ya en estos precoces años de su formación sería autodidacta, basada en el estudio de esculturas antiguas y en lo que se refiere a pintura sus referentes serán Giotto y o Masaccio, para él los renovadores del arte florentino. Con la copia en dibujo de los frescos de estos grandes maestros, el artista italiano fue poco a poco definiendo su estilo.

 

Tras este periodo inicia estudios en el jardín de los Médicis, bajo el patronazgo de Lorenzo el Magnífico. Estos años serán de vital importancia para su plena formación y de gran felicidad para el joven. Acogido como un hijo por la familia Médicis, tendrá contacto directo con los miembros más destacados del humanismo como Ficino o Pico della Mirandola. Y fue también el periodo en el que realizará sus primeras obras escultóricas.

Será en el año 1496 cuando se traslade por primera vez a Roma, allí realizará dos encargos que lo proyectarán directamente a la fama, el Baco y la Piedad de San Pedro del Vaticano, dos obras que no sólo destacaron por su perfecto acabado sino por su maestría técnica y su belleza. Era el inicio de una carrera imparable e impecable.

Regresaba a Florencia cinco años después recibiendo importantes encargos, entre ellos destacó la escultura del David que con su belleza perfecta sintetizó los valores del humanismo renacentista.

Esta primera etapa de Miguel Ángel en Florencia es conocida como la etapa de juventud, un momento en el que trabajó bajo la protección de los Médicis y que ya consolida como gran maestro a un joven Miguel Ángel. Un periodo que se cierra con un encargo muy especial y que hoy en día esta considerado como la única tabla que puede ser atribuida con seguridad al joven artista.

Estamos hablando del famoso “Tondo Doni”, conocido también como “La Sagrada Familia”, una tabla realizada con la técnica del temple, encargo de la poderosa e influyente familia Doni. Sería Agnolo Doni, un rico mercader florentino quien le pediría al artista un cuadro para celebrar su matrimonio con Maddalena Strozzi, joven que provenía de la famosa y rica familia de banqueros.

El tema elegido sería la sagrada familia y para ello el artista decidió utilizar una tabla circular, conocida con el nombre de tondo, de ahí el sobrenombre con el que se conoce esta pieza. Este formato circular, típicamente florentino, permitía al artista crear una composición con fuerza y movimiento donde las figuras conquistasen por completo el espacio.

Solucionando la obra a través de las figuras principales, donde el grupo central de la Sagrada Familia se dispone a través de una composición piramidal y con un claro movimiento espiral que llena de fuerza la pieza.

La formación de escultor del artista determinó por completo el aspecto de las figuras que destacan por su fuerza, ya que son tratadas como esculturas.

La base de la curva helicoidal que envuelve toda la obra es la Virgen de rodillas que con sus poderosas piernas y con la cabeza colocada hacia la derecha gira sobre sí misma para entregar al Niño a San José. La Virgen destaca por su monumentalidad y fuerza mientras que el Niño Jesús se representa con ese equilibrio inestable, que siempre caracterizó las pinturas y esculturas del artista. Mientras que con la figura de San José con el cuerpo inclinado hacia la izquierda corona este grupo compacto lleno de vida, logrando remarcar y equilibrar el movimiento en forma de espiral.

Separados por una balaustrada nos encontramos con la figura de San Juan Bautista niño que sirve de unión con el último plano en el que vemos un friso de desnudos.

Con el paso del tiempo se llegó a la conclusión de que en esta obra a parte de la representación de la Sagrada Familia podría verse la sucesión de las diversas épocas en la historia del hombre.

Los ignudi, figuras desnudas, representarían la civilización pagana, San Juan y San José la era mosaica y la Virgen con el niño la era de la Redención a través de la encarnación de Jesús.

 

A parte de las increíbles soluciones compositivas no podemos dejar atrás otro de los elementos más destacados de esta pieza, que será el efecto colorista, ya que el maestro del dibujo, destacaba también por su dominio del color. Miguel Ángel se caracterizaba por conseguir los efectos colorista mediante la aplicación del óleo a capas, primero con los colores más intensos hasta llegar a los más suaves de la paleta.

En esta tabla pintada en témpera y óleo utiliza una técnica nueva llamada “canguiante”, técnica de la que se le considera el precursor, consistía en aplicar los colores más puros desde su tonalidad más oscura en el lineado del dibujo hasta llegar a las zonas de luz donde el color aumenta en viveza con los blancos.

Pero siguiendo las sólidas enseñanzas florentinas, elige pocos colores puros como el rojo o el azul y los trata de forma magistral, utilizando complicadas asociaciones de color, los yuxtapone con cierta dureza y con la utilización del claroscuro acentúa la plasticidad de las formas.

Y a todo ello se une una utilización magistral de la luz, que se convierte en otro elemento protagonista, una luz que resbala por toda la composición, logrando dar vida a todas las figuras proporcionándoles plasticidad y fuerza.

En esta obra todo es genialidad los contornos son precisos, los colores fríos bañados por la luz, el dibujo casi en relieve, la composición se llena de fuerza por la posición de sus personajes. Destacando el dominio del claroscuro, y la asociación de los tonos elegidos que logran conferirle al cuadro un relieve sorprendente hasta el punto de parecer que los protagonistas están contenidos en una esfera.

 

EL Tondo Doni es el fiel reflejo de todos los postulados que se defendían en el quattrocento la medida, la naturaleza, la belleza y el humanismo. Pero al mismo tiempo aunque nos encontramos ante una obra temprana la complejísima solución compositiva anuncia el manierismo, del que se le considera el precursor.

Por eso la obra la debemos situar en un contexto determinado, a principios del siglo XVI, un tiempo marcado por los cambios de la sociedad, pero también por el fuerte carácter de un joven Miguel Ángel que se dejaba influir por todo lo que le rodeaba. Desde su postura vital ante la religión o sus profundas convicciones sobre el ideal de belleza, debido a sus estrechos contactos con los círculos neoplatónicos en sus primeros años de aprendizaje.

Definido como la cumbre absoluta de la creación artística,fue admirado y respetado por sus coetáneos, que elogiaban que en sólo sus creaciones se podía encontrar la cualidad denominada “la terrrebilitá de Miguel Ángel”, algo que sólo podía atribuirse a la grandeza de su genio, era un terminó personalizado que sumaba todos sus rasgos inimitables como la intensidad emocional, el vigor físico o el entusiasmo creativo de todas sus piezas.

En su carrera confluyen la belleza y la expresión, y serán la energía del dibujo, el deseo de movimiento, la fuerza y armonía lo que definan toda su obra plástica.

Su personalidad está llena de idealismo y rebeldía, su obra de variedad y complejidad. Absolutamente inconformista siempre se movió por un ansia irrefrenable de perfección y belleza. Miguel Ángel representa el fin de una época y el comienzo de otra. Llegándose a proclamar que después de su genialidad, el arte y la figura del artista ya no volverían a ser las mismas.

Por Laura Pais Belín.