7 octubre, 2015

Titanic: la verdad del mito atraca en Colón

titanic

«La película de James Cameron es una historia buenísima, pero lo que dice nunca ocurrió». El historiador Claes-Göran Wetterholm, uno de los mayores expertos mundiales sobre el Titanic, no tiene ninguna duda. La verdad sobre el siniestro marítimo más famoso de la historia atraca en el Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa, con la exposición «Titanic, The Exhibition». Una muestra única, comisariada por este investigador sueco, que ha traído hasta Madrid cerca de 200 objetos originales. Fragmentos de historia que albergan el recuerdo de los verdaderos protagonistas del fatídico viaje. Todos han sido minuciosamente estudiados y rescatados de colecciones privadas para ser testigos únicos de la impresionante tragedia que se llevó consigo la vida de 1.495 personas.

El objetivo, según sus organizadores, es hacer sentir una «entrañable experiencia, con una alta carga humana y emocional». Un recorrido en el que la «verdad» sobre el transatlántico se impone sobre la leyenda, aunque sin renunciar a los mitos que han inspirado a la literatura y al cine. Uno de ellos es el colgante original en el que James Cameron se basó para crear la joya de ficción denominada «Corazón de la Mar» que Rose Dewitt –interpretada por Kate Winslet y Gloria Stuart– luce en la oscarizada «Titanic».

La exposición fue presentada por Luis Ferreiro, director de Musealia, como la «más importante y definitiva de cuantas han realizado hasta la fecha sobre el mítico buque». De hecho, expone por primera vez al gran público piezas singulares, con trágicas historias tras de sí, como el camisón que la pasajera Carolina Byström llevó puesto durante la noche del naufragio, una valiosísima lista social de pasajeros de primera clase, parte del atuendo del tercer oficial de a bordo, entre otros objetos personales.

Los calcetines de Joakim

Malkolm Joakim Johnson viajó como pasajero de tercera a pesar de tener una posición adinerada. Tras años de trabajo en Estados Unidos, este sueco regresó a su país natal con una gran suma de dinero para volver adquirir la granja familiar, que estaba en manos de su padrastro. Al no llegar a ningún acuerdo económico, regresó a bordo del Titanic a Nueva York. Antes de zarpar, le confesó a su hermano que había guardado todos los fajos de billetes en el interior de los calcetines que llevaba puestos, para no levantar sospechas. Malkolm no logró sobrevivir al naufragio y cuando le entregaron el cuerpo a sus familiares, la documentación mostraba un dato sorprendente: no llevaba calcetines bajo sus botas.

A pesar de los trámites que realizó su familia, la fortuna de Malkolm nunca se recuperó. Sin embargo, en su cuerpo se encontró un cuaderno de piel y también la «sitting card», documento necesario para poder sentarse a comer durante la travesía. La tarjeta, impresa en varios idiomas, detallaba la ubicación del asiento. Se trata de un objeto de especial relevancia histórica, ya que solo se tiene constancia de tres de estas tarjetas, lo que la convierte en una de las piezas más raras que se conocen en torno al desastre del Titanic, y que se podrá ver por primera vez en Madrid.

Disculpas de Cameron

El director de la compañía Musealia, Luis Ferreiro, explica que la película «contribuirá indudablemente» a que nuevas generaciones se introduzcan en el «universo Titanic», si bien alertando de los contrastes de esta cinta. «A nivel técnico es una gran película, pero en cuanto a lo histórico, tiene algunas inexactitudes como mínimo que no hacen justicia a lo que sucedió», señaló. Una de ellas hace alusión a la historia del primer oficial William Murdoch, quien sale en la película siendo sobornado y luego disparando a un pasajero.

«Todo eso no ocurrió e incluso Cameron se tuvo que disculpar y ofrecer una donación a la fundación de la familia de Murdoch para contrarrestar la imagen ofrecida», añadió Ferreiro, quien también recuerda que si el barco se hubiera hundido como refleja la película, con la caída habría provocado un tsunami «que se hubiera llevado por delante a los botes salvavidas».

La muestra combina objetos originales del barco con fotografías de sus propietarios, la recreación de partes exteriores y la verdadera historia de lo exhibido a través de la audioguía. «Es como una máquina del tiempo que nos transporta hasta 1912, sería lo más parecido a viajar en el Titanic. Estos objetos originales son las únicas voces vivas de ese momento y lo más importante a veces no es lo que vemos, sino lo que sabemos», apunta Ferreiro. Los visitantes podrán visitar un camarote tipo y recorrer los pasillos del trasatlántico.

Por Adrián Delgado Madrid en ABC