26 septiembre, 2014

Todas las facetas de Rubens, cara a cara en una exposición en Bruselas

rubens

«Podrá haber otro Tiziano, otro Rafael, pero no otro Rubens». Quien habla es el escritor y crítico de arte John Ruskin. Su cita, instalada sobre unos bocetos del maestro flamenco, cierra la exposición «Sensación y sensualidad», que aborda en el Bozar de Bruselas la profunda huella que ha dejado el legado de Rubens en cuatro siglos de Historia del Arte.

Fue innovador, original, prolífico, inmenso… Poseía un envidiable talento, un virtuosismo con el pincel y una suntuosa paleta, que Baudelaire comparaba con fuegos artificiales. Sus composiciones, su técnica, sus colores… fueron seguidos por pintores de distintas épocas, escuelas y países. Si hubiera existido Facebook entonces, hubieran temblado Lady Gaga y Rihanna. Lo suyo sí que eran legiones de seguidores incondicionales. Podría hablarse del «rubenismo», casi una religión. Hasta el mismísimo Velázquez se rindió ante él y cambió la manera de pintar tras su encuentro con Rubens.

Para dar buena cuenta de su irresistible imán y su legado el centro belga, en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Amberes y la Royal Academy de Londres, adonde viajará la muestra el próximo año, reúne 160 obras, entre ellas una veintena de pinturas, 6 bocetos al óleo, 8 dibujos y 10 grabados de Rubens, que se mide con pintores de la talla de Rembrandt, Murillo, Jordaens, Constable, Turner, Fragonard, Watteau, Daumier, Gainsborough, Reynolds, Delacroix, Van Dyck, Cézanne, Renoir, Klimt, Kokoschka, Picasso… Paradójicamente, era inimitable, pero todos intentaron imitarle. Y desde luego para todos fue una fuente de inspiración irresistible.

El título de la exposición ya adelanta las contradicciones de Rubens. Hay un Jekyll y un Hyde en su producción. Por un lado, sus creaciones violentas, poderosas (al servicio de la Iglesia, la Monarquía y la nobleza), grandilocuentes, excesivas, sensacionales. Hay quien se atreve a llamarle «el Tarantino de su tiempo». Pero también está el Rubens más sensual, más lírico e íntimo, ese «Príncipe de los pintores», arquitecto de la paz, también denominado «el Homero de la pintura», que abre las puertas al rococó, el romanticismo y el impresionismo. Ambos Rubens están presentes por igual en esta exposición, que permanecerá abierta hasta el 4 de enero de 2015 y que cuenta con préstamos del Prado, el Ermitage, el Metropolitan, la Tate, la National Gallery de Washington, el British Museum, la colección de la Reina de Inglaterra….

Una pintura arrebatada y arrebatadora

Explica el comisario de la muestra, Nico Van Hout, que a los pintores de cada país les interesó un Rubens concreto. Así, los españoles apreciaban especialmente sus obras religiosas; los ingleses, sus retratos y paisajes; los franceses, sus escenas bucólicas, plagadas de erotismo y poesía; los alemanes y austriacos admiraban su vitalidad. La exposición se articula en torno a seis temas: la violencia, el poder, la lujuria, la compasión, la elegancia y la poesía. Todos ellos se hallan en la arrebatada y arrebatadora pintura de Rubens.

Pocos artistas como él crearon unas puestas en escena tan convincentes de la violencia: plasma en sus lienzos de manera muy dramática y teatral cacerías sangrientas, martirios de santos, masacres de niños, combates a muerte, bestias exóticas… Fue un maestro de los efectos especiales, que plasmó en obras como «La caza del tigre» (Museo de Bellas Artes de Rennes), presente en la muestra, junto a obras de Delacroix, Rembrandt… Rubens fue también un formidable pintor de propaganda. No en vano fue un incansable diplomático al servicio de la paz. Trabajó para María de Medici, el Duque de Mantua, la Infanta Isabel Clara Eugenia (fue su consejero), el Rey Felipe IV (era su pintor favorito)… En este apartado se exhiben obras de Rubens como «La coronación de María de Medici».

Las mujeres de Rubens

La lujuria está presente en cada centímetro de algunos de sus lienzos más sensuales: es uno de los artistas que mejor ha sabido plasmar la piel desnuda de una mujer. Aunque muchos le critican que las mujeres de Rubens son simplemente un objeto de deseo para los espectadores, que actúan como meros voyeurs. En las salas del Bozar cuelgan sensuales Rubens como «Fortuna» (Prado), «Venus Frigida» (Amberes), «Pan y Siringa», de Rubens y Brueghel el Viejo (Kassel), «Angélica durmiendo y el ermitaño» (Viena)… que se miden con obras de Van Dyck, Manet, Watteau, Renoir, Daumier, Fragonard…

Rubens como pintor de la Contrarreforma. Su fervor religioso se lo debe a su madre. El taller del maestro elaboró muchos retablos para iglesias de Flandes que acabaron, gracias a la voracidad y el pillaje de Napoléon, en Francia. Hoy son objeto de culto en el Louvre. En la exposición lucen obras del maestro flamenco como el espléndido «Tríptico Michielsen» (Amberes), junto a crucifixiones de Delacroix, Gainsborough y Rembrandt, obras de Murillo y Claudio Coello cedidas por el Prado…

La nobleza y la alta burguesía de su época fueron retratadas por un Rubens adinerado y ambicioso, que gozaba de un estatus muy elevado: mujeres espléndidamente vestidas y enjoyadas, ataviadas para impresionar, que parecen salidas de la portada de «Vogue». En una pared cuelgan juntos el «Retrato de María Grimaldi y su enano», de Rubens (Kinston Lacy) y «Dama de la nobleza genovesa y su hijo», de Van Dyck (National Gallery de Washington)… Completan la sala retratos de Watteau, Sir Thomas Lawrence, Reynolds…

Sus últimos años

En sus últimos años, Rubens se compra un castillo cerca de Malinas. Se acababa de casar con la jovencísima Helene, de 16 años, su segunda esposa, de quien estaba muy enamorado. La pintura de Rubens se torna bucólica, idílica… Pinta muchos paisajes campestres y hermosas alegorías como «El jardín del amor», del Prado, que se exhibe junto a dos bocetos de este cuadro cedidos por el Metropolitan. Enfrente, «La bacanal de los Andrios» (Museo Nacional de Estocolmo). Son dos obras maestras del pintor.

En la muestra hay importantes ausencias y la selección de las piezas es muy irregular. El comisario lo atribuye a que se han escogido las obras en las que la influencia de Rubens es más evidente. Muchos imitaban al maestro a partir de copias de sus trabajos, no del original. La Casa de Rubens de Amberes tomará el testigo el próximo año con la exposición «Rubens en privado», que reunirá, a partir del 28 de marzo, medio centenar de sus retratos.

Por Natividad Pulido en ABC.