12 marzo, 2013

«Terminar la excavación de ‘La Ragazzona’ sería nuestra mayor ilusión»

Había anochecido el 7 de diciembre de 1588 cuando «La Ragazzona», el mayor navío de la Armada Invencible, llegaba maltrecha a la bocana de la ría de La Coruña. Capitaneada por Martín de Bertendona, venía de combatir a la vanguardia del ala norte en en el Canal de la Mancha. Felipe II había ordenado su reparación antes de ser devuelta a Venecia, pero un temporal rompió su último ancla. Arrastrada a su suerte contra la costa de Ferrol, se hundió.

Casi por casualidad, más de cuatro centurias después, un grupo de arqueológos charlan durante una comida y lamentan que este pecio haya sido olvidado: «Sabíamos que estaba naufragado en aguas gallegas y que debía estar en una zona accesible al buceo,relativamente fácil de encontrar». Sin tiempo que perder, emprendieron un proyecto que el pasado viernes obtenía sus primeros resultados: el hallazgo de diversas piezas de artillería a doce metros de profundidad, en un área de 900 metros cuadrados, en el interior del puerto exterior de Ferrol, hacia la zona de la bahía de Cariño.

«Hemos hallado concreciones metálicas -en las que no se puede identificar el elemento original por la corrosión adherida- y piezas deartillería de diverso calibre y tipología con toda seguridad anteriores al siglo XVIII», explica David Fernández, quien ha dirigido el proyecto de cuatro años y las prospecciones: una colaboración a tres bandas entre la Universidad de Santiago, en la que él es investigador en el equipo de trabajo Arqueopat; la Unidad de Buceo de la Armada en Ferrol y la empresa Argos, de la que este arqueólogo de 34 años es gerente.

Sacres y culebrinas

De la ría ferrolana han surgido pequeños cañones denominados sacres o esmeriles, otros intermedios y culebrinas, «piezas de artillería mayores que iban en la borda y se usaban en la lucha naval directa», cuyo estado de conservación es desigual.

Pero este grupo no ha sido el primero en sumergirse en busca de «La Ragazzona»: «Hemos tenido un final agridulce porque hemos visto quealgunas piezas estaban golpeadas». A las sospechas de que alguien ya había estado allí, y no con las mejores intenciones, se suma la ausencia de piezas cerámicas, habituales en este tipo de descubrimientos: «Es muy extraño que no aparezca ni el más mínimo elemento cerámico». Tampoco madera, ya que el casco de esta galeaza no ha sido visto en la inmersión superficial, aunque podría haber fragmentos de él enterrados. «Cabría asumir que la madera haya desaparecido porque se la come un xilófago conocido de forma coloquial como “la broma”, pero la cerámica es un elemento enormemente estable y que perdura a través de los siglos. Es muy extraño que no haya salido nada».

Dañados a propósito

Los golpes en las piezas descubiertas tampoco son fortuitos: «Alguien podría haber llegado por azar, pero en todo caso lo que sospechamos es que alguien lo ha encontrado y ha golpeado concienzudamente los objetos con un utensilio fuerte. No es cosa de aleteo fugaz. Ha sido hecho a propósito y con tiempo suficiente», ilustra Fernández.

Lamenta la situación ya que son «piezas sin valor económico, pero de gran valor histórico». Resulta imposible cuantificar el material sustraído, pero en base a las pesquisas que una restauradora del equipo ha realizado, «no parecen ser roturas demasiado antiguas: no fueron hechas el mes pasado, pero tampoco hace 200 años. Son relativamente recientes».

Sea como fuere, la preocupación de este académico gallego solo mira al futuro. Han notificado a la Xunta los datos recabados para ser registrados y han alertado a las autoridades competentes para que «ese punto arqueológico sea objetivo de vigilancia. No nos interesa tanto ver quién ha podido hacer esos daños como que en adelante no sufra otros nuevos».

Datación y trabajos pendientes

«Nos queda trabajar con esa documentación. Usaremos piezas de artillería análogas bien datadas para obtener una cronología precisa y confirmar al cien por cien que corresponden a ese naufragio, aunque todo apunta a ello», señala. No anticipa una segunda fase investigadora en profundidad que facilite nuevos hallazgos, pues hasta ahora el «modesto» proyecto se ha autofinanciado. «No quiere decir que no estamos abiertos a continuar. Sería nuestra mayor ilusión», matiza con la esperanza de que este sea el acicate que propicie subvenciones públicas y privadas.

«La Ragazzona» aguarda al fondo una nueva visita, acostumbrada como está a seguir prestando servicio incluso tras su hundimiento. En 1589, unos meses después de su ruina, parte de su tropa, de su marinería y de los cañones que habían sido rescatados participaron en la defensa de la ciudad de La Coruña contra el pirata Drake.

Empresas españolas

En España hay pocas empresas de arqueología como Argos, vinculadas a universidades y deseosas de hacer proyectos. Una, la malagueña Nerea, celebraba ayer el hallazgo, por boca del arqueólogo Javier Noriega: «Es una intervención pionera: hasta ahora la Gran Armada estaba en el olvido arqueológicamente por la parte hispana. El trabajo de documentación de Sisiño González-Aller, (como el de Trafalgar, por cierto también olvidada por la arqueología), aguarda aún excavaciones. La actuación de Argos abre la puerta por fin al sentido común, trabajar proactivamente con los medios de la Armada, dispuestos a la mano de la arqueología. Un buen ejemplo de cooperación científica».

Por Abraham Coco de ABC.