31 marzo, 2014

Tesoros de Crimea en tierra de nadie

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Crimea: oro y secretos del mar Negro, la muestra abierta en el museo arqueológico Allard Pierson, de la Universidad de Ámsterdam, bien podría llevar el subtítulo provisional de Arte en el exilio.Las obras proceden de cinco museos ucranios, cuatro de ellos ubicados en Crimea, y la anexión de la península por parte de Rusia ha complicado su devolución. Aunque se trata de una cesión normal entre centros culturales, la universidad y el Gobierno holandés estudian ahora “la forma de retornarla a sus legítimos dueños”. La pregunta es ¿adónde?, porque Crimea y Ucrania las reclaman con igual intensidad.

La comunidad internacional no ha reconocido la anexión de Crimea, y el oro de Escitia llevado a Holanda, procedente de la antigua región euroasiática que abarcaba el sur de Rusia y Ucrania, el norte del Cáucaso, y el Bajo Danubio, es más preciado que nunca. En Ucrania temen que vaya a parar directamente a la magnífica Sala Rusa del Hermitage de San Petersburgo, que cuenta asimismo con abundantes restos de tumbas del pueblo escita. Su director, Mikhail Piotrovsky, aseguró a la radio nacional que el conjunto debe permanecer en la península. Luego dijo que “desde el punto de vista jurídico, las cosas no están tan claras”, en una Ucrania escindida desde el pasado 18 de marzo. Una frase ambigua que el Hermitage aclaró enseguida. En una nota remitida a la agencia rusa Itar-Tass, se explica: “Ni nuestra sala, ni las demás salas rusas, reclamarán las colecciones de Crimea”. El resto del comunicado aclaratorio volvía a enredar las cosas: “La ética marca que los préstamos de arte regresen al museo que los guardó durante siglos. Las leyes, por otro lado, pueden señalar como dueño al museo del país que incluye el territorio que las cedió”.

El viernes, Mikhail Shvydkoi, representante del presidente Putin para la cooperación cultural internacional, quiso zanjar la cuestión con una advertencia. “No puedo precisar el procedimiento legal para el retorno, porque puede haber varias formas de hacerlo. Pero el conjunto forma parte del patrimonio cultural de la región”, afirmó, a través de la agencia RiaNovosti.

Poco antes, el Ministerio ucranio de Cultura había señalado que aguardaba el preciado cargamento en Kiev, la capital. Las razones para ello serían que su departamento negoció el préstamo para la exposición holandesa, montada antes en Bonn (Alemania). Andrei Malgin, director del Museo de la Táurida (Simferópol, Crimea), uno de los afectados, pidió lo mismo, pero para su sala. “Puede que haya gente en Kiev que las quiera, pero esperamos aquí las obras cuando echen el cierre en Holanda, el próximo 18 de agosto”. En plena confusión, el Museo de Tesoros Artísticos de Ucrania desmintió que pensara entregar el de Escitia a cambio de un préstamo del Fondo Monetario Internacional. “No es cierto”, comentaron fuentes del museo.

La madeja política, cada vez más gruesa, ha cogido por sorpresa al museo holandés. Abocado a un ejercicio que amenaza con invocar el derecho internacional, sus portavoces pregonan: “No tenemos intención de quedarnos con nada, pero es un tema complejo y lo estudiaremos a fondo”. Para los juristas de la Universidad de Ámsterdam, y sus colegas de Exteriores, es una auténtica patata caliente de la diplomacia cultural, y no pueden soltarla sin conocer su destino. Desde la propia Universidad de Ámsterdam admiten que la situación es muy complicada: “Estamos en contacto permanente con el museo, con Kiev y con Moscú”. El centro holandés tiene una de las colecciones arqueológicas más importantes del mundo, en especial sobre Egipto, Grecia antigua, el Imperio Romano, los etruscos y Oriente Próximo.

La muestra, entretanto, sigue su curso bajo una luz distinta. Con la perspectiva de la anexión de Crimea a Rusia, puede leerse casi en términos políticos. Del casi millar de objetos a la vista, unos 300 llegaron del Museo de la Táurida. El Museo de Historia y Arqueología de Kerch, y el de Bachjisarái, también colaboran. En Crimea, todos exponen ánforas, cerámica, armaduras, material etnográfico (como telas y bordados) y litografías.

Cuando el catálogo subraya “la identidad política y cultural de Crimea (…) una península escenario de sucesivos dramas históricos”. Y cuando habla de “Crimea y el mar Negro, que estuvieron y siguen estando en la encrucijada entre Europa y Asia”, resulta difícil evadirse del trasfondo político actual. En el Allard Pierson han hecho un gran esfuerzo por “revisar la trayectoria de escitas, hunos y godos, llamados erróneamente bárbaros durante siglos”. Unas cajas de laca china, llegadas a Crimea a través de la Ruta de la Seda en tiempo de los Romanos (siglo I a.C.), evocan hoy caminos más difíciles de transitar, si cabe.

Por Isabel Ferrer en El País.